Semanario de información económica y financiera
   

Viernes, 13 de junio de 2003

 

20 Días de Kirchner: volvió el optimismo

Por Antonio Gutelli
(Buenos aires)

 

Ni los medios masivos de comunicación, ni la opinión de los analistas políticos más respetados, pudieron imaginar el "clima" esperanzador que inundaría toda la geografía nacional desde la asunción de Néstor Kirchner el 25 de Mayo, fecha paradigmática en la construcción de la nación. El grito sublime: libertad.

El pueblo está confiado, cautivado, con el nuevo Presidente.

Aquello de "escoba nueva barre bien" tiene una fuerza y una capacidad de contagio positivo, que supera largamente los análisis más serenos y desapasionados.

Magia, mito, símbolo, además de dioses. Está todo convocado. Fantasía desatada: ¡también!.

Hay casi una aceptación unánime: sin querer algunos y queriendo otros tenemos un Presidente que ni nosotros sabíamos que queríamos.

Muchos amigos de distintos países del mundo con los que tengo contacto me saludaban con augurios de buena suerte para el 27 de abril y para el 18 de mayo (segunda vuelta), no sólo para el ejercicio ciudadano de votar, sino en mi persona, a todos los argentinos. ¡Suerte para el domingo!, me decían. Como señalando: "¡quiera Dios que no se equivoquen, que voten bien, que esta vez acierten!".

La esperanza es el signo de estos tiempos en Argentina. Hay un deseo colectivo por una Argentina mejor que supera todas las calamidades.

¿Cuánto durará?; se empeñarán en preguntarse los espíritus más analíticos. Difícil respuesta. Sin embargo, nadie, aunque se lo propusiera podría entrometerse con malos augurios en esta etapa. Ya sólo con incluir este párrafo en mis comentarios me quita del humor mayoritario y me coloca como "buscaroña", "buscapleitos" o "pesimista".

El optimismo que Kirchner genera supera holgadamente el 80% con respuestas afirmativas de los consultados, según revelan los encuestadores serios. Como dato referencial "Lula" el Presidente del Brasil nunca alcanzó una cifra tan alta de expectativa positiva.

¡Hay unas ganas de creer!. Hay unas ganas de encontrar alguien como cualquiera de nosotros que pueda hacer las cosas que la gran mayoría le pide a un gobernante.
"Parece que esta vez embocamos, acertamos", se dicen los ciudadanos.

Algunas decisiones del Presidente han consolidado esta expectativa mayoritaria "por el cambio".

El discurso de asunción en el Congreso de la Nación fue impecable. Pleno de definiciones sustanciosas, en las que perfiló su accionar futuro. Firme, convincente, con autoridad, desacartonado, llano, humano, rompiendo las reglas y circunspecciones del protocolo. Una pequeña herida en la frente al tropezar con la cámara de un periodista, lo mostró con un pequeño apósito al tomar el juramento, el mismo 25 de mayo, a sus ministros y jerarquías más importantes. Un tropezón no es caída. "¡Oh!, le pasan cosas, como a mí".

El Kirchner del 25 de mayo era un hombre común, que asumía con humildad una función tremenda, en un país atribulado y sufriente. No podía reírse ampulosamente como un loco, como un "sacado", pero tenía que estar moderada y aún razonablemente feliz, porque no cualquiera tiene la posibilidad de ser presidente y consecuentemente darnos alguna vez grandes alegrones a los ciudadanos, luego de tanta lágrima.

Quizá el lector se aburra un poco de estas apreciaciones, pero les aseguro que es muy particular el clima pro-positivo que embriaga y arroba los días que corren.

Hay una nota de la periodista del diario de centro-izquierda Página 12, Sandra Russo, del 9 de junio que escribe la contratapa titulada: "¿Y esto?". Comienza así: "Desde hace una semana no hago más que toparme con gente aterrorizada con la posibilidad de ser confundida con oficialistas. Es más, conozco varios que tiemblan porque de lo que tienen miedo es de convertirse en oficialistas, lo cual ya sería el colmo. "No estaba preparado para esto", me dice un amigo periodista por teléfono. "Es tremendo", agrega. "Tantos años de pensamiento crítico y ahora me exprimo el cerebro y no me sale criticar nada", sigue. "No puede ser", lo consuelo. "Vas a ver que van a pisar el palito", lo aliento. "Eso espero", dice él. "Si no, ¿de qué voy a vivir? ¿De qué me voy a disfrazar?. ¿De simpático?", continúa. "Algo anda mal: todo va bien", concluye.

Las fortalezas del débil. En la asunción de Kirchner estuvieron: el presidente del Brasil, Luis Inacio Lula da Silva; el presidente de Chile, dr. Ricardo Lagos; el presidente de Venezuela, Hugo Chávez y el primer ministro de Cuba, Fidel Castro.

Estas cuatro rutilantes figuras descollaron por sobre el resto de los dignatarios y aportaron un cuota altísima de credibilidad para el nuevo presidente. Ni que decir sobre el discurso de Fidel Castro desde la escalinata de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, ante unos 6.000 jóvenes, a la intemperie, de noche, con un frío terrible y prácticamente en cadena para todo el país. Con sapiencia y conociendo a fondo el diálogo del líder con la masa, con delicadeza y esmero, dijo en el tramo final del discurso de casi tres horas: "Les puedo añadir que vemos en América Latina un movimiento de avance que se produce. Si me preguntara alguien por qué sentí gran satisfacción y júbilo cuando llegaron las noticias de un resultado electoral en nuestra queridísima Argentina (aplausos y exclamaciones), fíjense, hay una razón muy grande: lo peor del capitalismo salvaje, como diría Chávez; lo peor de la globalización neoliberal es que el símbolo por excelencia..... (en una clara alusión a la Argentina, agrego yo). Y no menciono nombre, nadie puede quejarse, a no ser que alguien se sienta símbolo de lo que digo. Mi opinión es que una de las cosas extraordinarias es que el símbolo de la globalización neoliberal ha recibido un colosal golpe (aplausos y exclamaciones). Ustedes no saben el servicio que le han prestado a América Latina; ustedes no saben el servicio que le han prestado al mundo al hundir en la fosa del Pacífico, no sé cómo se llama ahora, que tiene más de 8.000 metros de profundidad, el símbolo de la globalización neoliberal".

Si Fidel apoya a Kirchner, ¿quien del centro izquierda de la Argentina podrá sustraerse de apoyar inicialmente a Kirchner?. El sociólogo y analista político Manuel Mora y Araujo decía en la ciudad de Mendoza (Diario Los Andes- 8/6/03) en una entrevista reciente que: "una musiquita de retórica de izquierda no molesta. La sociedad está cansada de la musiquita de derecha de tantos años, aquí y en todo el continente."

Sin ballotage. Al no haber segunda vuelta el 18 de mayo y a pesar de que las encuestas lo daban ganador por el 70% de los votos y más, Kirchner creyó necesario salir con toda la fuerza a plantear la resolución de las grandes cuestiones pendientes y obviamente las urgencias. Atacar lo urgente y lo importante al mismo tiempo reclama de una enorme capacidad de gestión, acción, trabajo y permanente dedicación. Ya nombró todo su gabinete. Sólo quedan unos pocos cargos sin cubrir de terceras y cuartas líneas en el Ejecutivo nacional.

En una sucesión vertiginosa de acontecimientos. Descabezó las cúpulas militares y generó una nueva conducción en las Fuerzas Armadas. Resolvió un conflicto docente que había demorado el inicio de clases en la provincia de Entre Ríos. (Los niños habían perdido más de dos meses de clases). Resolvió otra deuda pendiente de salarios y retenciones docentes de San Juan que convulsionaba la provincia desde comienzos del año 2002.

Por las claras arremetió contra la Corte Suprema de Justicia de la nación y pidió la renuncia a sus miembros. Recibió a Colín Powell, quien transmitió un fuerte respaldo de Washington. Kirchner reafirmó la postura negociadora de Argentina con referencia a los condicionamientos que plantea el FMI y la necesidad de reestructurar la deuda externa argentina a largo plazo, que permita pagar sin desbastar a la población. Agregó: "ya que nos quieren tanto es hora de que nos acaricien un poco". Powell por su parte apoyó la acción del presidente en contra de la Corte.

El domingo 8 de junio se realizaron las primeras elecciones para gobernador en lo que va de la era Kirchner en la importantísima provincia de Córdoba. El ganador, dr. José Manuel De la Sota del Partido Justicialista, obtuvo más del 50% de los votos en una provincia tradicionalmente opositora al Justicialismo y con una gran historia radical (UCR, los radicales Argentinos son liberales).

Kirchner también recibió a los piqueteros, a los dialoguistas y a los más contestatarios. Viajó a Formosa y consolidó la posición del gobernador, dr. Gildo Insfran, al resolver viejas deudas pendientes de pago por parte de la nación. Viaja a Brasil, donde seguramente consolidará con "Lula" un acuerdo estratégico para fortalecer el Mercosur y desde allí intentar armonizar intereses con el ALCA. Los fines de semana descansó en su provincia natal, Santa Cruz, con su familia. No hay farándula ni chabacanería en su entorno. Sólo trabajo y más trabajo y con buen ánimo.
¿Qué más se puede pedir, por el momento?

Algunos analistas políticos cuestionan esta excesiva euforia porque puede hacer perder la visión crítica. Otros condenan una suerte de sobreactuación del presidente, ociosa e innecesaria. Como por ejemplo el enfrentamiento personalizado con el presidente de la Corte de Justicia, Julio Nazareno, y con el tema del relevo en las Fuerzas Armadas.
Hay una ostensible demostración presidencial de autoridad para diferenciarse.
¿Cuál es el límite entre la autoridad presidencial y "un riesgo muy fuerte de hegemonía", como le indicó la ex-candidata a presidente Elisa Carrió en los diarios del día 8 de junio? Pegar fuerte para después tener margen de retroceso, es jugar al límite. Con buena imagen y una oposición desorientada es posible construir poder político mientras la opinión pública lo respalde y no me estoy refiriendo en exclusivo a los medios masivos de comunicación.

¿Alguien absolutamente normal pone las cosas en su lugar?
La gente lo acompañará mientras dure el compromiso con la decencia y haga honor a la promesa de seguir siendo un hombre común que aborrece los privilegios. ¿Quizá logre que se vayan los que se tenían que ir? ¿Habrá llegado el cambio?

Me conformo con mejorar para cambiar. Asombrarse es también asomarse a lo nuevo. Es no resignarse. "¡Vaya!.¡Es buen comienzo!".

 

Envíe sus comentarios

   

Edita Asesores de Publicaciones S.L.