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Viernes, 13 de junio de 2003
20 Días de Kirchner: volvió el optimismo Por
Antonio Gutelli
Ni
los medios masivos de comunicación, ni la opinión de los
analistas políticos más respetados, pudieron imaginar el
"clima" esperanzador que inundaría toda la geografía
nacional desde la asunción de Néstor Kirchner el 25 de Mayo,
fecha paradigmática en la construcción de la nación.
El grito sublime: libertad. La esperanza es el signo de estos tiempos en Argentina. Hay un deseo colectivo por una Argentina mejor que supera todas las calamidades. ¿Cuánto
durará?; se empeñarán en preguntarse los espíritus
más analíticos. Difícil respuesta. Sin embargo, nadie,
aunque se lo propusiera podría entrometerse con malos augurios
en esta etapa. Ya sólo con incluir este párrafo en mis comentarios
me quita del humor mayoritario y me coloca como "buscaroña",
"buscapleitos" o "pesimista". Algunas decisiones del Presidente han consolidado esta expectativa mayoritaria "por el cambio". El discurso de asunción en el Congreso de la Nación fue impecable. Pleno de definiciones sustanciosas, en las que perfiló su accionar futuro. Firme, convincente, con autoridad, desacartonado, llano, humano, rompiendo las reglas y circunspecciones del protocolo. Una pequeña herida en la frente al tropezar con la cámara de un periodista, lo mostró con un pequeño apósito al tomar el juramento, el mismo 25 de mayo, a sus ministros y jerarquías más importantes. Un tropezón no es caída. "¡Oh!, le pasan cosas, como a mí". El Kirchner del 25 de mayo era un hombre común, que asumía con humildad una función tremenda, en un país atribulado y sufriente. No podía reírse ampulosamente como un loco, como un "sacado", pero tenía que estar moderada y aún razonablemente feliz, porque no cualquiera tiene la posibilidad de ser presidente y consecuentemente darnos alguna vez grandes alegrones a los ciudadanos, luego de tanta lágrima. Quizá el lector se aburra un poco de estas apreciaciones, pero les aseguro que es muy particular el clima pro-positivo que embriaga y arroba los días que corren. Hay una nota de la periodista del diario de centro-izquierda Página 12, Sandra Russo, del 9 de junio que escribe la contratapa titulada: "¿Y esto?". Comienza así: "Desde hace una semana no hago más que toparme con gente aterrorizada con la posibilidad de ser confundida con oficialistas. Es más, conozco varios que tiemblan porque de lo que tienen miedo es de convertirse en oficialistas, lo cual ya sería el colmo. "No estaba preparado para esto", me dice un amigo periodista por teléfono. "Es tremendo", agrega. "Tantos años de pensamiento crítico y ahora me exprimo el cerebro y no me sale criticar nada", sigue. "No puede ser", lo consuelo. "Vas a ver que van a pisar el palito", lo aliento. "Eso espero", dice él. "Si no, ¿de qué voy a vivir? ¿De qué me voy a disfrazar?. ¿De simpático?", continúa. "Algo anda mal: todo va bien", concluye. Las
fortalezas del débil. En la asunción de Kirchner estuvieron:
el presidente del Brasil, Luis Inacio Lula da Silva; el presidente de
Chile, dr. Ricardo Lagos; el presidente de Venezuela, Hugo Chávez
y el primer ministro de Cuba, Fidel Castro. Sin
ballotage. Al no haber segunda vuelta el 18 de mayo y a pesar de que las
encuestas lo daban ganador por el 70% de los votos y más, Kirchner
creyó necesario salir con toda la fuerza a plantear la resolución
de las grandes cuestiones pendientes y obviamente las urgencias. Atacar
lo urgente y lo importante al mismo tiempo reclama de una enorme capacidad
de gestión, acción, trabajo y permanente dedicación.
Ya nombró todo su gabinete. Sólo quedan unos pocos cargos
sin cubrir de terceras y cuartas líneas en el Ejecutivo nacional. Por las claras arremetió contra la Corte Suprema de Justicia de la nación y pidió la renuncia a sus miembros. Recibió a Colín Powell, quien transmitió un fuerte respaldo de Washington. Kirchner reafirmó la postura negociadora de Argentina con referencia a los condicionamientos que plantea el FMI y la necesidad de reestructurar la deuda externa argentina a largo plazo, que permita pagar sin desbastar a la población. Agregó: "ya que nos quieren tanto es hora de que nos acaricien un poco". Powell por su parte apoyó la acción del presidente en contra de la Corte. El domingo 8 de junio se realizaron las primeras elecciones para gobernador en lo que va de la era Kirchner en la importantísima provincia de Córdoba. El ganador, dr. José Manuel De la Sota del Partido Justicialista, obtuvo más del 50% de los votos en una provincia tradicionalmente opositora al Justicialismo y con una gran historia radical (UCR, los radicales Argentinos son liberales). Kirchner
también recibió a los piqueteros, a los dialoguistas y a
los más contestatarios. Viajó a Formosa y consolidó
la posición del gobernador, dr. Gildo Insfran, al resolver viejas
deudas pendientes de pago por parte de la nación. Viaja a Brasil,
donde seguramente consolidará con "Lula" un acuerdo estratégico
para fortalecer el Mercosur y desde allí intentar armonizar intereses
con el ALCA. Los fines de semana descansó en su provincia natal,
Santa Cruz, con su familia. No hay farándula ni chabacanería
en su entorno. Sólo trabajo y más trabajo y con buen ánimo. Algunos
analistas políticos cuestionan esta excesiva euforia porque puede
hacer perder la visión crítica. Otros condenan una suerte
de sobreactuación del presidente, ociosa e innecesaria. Como por
ejemplo el enfrentamiento personalizado con el presidente de la Corte
de Justicia, Julio Nazareno, y con el tema del relevo en las Fuerzas Armadas. ¿Alguien
absolutamente normal pone las cosas en su lugar?
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