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Viernes
16 de mayo de 2003
Los
retos del presidente menos votado de la historia de Argentina
Por
Michela Romani
Néstor
Kirchner es el nuevo presidente de Argentina. Por primera vez en
la historia democrática del país austral, un candidato llega a la
Jefatura del Estado con menos del 23% de los sufragios (22,24%).
Es decir que tendrá que ganarse la legitimidad a partir del próximo
25 de mayo.
La
victoria en la segunda vuelta del delfín de Eduardo Duhalde se daba
ya por hecha. Kirchner y su entorno contaban con arrasar en las
urnas, frente al ex presidente, Carlos Menem, el hombre que cerca
del 60% de los argentinos no votaría aunque fuera el único candidato.
Pero Menem, fiel a su estilo, prefirió abandonar antes que sufrir
su primera derrota electoral. Pese que esta deserción pueda representar
su “extremaunción” política.
Como
comentó un político latinoamericano a Americaeconomica.com,
la Constitución argentina tiene los defectos de la mayoría de las
Cartas Magnas latinoamericanas: regula el mundo que los legisladores
tenían en su mente, no el mundo real. La Ley Fundamental de Argentina,
que el mismo Menem contribuyó a crear importándola del modelo francés,
no tenía previstos planes
B ante la renuncia de uno de los dos candidatos al balotaje
(la segunda vuelta que se disputa cuando ninguno de los
candidatos alcanza la mayoría en los primeros comicios).
El
ex presidente se ha ido haciendo todo el daño que podía a su acérrimo
enemigo. Ha utilizado a Kirchner para golpear a Duhalde. Gracias
a las maniobras de Menem, el nuevo presidente se presenta ante la puerta de la Casa Rosada casi a escondidas.
Sabe que no podrá permitirse muchos errores.
Así
que, pese a los desmentidos oficiales del actual y futuro ministro
de Economía, Roberto Lavagna, la prensa austral especula con que
las primeras medidas que anunciará Kirchner el próximo domingo
tendrán el toque populista y paternalista que caracteriza al justicialismo
de izquierda. El de Duhalde y, evidentemente, el de su delfín.
Fuentes
del entorno de Kirchner han revelado al diario Página 12
que los primeros anuncios del nuevo mandatario comprenderán un plan
de obras públicas. El presidente y su ministro de Economía, que
el pasado jueves mantuvieron una reunión a la que no tuvo acceso
la prensa, estarían a punto de proclamar una serie de obras que
el Gobierno federal pondría en marcha con los recursos procedentes
del Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Lavagna
y Kirchner podrían también anunciar un aumento del salario mínimo,
actualmente en 200 pesos (70,4 dólares) hasta los 350 pesos (123,2
dólares). Una medida que evidenciaría el continuismo con la precedente
Administración: Duhalde autorizó un aumento mensual de 50 pesos
(17,2 dólares) del sueldo de los trabajadores del sector privado
cuando faltaban sólo dos semanas para la celebración de la primera
vuelta de los comicios.
También
se especula con que el todavía gobernador de Santa Cruz pretenda
rebajar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) que grava los productos
de primera necesidad. Actualmente, el IVA de estos bienes es del
21%, pero el nuevo presidente podría anunciar una rebaja hasta dejarlo
en el 10,5%. Si disminuye el valor real de la canasta básica, el
número de argentinos considerados indigentes (por no poder adquirir
los bienes básicos) también se reducirá.
Estas
podrían ser las medidas con las que Kirchner se presentará ante
el pueblo argentino. Pero hay otras cuestiones que el nuevo Gabinete
tiene que afrontar y que no puede postergar a su gusto, sobre todo
si quiere empezar con buen pie su relación con el Fondo Monetario
Internacional (FMI).
Cuando
los técnicos del FMI se fueron de Argentina, el pasado lunes, dejaron
a Lavagna la lista de deberes. El ministro, en su doble posición
de miembro del Gobierno y aspirante a mantenerse en el cargo en
la siguiente Administración, anunció que los detalles de las conversaciones
que mantuvo con los hombres del organismo multilateral se darían
a conocer después de la segunda vuelta.
Aún
así, nadie duda de que el FMI le haya pedido que la nueva Administración
se haga cargo rápidamente del problema de cómo compensar a los bancos
por la indexación asimétrica de los depósitos. Y de retomar las
conversaciones con los acreedores externos sobre la deuda declarada
en default.
Otros
de los temas calientes que el nuevo Gobierno tendrá que solucionar
es el aumento de la tarifas de los servicios públicos privatizados
en manos de empresas extranjeras. Se discute la posibilidad de que
el nuevo Ejecutivo prepare un proyecto de ley que otorgue al Gobierno
el poder de fijar estas tarifas.
No
son tareas fáciles. Muchas de ellas supondrán la contestación de
la opinión pública argentina. El ciudadano de a pie no agradecerá
a Kirchner la subida del recibo del teléfono, sólo por poner un
ejemplo. Y el presidente, además de no poder ostentar un abrumante
porcentaje en las urnas, tendrá que trabajar con el actual Congreso
hasta que se celebren nuevas elecciones legislativas.
Mientras,
los ex candidatos presidenciales se preparan para hacer oposición.
Ricardo López Murphy, líder del Movimiento Federal para Recrear
el Crecimiento, se hace fuerte gracias al 16,37% de los sufragios
que alcanzó el pasado 27 de abril para presentarse a sí mismo
como el legítimo representante de la oposición. López Murphy
ya ha anunciado que ninguno de sus hombres tendrá cargos en la nueva
Administración. El ex candidato derechista, salido de las filas
de la Unión Cívica Radical (UCR), ha asegurado que hará una oposición
responsable, porque el pueblo le ha otorgado esta función.
Adolfo
Rodríguez Saá, el otro peronista que aspiraba a la Presidencia a
la cabeza de la Alianza Frente Movimiento Popular y que el 27 de abril obtuvo el
14,11% de las preferencias, parece tener intención de sacar provecho del
atormentado proceso electoral del país. El ex gobernador de San Luis declaró que la
retirada de Menem fue consecuencia de unas elecciones que desde
el principio no fueron trasparentes y no garantizaron a todos los
participantes los mismos derechos.
Ante
esta situación, Kirchner pudo por lo menos disfrutar de algunos
mensajes de apoyo que procedieron de diferentes frentes. En primer
lugar, la Unión Industrial Argentina (UIA) ha emitido un comunicado
en el que declara su disponibilidad a reunirse pronto con el nuevo
mandatario para poner en marcha la colaboración necesaria para el
desarrollo del país. Juan Carls Sacco, presidente de la UIA, ha
recordado que su asociación ya mantuvo una reunión con Kirchner
durante la primera fase de la campaña electoral.
Desde
el exterior, el mensaje más significativo ha llegado desde Brasil.
El Gobierno de Lula da Silva nunca escondió su inclinación hacia
el candidato oficialista y, sobre todo, no se preocupó de esconder
el rechazo a la idea de que Carlos Menem volviera a presidir el
país austral.
Tras
la oficialización del retiro de Menem, los empresarios y exportadores
brasileños han expresado su satisfacción por la victoria del gobernador
de Santa Cruz, alegando que de ahora en adelante ambos países tendrán
una voz única en las negociaciones sobre el Área de Libre Comercio
de las Américas (ALCA).
Los
proyectos de Lula para fortalecer la integración del Mercosur y
de toda la región latinoamericana veían un obstáculo en Menem, considerado
uno de los mandatarios más pro-estadounidense de toda Latinoamérica.
Sin embargo, la victoria de Kirchner fortalece la perspectivas de
un eje de integración basado en el binomio Brasil-Argentina.
Desde
España, el país con el mayor número de inversiones en el país austral,
el ministro de Economía, Rodrigo Rato, ha saludado la victoria de
Kirchner subrayando la continuidad de su homólogo, Lavagna. Rato
reconoció tener muy poco conocimientos sobre el nuevo presidente
de Argentina. Sin embargo elogió la gestión de Lavagna para sacar
al país de la crisis y le reiteró la confianza del Gobierno español.
RGT PLT
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