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Viernes,
6 de junio de 2003
Cuba: "Meterle el pie"
Por
Aurelio pedroso
(La Habana)
Nació
hace meses, tal vez un año. De seguro no salió de una dependencia
de la Academia Cubana de la Lengua, así como tampoco del uso y
abuso de un buen orador, sino de unos de esos barrios superpoblados, con
débil suministro de agua, frecuentes cortes de luz y un grado de
hacinamiento habitacional donde por ley de espacio pueden pernoctar dos
personas y ahora lo hacen cuatro o cinco. Se trata de la frase, ya muy
extendida, de "meterle el pie", que no es lo mismo a "meter
la pata".
Presente está en la orden del día de la jerga callejera
y en ocasiones un tantito más arriba, en boca de, por ejemplo,
un funcionario municipal que le replicó a un miembro de la prensa
extranjera si lo que pretendía era "meterle el pie".
Menos mal que era una persona bien conocedora de los vaivenes del habla
por la calle porque si se hubiese tratado de un chino, japonés
o alemán de paso por la isla, el caso hubiese trascendido a la
casa cuna de la Lengua amén de otros sitios oficiales.
"Meter el pie, meterle el pie" es sinónimo de cierta
presión sobre el otro interlocutor para lograr algo. Una suerte
de "intercambio de favores", pero con alto contenido de presión.
Algo muy parecido a ejercer algo de fuerza, conminativo al chantaje. Si
tal gestión se demora, pues a "meterle el pie" para que
acabe de solucionarse el problema, la dificultad o el servicio que se
solicita.
En ocasiones el necesitado de algún servicio se ve impelido a hacerlo.
Le "mete el pie" al otro y a continuación aparece el
tema arreglado. Hoy por hoy parece ser la filosofía o método
a aplicar ante cualquier tropiezo del día a día. Algunos
se quejan ante otros de mayor experiencia y la respuesta-receta es el
por qué no le "metiste el pie".
"Meter la pata" es más añejo, prácticamente
homologado al arte del buen hablar. Es, ni más ni menos que equivocarse.
Para los que le suena "feo" y animal el término "pata",
lo socorrido es decir que "metió el delicado".
Y viva usted convencido, fraterno lector, que los hay en Cuba que "meten
el pie" y luego "meten la pata". Son los que al final de
la historia tendrán que intentar caminar con, paradójicamente,
la lengua.
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