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Viernes
20 de junio de 2003
El
ejercicio 2003 ha traido estabilidad al mercado cambiario
Latinoamérica
deja por fin atrás el riesgo divisa
Por
Manuel L. Torrents
Si
2002 fue el año de las depreciaciones espectaculares de las grandes
divisas latinoamericanas, los esfuerzos realizados por Argentina,
Brasil y México, así como su estabilidad política han facilitado
calma a los mercados cambiarios.
El
pasado ejercicio estuvo protagonizado por los declives brutales
de las principales divisas latinoamericanas. El impago de la deuda
argentina y la incertidumbre política en Brasil penalizaron al peso
y al real hasta sus mínimos históricos. Un declive que llevó a ambas
divisas por encima de las 3 unidades por dólar. Hay que recordar
que el peso argentino llegaba de la paridad con la divisa norteamericana.
Algo
después, ocurrió lo propio con el peso mexicano, por la recurrente
inestabilidad política. Pero todo eso ha cambiado. Argentina cuenta
con un ejecutivo aparentemente sólido y comienza su andadura desde
cero, después de que lo peor haya tenido lugar ya. Mientras tanto,
los mercados poco a poco han valorado de manera positiva el talante
reformista sin estridencias del presidente brasileño Lula da Silva.
Y en México las aguas han vuelto a su cauce. Todo ello, unido a
la debilidad del dólar, ha aportado firmes avances a las tres monedas.
El
peso mexicano está casi en el mismo precio que fijaba a principios
de año, pero ha ganado terreno desde los mínimos históricos que
fijó en marzo, cuando superó las 11 unidades por dólar.
Los
expertos coinciden en señalar que los riesgos monetarios han sido
superados por el momento en la zona. La estabilidad está siendo
la tónica en los últimos meses y si cristalizan los ajustes que
tienen lugar durante el año, 2004 puede ser un ejercicio favorable,
opinan.
De
momento, la encuesta de gestores de fondos de inversión realizada
por Merrill Lynch y Gallup es sintomática. Más del 40% de los expertos
consultados no encuentra valor en el euro o el dólar, pero por el
contrario, las opciones más rentables se encuentran en las divisas
de mercados emergentes en su opinión. Si las reformas emprendidas
cristalizan mínimamente, las divisas latinoamericanas lo harán a
la par. No en vano, EEUU apuesta en la actualidad por un dólar débil,
además.
El
bolívar venezolano fue suspendido en los mercados cambiarios organizados
a finales de febrero, tras la huelga general. La moneda se había
apreciado artificialmente desde los mínimos históricos de 1.900
unidades por dólar hasta los 1.596 en que descansa ‘congelada’.
Brasil,
sin embargp. está haciendo los deberes y el mercado de renta fija
hace tiempo que se lo ha premiado. La prima de riesgo con la deuda
norteamericana se elevó en 2002 a 2.400 puntos básicos y respecto
el EMBI (Emerging Markets Bond Index, un índice de bonos emergentes
elaborado por JP Morgan, que sirve como referencia a muchos gestores
de fondos) a 1.400.
Todo
ello con la suspensión de pagos argentina como peligroso precedente.
Pero en 2003 las cosas han cambiado sustancialmente. El diferencial
carioca está claramente por debajo de los 1.000 puntos básicos,
una cota que aleja el riesgo de impago, una posibilidad contra la
que Lula da Silva lucha con todas sus fuerzas.
El
repliegue de los tipos de los bonos brasileños ha permitido formalizar
nuevas emisiones con un cupón mucho más bajo, para refinanciar la
enorme deuda externa. Han sido sólo unos primeros pasos, pero los
inversores los han recibido muy bien.
La
otra gran noticia del año ha sido la amortización adelantada de
bonos Brady de México, que vencían en 2019. Estos bonos fueron emitidos
por Estados Unidos a comienzos de 1990. México fue el primer país
latinoamericano en utilizarlos.
Los
Bonos Brady, que llevan el nombre del ex secretario del Tesoro estadounidense,
tuvieron como misión en la década pasada el reestructurar los pagos
de la deuda externa de los países en desarrollo. México les ha dicho
adiós, tras amortizar deuda por más de 34.000 millones de dólares.
Una medida muy saludable, en pleno estancamiento económico de las
grandes economías.
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