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Viernes, 4 de abril de 2003

DESDE EL MALECON CON...

Largarse a lo terrorista de Cuba

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

En un plazo relativamente breve, así como marcado por un grado de violencia bastante convincente, ciudadanos cubanos se han valido de armas blancas, granadas falsas y auténticas pistolas rusas marca Makarov para secuestrar primero un avión DC-3, luego otra aeronave Antonov 24 y ahora, para colmos, una modesta embarcación de transporte de pasajeros entre dos puntos de la bahía capitalina.

Todo esto, prácticamente en una quincena. En los tres casos, con muchas personas a bordo para nada cómplices, que sólo pertendían llegar por aire desde la cercana Isla de la Juventud a ciudad de La Habana, o simplemente cruzar la bahía desde el poblado de Casablanca al muelle de La Habana Vieja.

En todos los episodios, bajo la amenaza de matar, volar el avión o lanzar a la mar a sus compatriotas si no eran satisfechas sus demandas. ¿El propósito? Llegar a La Florida (EEUU). O dicho de otra forma, largarse de Cuba a como diera lugar y costase lo que costase.

Al parecer, las autoridades cubanas tomaron muy en cuenta estas amenazas y optaron por cumplir con las demandas de los secuestradores para evitar pérdidas de vidas humanas. Aún así, y en el momento de redactar esta opinión, a 30 millas naúticas de la rada habanera, en aguas internacionales, permanecía al pairo, sin combustible, la lancha Baraguá con 50 personas a bordo, entre ellas unos ocho niños y una advertencia de los seudopiratas: si no se les dotaba de una mejor embarcación para continuar viaje, comenzarían a lanzar por la borda a los pasajeros.

Los gringos por su parte, en remembranza a Poncio Pilatos, lavándose las manos, y diciendo oficialmente que eso era asunto y responsabilidad de cubanos. Allí están con sus guardacostas a la espera del desenlace.

Desde que Fidel Castro asumió el poder en enero de 1959 una respetable cifra de cubanos (que pudiera rondar el millón) ha optado por emigrar por tantos motivos como cuentas tiene un collar, así como en las vías, formas y maneras de hacerlo.

En los últimos tiempos el flujo migratorio no legal se centra en un binomio bien armónico integrado por la crisis económica interna de Cuba y la denominada Ley de Ajuste Cubano, consistente en conceder residencia inmediata a todo cubano que ponga un pie en territorio estadounidense.

El caso de los dos aviones y la modesta lancha ocurren precisamente en instantes de serias dificultades económicas que algunos no están dispuestos a enfrentar y lo lamentable por demás es que se valgan de métodos criminales con peligro a la vida humana de los ajenos a sus intenciones.

Algún día habrá que detenerse muy seriamente en conocer la razón por la cual tanta gente piensa emigrar a las buenas o a las malas y quizás una de las respuestas pudiera encontrarse más en el terreno económico que en el político.

La economía cubana actual requiere de una reconsideración, de la búsqueda de nuevos métodos o maneras que logren un verdadero bienestar de las personas. Conocido es de toda una vida, que el cubano es una gente emprendedora, que trabaja y lo hace bien para buscar un resultado personal, familiar y hasta social.

Si en la Cuba de hoy un cirujano debe pedalear kilómetros y kilómetros para llegar al quirófano o un simple anciano, cuya pensión no le alcanza para comer, es multado por vender cucuruchos de maní, algo no funciona bien en el sistema. Grandes logros sociales incuestionables, pero algo falta. Las autoridades cubanas están a las puertas de un dilema que requiere rápida solución.

Estos son tres casos conocidos, públicos. Muy probablemente existan otros intentos de secuestros que lograron ser abortados y otros tantos más que se estén fraguando de manera personal y no en nombre de organización adversa al régimen, que dicho sea de paso tienen a sus dirigentes entrerrejas.

Como pocas veces, la ciudad se nota tensa. En boca de todos, la comidilla de las salidas a la fuerza, la cuestionada seguridad aeroportuaria o el propio cargo de Ministro del Interior.

Esta mañana una señora que le daba un aventón, me comentaba que había que poner mano dura, pero mi vecino opina todo lo contrario, que hay que "aflojar" un poco.

¿Podrán ambas "recetas" aplicarse al mismo tiempo?

CBB

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