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Viernes, 27 de junio de 2003
Hubert Matos, uno de los líderes de la Revolución cubana, estuvo 20 años preso "Castro ha enseñado a los cubanos a mentir, a prostituirse y ha acabado con la economía del país" (I) El que fuera el número tres de la Revolución cubana fue invitado en Madrid por la Asociación de Periodistas Europeos (APE), para presentar su libro: "Cómo llegó la noche"*, en el que relata su participación y liderazgo en la Revolución cubana y su encarcelamiento durante 20 años por no estar de acuerdo con el rumbo que siguió Fidel Castro una vez en el poder. Esta es la primera parte de las dos en que está dividida la entrevista con este hombre, de 83 años, que derrocha dignidad, elegancia, inteligencia y a la vez sencillez, sensibilidad y humanidad. Incomprensiblemente, no demuestra odio hacia Castro (quien le acusó injustamente de traición y sedición además de condenarlo a prisión) pero sí se emociona, y se le llenan los ojos de lágrimas, cuando habla de la tragedia que vive su amado país: Cuba. Por Miguel Humanes -
¿Cuál es su objetivo con este libro? -
Que se conozca bien la verdad histórica sobre el proceso cubano y la verdad
sobre mi prisión y mi proceso. Pero más que una motivación de tipo personal,
por las calumnias que Castro echó sobre mi persona, me mueve (y me duele)
mucho más el drama de mi país, la desgracia que Cuba ha asumido, y está
asumiendo todavía, y la gran traición que Castro hizo en todo esto que
llamamos la Revolución cubana. Porque la Revolución se hizo fundamentalmente
para restablecer el sistema democrático, para acabar con una dictadura
y darle al pueblo posibilidades de que se realizara, con instituciones
libres, dentro de lo que es el Estado de Derecho. Y resulta que Castro
ha impuesto una dictadura que es mucho más degradante y de consecuencias
más perjudiciales, en toda la extensión de la palabra, que la de Batista.
Entregó el país a la Unión Soviética (URSS), impuso un sistema totalitario,
enseñó a los cubanos a mentir, a prostituirse y a muchísimas cosas humillantes,
acabó con la economía del país y después traicionó a toda la gente buena
que asumió el proceso revolucionario. Yo, como jefe guerrillero, primero
como capitán de guerrilla, luego como jefe de columna (y como comandante),
llevé conmigo al combate a infelices muchachos que eran idealistas y murieron
creyendo que iban a propiciar la liberación cubana. Y resulta que lo que
propiciamos fue el establecimiento de un sistema totalitario, que conocíamos
a distancia, por los libros, por las cosas que hablaban de la URSS, de
los países socialistas, pero nunca pensamos que también lo padeceríamos
en carne propia los cubanos. - Profesor, ¿cómo fue exactamente su desencuentro con Castro? Parece exagerada un pena de 20 años por... desavenencias ideológicas. ¿Cómo reaccionó él cuando usted le dijo que renunciaba porque no le gustaban los derroteros por los que se encaminaba la Revolución? - Voy a empezar por lo último. Para Castro, los que le acompañan son instrumentos para sus planes. Y su primer plan es la satisfacción del ego. Cuando alguien ya no le es útil, cuando ya le sacó el jugo, ese es su peor enemigo. Se ensaña con él y lo denuncia como el ser humano más despreciable, como hizo conmigo. Con Camilo Cienfuegos (1) no tuvo oportunidad de denunciarle porque no fue necesario, porque además fue una traición de Castro directamente a Camilo, de él y de su hermano Raúl Castro, que lo que hicieron fue desaparecerlo, no se sabe en qué condiciones, pero lo desaparecieron. Así que para Castro, la gente que le acompaña es muy útil y valiosa en la medida en que encaja en la realización de sus planes, pero son elementos despreciables y de la peor calidad humana cuando ya no le sirven. Ese fue el caso mío. Vamos con el desencuentro con Castro. Pero antes quiero decir una cosa: Yo nunca imaginé que a mí me iban a torturar. Está bien que (Castro) me acusara de cuantas cosas quisiera, lo hacía para calumniarme para poder justificar la condena. Pero después que estoy preso, que soy una pobre víctima en sus manos, que me rompan huesos, que me arranquen tendones y esos horrores... ¿sabe?, yo no entendí eso, ni entiendo hoy todavía por qué hace eso. El
desencuentro. Castro, sin lugar a dudas, pensaba desde allá, desde la
sierra (con anterioridad al triunfo de la Revolución en enero de 1959),
quedarse en el poder, pero lo escondía. Lo escondía presentándose como
un demócrata. Ví algunas actitudes despóticas de él tratando a su gente
que me alarmaron... - ¿Es cierto que Castro humillaba a sus oficiales? - Sí, sí, sí. (Y el libertador de Santiago de Cuba prosigue con lo que vio en Sierra Maestra y no le gustó): Ví las cosas de la marihuana (2), su sociedad con los que llevaban y traían la marihuana y también me alarmó, pero en realidad cuando ya llegamos al poder, lo ví en un coqueteo con los comunistas utilizando a Guevara (el Ché) y a Raúl (Castro, hermano de Fidel). Guevara sabíamos que más o menos tenía algo de marxista, pero él siempre decía: “Yo nos soy comunista, los comunistas son un lastre en este proceso. No nos hacen falta, no nos han hecho falta, ni nos harán falta”. Castro fue encubriendo todo esa complicidad con los comunistas atribuyéndosela a Guevara y a su hermano Raúl y decía: “Tampoco podemos eliminar a los comunistas que no participen ahora en la Revolución porque son elementos útiles, pero lo que no se puede es darles una participación en el control del poder. Que se integren en el proceso, pero que no determinen el proceso”. Todo eso lo hizo para entretener, para hipnotizar al pueblo de Cuba, para seguir utilizando la cooperación, que venía de mucha gente. La mayoría del Ejército Rebelde no era comunista, ni hubiera aceptado el comunismo si hubiera sabido a tiempo lo que venía. Y
hubo un momento en que yo quise que definiéramos los postulados de la
Revolución, hacia dónde vamos, porque yo tenía mis dudas. Entonces, en
una ocasión, en julio de 1959 cuando llevábamos cinco meses en el poder,
le pregunté algo que ya habíamos discutido varias veces y de lo que hablábamos
desde los primeros tiempos de la Revolución: “Bueno, ¿y cuándo vamos a
crear un consejo revolucionario? Para que haya una dirección colectiva
bajo el mando tuyo, con la orientación tuya y donde se tracen las pautas
con claridad y donde se discuta la ley antes de llevarla al Consejo de
Ministros (porque un proceso revolucionario es una cosa de una trascendencia
enorme para los destinos de la nación)”. Por fin quedamos en que antes
de que finalizara el mes de julio nos ibamos a reunir en mi casa, en Camagüey,
adonde irían él, Guevara y Raúl para discutir los cuatro sobre todos estos
asuntos. Yo le pregunté si no iría también Camilo (Cienfuegos) y me dijo
que no, “Camilo no cuenta en esto”, dijo Castro. Despreciaba a Camilo,
aunque en público lo elogiaba y Camilo lo sabía. Llegó el día de la reunión
y no estaba Guevara. Raúl vino por un lado y Fidel vino por otro, yo me
di cuenta de que no habían avisado al Che, pero no dije nada. Fidel le
preguntó a Raúl si no había avisado al Che y Raúl dijo que pensó que lo
avisaría Fidel. Yo me di cuenta de que aquello tenía mucho de comedia,
una comedia burda. Y fui consciente de que definitivamente había un plan
para desviar la Revolución del compromiso democrático y establecer un
régimen dictatorial... - Cuando sólo habían pasado siete meses del triunfo revolucionario, ¿usted percibía que eso podía ser así, que la Revolución caminaba hacia una dictadura? -
Claro. A raíz de lo que te contaba, unos días después se sucede la renuncia
del presidente Urrutia (3), que no fue una renuncia, fue un golpe de
estado porque Fidel sorprendió a la nación cuando en televisión se difunde
la noticia de que Fidel Castro ha renunciado como primer ministro. El
país se conmocionó. ¿Cómo que Fidel renunció? El gran líder al que apoya
el noventa y tantos por ciento de los cubanos..., todo el mundo especulaba
con la noticia. Y por fin, por la noche se aparece en la televisión para
explicar su renuncia: “Yo he renunciado porque el presiente Urrutia está
bordeando la traición”. También estaba con el cuento de que había un fermento
comunista en las filas del Gobierno... y bueno las voces populares clamaron
diciendo: “Fidel, tú no tienes que renunciar, que renuncie el presidente”.
Y en esos momentos si el pueblo coge al presidente, lo arrastra. Y días
antes (lo cuento en el libro), Urrutia me había confesado que se consideraba
un prisionero, un rehén: “Yo quiero renunciar. No estoy de acuerdo con
la dirección del proceso y no me dejan renunciar, ni siquiera me dejan
una salida para ir escalonadamente separándome de todo esto”. Y después
Fidel lo acusó de estar incubando la traición. Unos días después (julio
de 1959) yo envío una carta con mi renuncia a Fidel. El me llama, me dice
que no me puedo ir, que hago falta, que tengo capacidad organizativa,
que soy uno de los pocos oficiales con estudios universitarios, que tengo
nivel político, etc., etc. - Sr. Matos, usted, ¿qué posición ocupaba en el ránking de la Revolución? Estaba Fidel, Raúl, el Ché, Camilo Cienfuegos... -
No, mira. En enero del 59, Castro vuela en el avión presidencial (que
a pesar de ser “presidencial” y Fidel no ser aún ni primer ministro, él
usaba a su antojo) y me avisa Celia Sánchez (4) que el avión va
a hacer una escala en Camagüey procedente de Santiago de Cuba y que Fidel
tiene algo importante que decirme. Llegué al aeropuerto a la hora convenida
y Fidel ordenó bajarse a todo el mundo, hasta a Celia (y eso que Celia
era de toda confianza, de Fidel y mía. Ella y yo ya eramos como hermanos
antes de que apareciese Fidel) y nos quedamos los dos solos. Yo pensé:
“Qué misterio”, y Fidel me dijo: “Lo que te voy a decir quizás te sorprenda,
pero tenemos muchos comandantes en la Revolución, por ejemplo, Camilo,
un tipo carismático, pero es un bohemio, desorganizado... Este no es el
caso del Che, que es un tipo inteligente, con ideas..., pero mírale ahí,
en la cabaña está rodeado de comunistas, tiene un poliburó allí. En resumen,
lo que te quiero decir es que tú eres el tercer hombre de la Revolución.
Primero estoy yo, luego Raúl (Castro) y después estás tú”. - Cómo le gustaban, y cómo le gustan, a Castro las intrigas, ¿no? -
Lo que quería era comprarme, comprarme de por vida. Siempre que me hacía
regalos o me halagaba, yo estaba a la defensiva porque le conozco. En
una ocasión, en la lucha, (porque yo no me callaba ante las cosas que
no me parecían bien), vino un oficial a decirme que o me retractaba o
iba preso. Y ni me retracté, ni fui preso, ni nada. - Y usted le presenta su renuncia pocos meses después. -
Sí, le presenté una primera renuncia y él quedó para hablar conmigo. Yo
le dije a Castro que desde el primer día que él me hizo comandante, mi
interés era volver a la escuela (Matos es profesor). “Olvídate de la escuelita”,
me espetó. “No, tu no te puedes ir, Hubert. Quítate esas ideas (la idea
de que la Revolución caminaba hacia el comunismo). Tu dices que eso (el
comunismo) va a ocurrir y yo te digo que no. Imaginemos que sí va a ocurrir,
entonces nos sentamos, conversamos, analizamos la situación, nos despedimos
como amigos, como hermanos y no pasa nada”. Yo por supuesto no se lo creí.
Y la verdad es que me daba tristeza separarme de un proceso en el que
había visto tanta gente buena sacrificarse, e incluso morir. Compañeros
y hermanos de los que yo más quería, verlos morir en combate..., en mi
memoria tengo aún 20 casos. Pero
volviendo a mi conversación con Castro, él me dijo unas cuantas cosas
más y yo, pensando que aún podía ser útil a mi país y a pesar de que a
mí no me interesaba la política, decidí seguir en la Revolución. - Y poco después usted presentó su renuncia definitiva en una carta (que aparece textual en su libro). ¿Qué pasó entonces? Aquello fue un show. Fidel organizó una campaña en mi contra que, aún conociendo a Fidel como le conozco, todavía no acabo de entender y fue algo que me hizo un daño tremendo, hasta el punto que en una ocasión me dije a mí mismo: “Vale más la pena morirse (la muerte física) que pasar por esto”. Fidel dijo que yo estaba sublevado en Camagüey, que era un traidor, una alimaña que había que sacar de allí..., me dedicó los peores calificativos. Poco después, Fidel envió a Camilo Cienfuegos a detenerme (una semana después “desaparecieron” a Camilo en un vuelo, del que nunca más se supo nada), fui juzgado en un juicio que fue un consejo de guerra y me condenaron a 20 años por traición y sedición. (En
la segunda y última entrega de la entrevista, Matos entra en detalle sobre
su detención, juicio y sus 20 años de prisión) - ¿Qué cree usted que sucedió entre 1959 y 1961? ¿Por qué Castro abrazó el comunismo? -
Pues porque era lo que estaba de moda. El fascismo ya había quedado atrás,
cayó derrotado en la Segunda Guerra Mundial, pero hay que tener en cuenta
que el marxismo-leninismo en aquel momento representaba una vía para el
desarrollo social del pueblo... y a Fidel lo que le interesaba era una
estructura y una cobertura filosófica que le permitiera mantenerse en
el poder de por vida. Pero nunca ha sido marxista, ni su método, ni su
mentalidad, no. Castro es él. Y el poder es para él y todo para él. Si
Castro hubiera gobernado pensando de alguna manera: “Yo satisfago mi ego,
pero mejoro las condiciones de vida del pueblo”, pero no. Recuerdo que
en marzo o abril del año 59, yo iba con Fidel cruzando la bahía de La
Habana, hacia el pueblo de Regla, para inaugurar un molino de trigo y
al volver, fuimos a unas obras que estaban haciendo en el Puerto, obras
que correspondían al período capitalista, anterior al triunfo de la Revolución,
y Fidel dio un discurso a los trabajadores en el que, entre otras cosas,
tocó el tema social y la problemática de las relaciones con los trabajadores.
Y cuando regresábamos por el Malecón, le dije: “Fidel, ¿tú has renunciado
a poner en práctica lo que planteas en tu discurso ‘La historia me absolverá’
(5), de
darles a los obreros una participación de las utilidades (beneficios)
de las empresas?”. Y me dijo: “No Hubert, eso no lo podemos hacer, porque
si propiciamos que los trabajadores tengan independencia económica, de
ahí a la independencia política no hay más que un paso. ¡No podemos!”.
Me quedé sin respuesta, me abismó. “¿Adónde nos quiere llevar este hombre?”,
me pregunté, y mientras tanto yo observaba y observaba... Yo sabía que
ni el movimiento 26 de Julio (6),
que era fuerte, ni el aparato político, ni nadie, hubiera transigido con
el comunismo. - Profesor, dénos algunas pinceladas sobre el perfil humano de Castro. ¿Cómo es en lo personal? -
Es un sujeto único en la historia de la humanidad. Es muy inteligente,
pero con una vocación incontenible para la maldad. Entonces, con esa inteligencia
excepcional, genial, pues se convierte en un genio para la maldad. Si
se hubiera dedicado al cine o a la comedia hubiese sido igualmente excepcional,
sería el más grande, o uno de los más grandes actores de Hollywood. Pero
le dio por la política, y si se hubiera dedicado al gangsterismo tendría
más fama que Al Capone. Pero le dio por esta política sucia, y la situación
coyuntural de la nación cubana, con el golpe de estado de 1952, creó el
cuadro ideal para que él pudiese hacer una carrera tremenda. Estoy convencido
de que si no hay un 10 de marzo del año 1952 (cuando Batista se hizo con
el poder), no hubiera habido un proceso insurreccional. Entonces Castro
era un líder en la universidad que aspiró a ser presidente de la escuela
de Derecho y no lo eligieron porque no convenció a la gente. Con votos
no hubiera llegado a ningún lugar. Pero en una situación de excepción,
con un pueblo apabullado con el golpe de estado y buscando a alguien que
encabezara la respuesta, pues Castro tuvo la inteligencia y la audacia
de promover la conspiración que llevó al asalto del Cuartel Moncada (1953),
planear ese asalto, quedarse afuera (del cuartel durante el asalto), dejar
que mataran a sus compañeros y liderar después el proceso de Sierra Maestra,
en la que usó con habilidad sus dotes como estratega (porque diseñó una
estrategia apropiada), contó con el fervor del pueblo, con la ayuda y
la participación directa de miles de jóvenes que fueron poco a poco incorporándose
a la lucha. En fin, que las condiciones ambientales e históricas le ayudaron
a Fidel Castro a poner en función su tremenda aventura. - En la Asociación de Periodistas Europeos (APE) comentó usted el otro día que Castro es audaz pero no valiente... -
Sí, y lo digo con el conocimiento de la verdad. En el libro narro unas
escenas que cada vez que me decían en la prisión: “Tú no sales con vida
de la cárcel”, me acordaba de ellas: fue cuando ví a Fidel acobardado,
sin razón. En una ocasión, en los tiempos de la lucha, estábamos cuatro
ó cinco personas con Fidel en un alto (en el libro lo cuento más detalladamente)
y había unos aviones ametrallando en la lejanía y aquel hombre tan grandón
(Castro) temía que se acercaran. “Fidel –le dije yo-, esos aviones están
ametrallando allá, en las vegas, para acá no van a venir”. Los aeroplanos
describían un óvalo largo, nosotros estábamos en una cima y Fidel insistía
en que los aviones venían. “No, mira Fidel, hay como tres kilómetros de
aquí al punto donde dan la vuelta para ametrallar la zona de las vegas”.
En una de esas, los aviones dieron un óvalo un poco mayor, se acercaron
algo más a nosotros, y aquel hombre se desprende colina abajo y corre
como 25 o 30 metros hasta donde estaba la cueva, pero con una ligereza
y una habilidad increíbles y se tira y se mete en el agujero. Y Celia
(Sánchez), que tenía que obedecer, y dos personas más le siguen y empiezan a gritarme:
“¡¡Hubert, entra, entra!!” Y Fidel, tronando con su voz: “¡¡Entra!!”. Yo
le dije: “Fidel, yo estoy acostumbrado a que todos los días me tiren los
aviones” (yo a todo esto estaba con ganas de reírme). Él insistió, porque
es persistente: “Oye, ¡te he dicho que entres!”. “Fidel – le dije yo-,
conviene que alguien se quede afuera para avisar cuando los aviones se
retiren”. Por fin, media hora después, le dije que los
aviones habían dejado de tirar allí y Fidel salió con una cara... - ¿En qué año fue eso? -
En el 58, en el verano de 1958. - Y eran aviones de Batista, ¿no? -
Sí, claro. Bueno, el caso es que Fidel ya me había dicho que los aviones
lo asustaban mucho. Y en otra oportunidad, mes y medio después, cuando
yo regresaba de unos combates difíciles, pasó lo mismo: lo busco y lo
busco y ¡me lo encuentro metido en una cueva! El combate había terminado
el día antes, pero pasó un avión, o un helicóptero, por allí y se metió
en la cueva, que tenía árboles y todo, tenía vegetación arriba, no la
podía ver ni fotografiar nadie. Y aquel hombre estaba metido allí y el
auxiliar de él, el mochilero, estaba escarbando para darle mayor profundidad
para que estuviera más escondido. -
¿Qué nos puede contar del Che? -
Guevara murió en Bolivia embarcado (abandonado) por Fidel. Es decir, Fidel
ayudó al Che, que era un soñador y un aventurero; seguramente quería ir
a Bolivia y quería llegar hasta Argentina, pero Fidel le ayudó a que se
metiera en una aventura donde no tenía ninguna posibilidad. Porque una
cosa es la Sierra Maestra y la lucha de guerrilleros en un pueblo donde
todo el mundo hubiera querido tener armas para luchar (no hubo más guerrilleros
porque no había más armas), y otra cosa es ir a retar a un ejército convencional,
en Bolivia, y probablemente con la esperanza de pasar a Argentina y tomar
el poder en todos los países. El Che era un individuo con algunos ideales,
pero era aventurero y ya le había sido útil a Fidel. El Che era antisoviético;
eso me lo dijo él a mí y después, ya en el poder, nosotros sabíamos que
el Che era antisoviético. Y Fidel iba teniendo lazos más y más estrechos
con la Unión Soviética. Y además Fidel ya le había sacado el jugo al Che,
en la lucha guerrillera, en la imagen internacional... y debió pensar:
“Facilito la manera para que este Che se vaya para Bolivia, me lo matan
por allá (porque en ese sentido a Fidel hay que reconocerle la inteligencia,
es un estratega de un alcance largo) y lo utilizo como pasquín internacional
de la Revolución”. - ¿Cómo era personalmente el Che? -
El Che, mira, era una persona de por sí, austera, callada. Cuando establecía
una comunicación de simpatía o de identificación con alguien, entonces
no quería callarse, hablaba de esto, de lo otro, se entusiasmaba, dejaba
de ser el tipo ese sobrio, callado. Yo tuve la suerte de que le caí bien
y le gustaba hablar mucho de literatura y de todo conmigo, pero preferentemente
de literatura. Y le gustaba también hablar de la problemática social y
yo, para saber ubicarme, pues también aprovechaba para preguntarle y a
veces para arrinconarlo, hasta que un día le dije: “Oye, en tu pensamiento
hay poco, o mucho, de marxismo”. Y él me respondía: “Es posible que yo
sea un marxista, pero no a la manera soviética, yo no transijo con el
estalinismo, etc.”. El Che era un hombre cultivado. - El Che se aburriría en sus puestos de gobierno cuando triunfó la Revolución, ¿no? -
No, yo lo que creo es que ya le estorbaba a Fidel. Lo exprimió y luego
lo soltó para que lo trituraran por allá los cuerpos expedicionarios del
ejército americano, la CIA, el ejército de Bolivia... Hay 20 amistades
que sabemos que el Che envió mensajes de ayuda a Cuba, pero no tuvieron
respuesta. ¿Por qué? Porque a Fidel ya no le interesaba. “Que no regrese”,
debió pensar. Esa es la historia de Fidel Castro: utiliza a la gente,
la usa y después se deshace de ella, de una manera o de otra. En este
caso no tuvo que matar al Che, ni como a Camilo (Cienfuegos), ni como
a Ochoa (7), ni como a Tony
de la Guardia (7)...,
los mataron otros, el “imperialismo”... en fin (dice Matos con ironía),
fueron víctimas del “imperialismo”... (I)
La segunda y última parte de esta entrevista será publicada en Americaeconomica.com
el próximo viernes 4 de julio (1)
Camilo Cienfuegos fue comandante de la Revolución. Guerrillero
de gran popularidad entre el pueblo Cubano y de legendario valor. Camilo
fue aclamado por millones de cubanos y designado jefe del Ejército Rebelde.
Su popularidad lo convirtió en uno de los líderes indiscutibles de la
Revolución. Enviado a arrestar al comandante Hubert Matos, después de que
este renunciara a su puesto en protesta de la influencia comunista en
el gobierno revolucionario, Camilo desaparece misteriosamente durante
su regreso de Camaguey a la Habana el 28 de octubre de 1959. Siempre se
ha especulado que la muerte de Camilo fue obra de Castro, quien le temía
debido a su popularidad entre las masas y a su gran sentido de la democracia
y la justicia. (2)
En su libro, Matos explica las extrañas actividades de Castro en relación
con las plantaciones y el transporte de marihuana. (3)
Urrutia fue el primer presidente de Cuba tras el triunfo de la Revolución (estuvo testimonialmente al frente del Gobierno
entre el 8 de enero de 1959 y el 17 de julio de ese mismo año). (4)
Celia Sánchez, muy buena amiga de Matos, fue fundadora y dirigente del Movimiento
Revolucionario 26 de Julio en la antigua provincia de Oriente y tuvo a
su cargo la distribución del alegato de Fidel Castro, "La Historia
me absolverá". Trabajó incansablemente en el llano clandestino. El
19 de marzo de 1957 se incorporó al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra
y fue fundadora del pelotón femenino "Mariana Grajales". La
voz de Celia estuvo presente en las decisiones más importantes tomadas
en la Revolución. Después del triunfo, fue miembro del Comité Central
del Partido Comunista, diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular
y secretaria del Consejo de Estado. Murió en 1980. (5)
El
16 de octubre de 1953 Fidel Castro Ruz realizó su autodefensa durante
el juicio por el asalto al cuartel militar Moncada, en la ciudad de Santiago
de Cuba. El alegato fue publicado en un folleto titulado “La Historia
me absolverá”, en 1954. Texto
íntegro.
(6)
Tras el asalto al cuartel Moncada (1953), Fidel Castro cae preso y cumple
20 meses de prisión. Una vez liberado junto a sus compañeros y antes de partir hacia México,
constituye el Movimiento 26 de Julio. La estructura y los objetivos de
la organización fue, según sus propios fundadores la siguiente: "El
26 de julio se integra sin odios contra nadie. No es un partido político
sino un movimiento revolucionario; sus filas estarán abiertas para todos
los cubanos que sinceramente deseen restablecer en Cuba la democracia
política e implantar la justicia social". (7)
El 13 de julio de 1989 fueron fusilados el general y Héroe Nacional de Cuba
Arnoldo Ochoa, su ayudante de campo, el capitán Jorge Martínez, el coronel del Ministerio del Interior de Cuba
Tony de la Guardia y su subordinado Amado Padrón, después de ser condenados
a pena de muerte por el delito de “tráfico de drogas” y “traición a la
patria”, sentencia dictada por un Tribunal Militar Especial cubano. |
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