Semanario
de información económica y financiera
   

Viernes 20 de junio de 2003

 

Reivindicaciones laborales de los metalúrgicos

Los antiguos compañeros de Lula dificultan su labor como presidente de Brasil

 

Por José María G. Langa

Los que fueran compañeros de Lula durante su época de sindicalista en las fábricas automovilísticas de Sao Paulo complican al hoy mandatario brasileño su gestión al frente del país.

La producción de vehículos ha sido tradicionalmente una de las fuentes de generación de empleo y de riqueza más importantes de Brasil. Las plantas de montaje de General Motors, Ford o Volkswagen en Brasil son mundialmente famosas y suministran automóviles al mercado internacional desde hace décadas.

Actualmente la producción de vehículos en el total del país es bastante alentadora. El pasado mes de mayo batió récord. Llegó a las 124.000 unidades.

A pesar de estas buenas noticias, una de las zonas que más tradición ha tenido en la fabricación de automóviles, Sao Paulo, sufre una de las más crueles desindustrializaciones que se recuerdan en el país sudamericano. Por ejemplo, si en 1990 la fábrica de Volkswagen en Sao Bernardo do Campo tenía una plantilla de 40.000 trabajadores, el pasado mes de mayo, cuando la empresa cumplía 50 años de presencia en Brasil, el número de empleados era de 13.000.

La paulatina descentralización de la producción llevada a cabo en los años noventa ha convertido al antiguo parque industrial de la ciudad en un lugar desolador y en un auténtico problema para Lula, quien conoce al dedillo esos problemas. No en vano, el mandatario brasileño fue líder sindical y trabajó en la fábrica de Sao Bernardo do Campo en los años setenta y ochenta.

Es precisamente por estos antecedentes por los que las reivindicaciones constantes de los metalúrgicos son especialmente sensibles para Lula y pueden significar un obstáculo a las reformas económicas que desea implantar.

Los que fueran compañeros de Lula protagonizaron en marzo la primera huelga de magnitud desde que el jefe del Partido de los Trabahaldores (PT) tomase posesión de su cargo el 1 de enero de 2003.

Los metalúrgicos pedían aumentos salariales en función de la inflación y la final lo consiguieron. Desde entonces no han parado de realizar huelgas y manifestaciones en busca de otras mejoras salariales, que para algunos empresarios son "peligrosas para el sector".

El pasado día 12 de junio, tras una reunión con dirigentes sindicales, uno de los patronos presentes en la reunión, Miguel Rodríguez, afirmaba a la prensa: "Espero que los sindicatos no esperen de nosotros un compromiso total de que no va a haber despidos. Nada puede controlar la desesperación de los empresarios".

Los gremios metalúrgicos son los más poderosos en el país. La Central Única dos Trabalhadores (CUT), tiene 8 millones de empleados. Una de sus características más llamativas es que fue fundada, entre otros, por el propio Lula da Silva en 1983. El otro gran sindicato del automóvil es Força Sindical, en cuya dirección se encuentra el carismático líder Paulo Pereira "Paulinho".

La presión de la CUT y de Força Sindical es básica para entender el sorpresivo descenso de los tipos de interés fijado este jueves por el Banco Central.

El organismo financiero reducía los tipos en medio punto porcentual, hasta el 26%. Durante los últimos días los sindicatos metalñurgicos habían protagonizado marchas de protesta contra el Ministerio de Hacienda.

Según ellos los altos tipos de interés están provocando una reducción de las ventas de coches en el mercado interno y por lo tanto están impidiendo que los empresarios cumplan sus obligaciones salariales con sus empleados.

A pesar de ser uno de los problemas que más tocan la sensibilidad de Lula, las reivindicaciones de los metalúrgicos y la crisis automovilística en Sao Paulo no es el único problema que tiene el mandatario.

El descontrol en la distribución de los combustibles, el creciente descontento de los empleados de Varig por la fusión con TAM, o la falta de rigor a la hora de fijar las tarifas eléctricas, son algunos de los asuntos pendientes para los asesores económicos de Brasilia. Sin duda el asunto de la gestión energética es otro de los graves problemas organizativos del país.

La gestión de la electricidad la llevan a cabo la Agencia Nacional de Petróleo (ANP) y la Agencia Nacional de la Energía Eléctrica (Aneel). Ambas han sido criticadas recientemente por el Tribunal de Cuenta de la Unión (TCU) "por no atender a una política de expansión del sector eléctrico" y "sólo resolver cuestiones puntuales".

Para este tribunal sería necesario que el Conselho Nacional de Política Energética (CNPE) tuviese un papel más activo a la hora de definir la política energética. Según el TCU tanto la Aneel como la ANP no realizan con rigor las licitaciones a empresas privadas y "no realizan con transparencia los procesos de revisión tarifaria".

Precisamente sobre este asunto se pronunciaban el pasado día 18 de junio diversos portavoces de AES Electropaulo tras conocer que la Aneel no aceptaba un aumento del 34,4% en sus tarifas. Los representantes de la empresa eléctrica, defienden este importante ajuste de precios alegando que Electropaulo, tiene unas pérdidas calculadas de 428,3 millones de dólares (366,4 millones de euros).

Sin embargo la Aneel sólo reconoce unas pérdidas de apenas 8,56 millones de dólares (7,32 millones de euros). Por si fuera poco este comportamiento de la Aneel denota irregularidades si se compara con el trato otorgado a otras compañías eléctricas del país como la Companhia Força e Luz Cataguazes & Leopoldina, de Minas Gerais, o la Companhia de Eletricidade de Nova Friburgo (CENF).

A las once compañías que ya se han sometido a la revisión tarifaria se les ha aplicado un aumento medio de loas precios para el consumidor de un 30%, mientras que para Electropaulo el incremento estimado por la Agencia está sólo en un 9,62%.

Sin duda la fusión de Varig con TAM es otro de los grandes problemas que afronta Lula. Desde que se anunció la posible fusión de ambas compañías las críticas no han cesado y se suceden los malos vaticinios sobre el resultado de fusionar ambas aerolíneas. Varig tiene una fuerte crisis económica y está al borde de la quiebra.

Por el contrario TAM tiene una patrimonio líquido positivo. Los empleados de Varig consideran que la fusión entre ambas compañías beneficia a TAM. En su opinión, dado el mejor estado económico de TAM, la "fusión" sería más bien una "absorción" de Varig.

Su descontento se puso de manifiesto el pasado 9 de junio, cuando miles de trabajadores de Varig rodearon la sede de la Federaçao das Industrias do Rio de Janeiro (Firjan) donde se encontraba el jefe de la Casa Civil, algo así como el jefe de Gobierno, José Dirceu. Tras varias horas en las que impidieron su salida del edificio, Dirceu pudo escapar por una puerta de servicio.

Sin embargo eso no es todo, los pilotos de Varig han denunciado recientemente que se han visto sometidos a presiones por parte del Gobierno para aceptar el acuerdo con TAM. El vicepresidente de la Associaçao de Pilotos da Varig (Apvar), Márcio Marsillac, afirmaba en declaraciones a la prensa que los pilotos no están en contra de la fusión, pero consideran "inaceptable" la presión del gobierno y de las empresas estatales para que el acuerdo sea un logro".

En definitiva, tanto la crisis de Varig, la de los metalúrgicos de Sao Paulo, o los problemas en la gestión de la energía, son los principales problemas empresario-laborales que tiene Lula en la actualidad. A pesar de que las reivindicaciones de los metalúrgicos son especialmente sensibles para el presidente de Brasil, es de esperar que su corazón no sea el que ponga en peligro la reforma economico-financiera que necesita el país.

 

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