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Viernes,
30 de mayo de 2003
Cuba: Lo que ha dejado el imperio
Aurelio
Pedroso
(La Habana)
Ahora
que el pulso interpresidencial Castro-Bush se ha tomado un reposo aparente,
bien vale hacer una aproximación a lo que nos ha dejado en el
habla cotidiana la influencia de este nuestro vecino norteño.
Ya se sabe que cuando salieron los españoles hace poco más de un siglo
y vinieron los norteamericanos una de las primeras órdenes militares fue
suspender las lidias de toros y gallos. La actividad taurina quedó truncada
de golpe y porrazo. En realidad no tenía gran acogida. No así el combate
entre gallos ya que todavía, clandestinamente, se celebran peleas en apartados
lugares de la campiña cubana con sus respectivas y suculentas apuestas.
Sin embargo, supieron introducir el "baseball" o béisbol,
como luego fue aceptado. Algunos locutores hacen su debido esfuerzo en
narrar los partidos con los términos castellanos o cubanos, que suena
mejor. Pero la gran mayoría de la gente los conoce y los menciona en inglés.
Existe tanto apego a ese deporte, que sus frases y palabras han trascendido
al día día de los cubanos. Estar en tres y dos (entre la segunda y tercera
base) es lo peor que nos puede suceder. Sea en el trabajo, en sociedad
o en el matrimonio. Y también se utiliza "safe" (quieto,
sano y salvo) que es signo extremo de prudencia, aconsejable para cualquier
contratiempo.
Influencias de la lengua inglesa-norteamericana existen por doquier y
en las más disímiles manifestaciones de la vida. En la manera de hablar
del ciudadano medio priman términos como ese tan socorrido "ok" (pronunciado “ocá”, eso sí) para significar
que todo marcha en orden. Así, es común escuchar aquello un tanto agridulce
de "ok, compañero".
En Cuba muchos viven en azoteas, pro ellos se ufanan en aclarar que residen
en un "penthouse". En sus viviendas existe "closed"
y "hall". Nunca armario empotrado o pasillo. Dispone, además,
propiedad de la abuela, no una nevera o refrigerador, sino un "Frigidaire",
marca muy popular en tiempos pasados.
Las fiestas de cumpleaños u otras celebraciones se hacen con un "cake"
y jamás con otro tipo de dulce como torta o tarta. Hasta hace poco tiempo,
cuando el Estado se ocupaba de entregar un "cake" por cartilla
de racionamiento a cada núcleo familiar por el Día de las Madres, la prensa
y todo el mundo lo denominaba de tal manera.
Por fortuna, vivimos muy apegados a nuestra lengua materna. Tanto, que
del ruso, en el que también se hizo su debida incursión, nada más quedan
esos nombres que en mal momento pusieron los padres a nuestros niños.
Por eso nos entendemos y también nos cuenta tanto trabajo descifrar lo
que a veces nos cuentan
nuestros parientes en Miami con esa jerigonza hispano-cubano-inglesa que
no hay Dios sobre la tierra que los pueda entender, aún habiendo abandonado
la
isla tan sólo un año atrás.
Y vaya con el teclado gringo, que carece de ñ y del signo de interrogación
de inicio para, de paso, preguntar: “Cómo va la isla?”. Pues bien. De
momento todo el mundo "safe", es decir quietos en casa.
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