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Viernes, 25 de abril de 2003

Cierto 'tufillo' a guerra sobre Cuba

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

"Por el momento, no", es lo que han dicho los amos del imperio y las autoridades cubanas se han encargado de rebotarlo. Después, vaya usted a saber qué harán sobre el rebelde e inconmovible enclave antillano al que muchos miran con asombro por los fusilamientos de los secuestradosres de la lancha y las kilométricas sanciones a los 75 disidentes.

En las intranquilas calles habaneras (a las que siempre habrá que tomar el pulso) la gente no piensa en que su ciudad sea bombardeada durante una relampagueante madrugada que la haga retroceder un siglo atrás, sino todo lo contrario. Lo que muchos tienen en sus cabezas es que se convierta en realidad la amenaza de prohibir las remesas y se convierta en imposible viajar a la isla para la parentela de Miamia. Una guerra peor, según los expertos callejeros.

Es gente pragmática, que desde que nació está oyendo la casi cincuentenaria historia de la agresión gringa. Un temor, o una posiblidad que, en uno de sus momentos estelares, nos obligó a todos, de una forma u otra, a convertirnos en mineros y perforar la ciudad con cientsos de túneles. Tantos que, paradójicamente, después fue imposible que hiciéramos el metro que iba a recorrer La Habana.

Pero, al paracer, había un gato gringo encerrado. Todo de golpe. El jefe de la Sección de Intereses de EEUU en la isla, en su desenfrenada carrera conspirativa; su oficina, o mejor su gobierno, se abstuvo de conceder las visas estipuladas en los acuerdos migratorios entre ambos países. Son 20.000 al año y en los meses que llevamos no han dado más que 600.

Con todo eso y con los adversarios internos de Castro haciendo de las suyas bajo el amparo de EEUU. La gente tomaba el vuelo Nueva Gerona (Isla de la Juventud) en dirección a la capital como trampolín para Miami.

Y así, como pocas veces en la historia, la isla de Cuba se vio muy cerca de una intervención de EEUU o, por lo menos, de un revuelo interno de grandes proporciones. Y, luego llegó la reacción, criticada por medio mundo, de fusilar y encarcelar. Lo ha dicho varias veces el Ministro de Relaciones Exteriores: "Estábamos en un callejón sin salida".

Pese al mensaje de tranquilidad del Gobierno, resultan incalculables las repercusiones que puede tener que el puto dólar no llegue a los hogares cubanos. La Habana dice que se trata de una exageración hablar de 1.000 millones de dólares anuales, pero algunos apartados de ese engranaje financiero aseguran que en su momento la cifra superó los 1.000 millones y se montó en 100.000 dólares más.

En realidad, nadie puede determinar lo que entra. Cada pasajero Miami-La Habana es un banco itinerante que con toda la facilidad del mundo puede ingresar más de 1.000 dólares no controlados. Y estamos hablando de casi una treintena de vuelos semanales.

Lo otro, lo que llega por la Western Union sí se sabe, pero no se dice. Y menos ahora que la la guerra en Irak casi se ha terminado. La anunciada defensa cuerpo a cuerpo que los medios oficiales pronosticaron junto aquel ministro de Información del Sadam terminó en una auténtica pandilla de ladrones que robaron hasta las momias de los museos. Sin descontar, obviamente, los llamados "trofeos de guerra" que se han embolsado las tropas agresoras angloestadounidenses.

Si viene o no la guerra nadie lo sabe. La estamos esperando hace decenas de años. Hay un evidente sentimiento antigringo en las calles habaneras, pero también descontento con medidas internas que no logran satisfacer el día a día.

El edificio del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias no suele estar iluminado por la noche. Es un síntoma de que no hay grandes preocupaciones. Habrá que esperar todavía. O eso dicen los que peinan canas y también los que perdieron el cabello en viejas e inolvidables guerras en el continente africano.

La suerte del país está afuera, pero también dentro.

CBB

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