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Viernes, 25 de abril de 2003
De Doha a Cancún Por
Alberto Miguel Arruti
Lo acordado en Doha ha quedado, poco más o menos, en nada. Solamente en buenas intenciones. La subida de aranceles por parte EEUU a un conjunto de productos siderúrgicos acabó con las recomendaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y los problemas siguen abiertos. Si EEUU no elimina ciertos subsidios a la exportación, la Unión Europea (UE) puede imponer sanciones comerciales por valor de 4.000 millones de dólares a la poderosa nación norteamericana. Por otra parte, la OMC ha establecido que las ayudas fiscales que EEUU otorga a muchas de sus grandes empresas, como Boeing, General Electric y Microsoft pueden ser consideradas como subsidios ilegales a la exportación. Y entretanto continúa el eterno problema del dumping. La UE acusa ahora a Egipto, Turquía y Eslovaquia de competencia desleal en determinados productos de acero, cuyas exportaciones funcionan a precios por debajo de coste, lo que causa perjuicios a la industria comunitaria. En diciembre de 2001, la Comisión Europea abrió una investigación sobre el precio de las exportaciones de aceros laminados en caliente a la UE, procedentes de estos países. Como resultado de esta investigación, se llegó a la conclusión de que se daban todos los requisitos para la adopción de medidas antidumping. Unesid, la patronal siderúrgica española, ha manifestado que "la justificación técnica para la imposición de medidas en este expediente es clara y meridiana, y se había establecido después de una investigación muy meticulosa y prolongada", por parte de la Comisión Europea. Además, Eurofer, la patronal siderúrgica europea, lo mismo que Unesid, ha puesto de manifiesto su agradecimiento a la Comisión Europea por "sus esfuerzos para intentar aliviar a la industria siderúrgica europea de los perjuicios que le ocasionan las importaciones desleales de algunos países terceros". Por si todas estas cuestiones fueran poco, la guerra de Irak ha servido para debilitar las relaciones de EEUU con la "vieja Europa", como le gusta decir al presidente Bush. En especial, las relaciones con Francia. Hasta el extremo de que el Senado estadounidense ha planteado la posibilidad de imponer sanciones a los productos franceses y alemanes. Se ha pedido que, en la futura reconstrucción de Irak, el sistema de telefonía móvil que se adopte sea un sistema estadounidense y no el francés GSM, que es el sistema con mayor implantación en el Próximo Oriente y en el resto del mundo. Todo ello está generando un clima de incertidumbre y de desconfianza. Según una consultoría, el 55% de los inversores americanos y el 67% de los europeos estiman que los problemas de entendimiento entre Europa y EEUU tendrán muy graves consecuencias en sus respectivas economías. Pero, a pesar de todo, la sangre no llegará al río, pues las empresas se encuentran cada vez más integradas por capitales de todos los países y sectores. El dinero viaja de un lugar a otro del planeta, según criterios de rentabilidad y no teniendo en cuenta para nada ideologías o aspiraciones políticas. Por eso, conviene esperar hasta el próximo otoño, cuando tendrá lugar la reunión ministerial de la OMC en Cancún (México). Entonces probablemente, los ánimos estarán más tranquilos.
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