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Viernes,
27 de junio de 2003
DESDE
EL MALECON CON...
El cubanito se llamará
Cojonudio Martínez de la Calle
Por
Aurelio Pedroso
(La Habana)
En
una sociedad como la cubana de estos tiempos, en la que todo se pretende
que sea tan exacto, equitativo, disciplinado y unánime, estos de los nombres
a los niños al nacer (los motes, alias o nombretes vendrán después) es
como para tirarse de los pelos. O mejor, arrancárselos a padres o madres
para mirar qué tienen más allá del hueso parietal.
Muchos años atrás (digamos casi medio siglo), los nombres raros provenían
de campo adentro. Un pase de lista en un aula urbana bastaba para detectar
aquellos compañeritos cuyos padres les habían impuesto tales castigos,
certificados luego por el cura itinerante de la campiña. Margarito,
Eustaquio, Primitivo, Fidencio, Agapito, Atanasio... Personalmente conocí
a uno nombrado Ataudio, que terminó como sepulturero. De la referida lista
era fácil conocer quiénes eran niñas y quiénes varones.
Los nombres gringos, en honor a la verdad, no cundieron tanto, pero estuvieron
presentes. Sin embargo, los rusos prendieron más. Era la euforia del socialismo
con sus tantas novelas bélicas, filmes bélicos, seriales de TV (también
bélicos) y aquel notorio "entraisale" de cubanos estudiando
por toda la gran Unión Soviética y el correspondiente campo socialista.
Pero la gran sorpresa nos la ha dado un colega cubano que en la páginas
de un dominical ha escrito un artículo bien ameno,
entretenido y preocupante al mismo tiempo. Al periodista, que por suerte
se llama Carlos, le bastó tomar una relación de boxeadores y peloteros
(jugadores de béisbol) para el singular análisis. Y vaya sorpresa
la que nos pegó a todos, que aunque ya notábamos el desatino, no calculábamos
la magnitud del desastre que se está incubando.
Veamos los 44 boxeadores medallistas de un importante certamen
nacional. Un total de 15, que hacen el 34%, tienen la "Y"
en sus nombres. Yorman, Yan, Yosvelis, Yuriolkis, Yosvani, Yumaikel, Yanquiel,
Yordenis, Yoel, Yurisandei, Yislán, Yoan y Yosmani. El autor menciona
como "originales" a Andry, Sandel, Raudai, Rubinelson, Exer,
Wisney, Judei, Erislandi, Ismaikel y Odalanier. Nombres extranjeros:
Karel, Lester, Sullivan, Johansson, Vladimir, Michel, Franklin. Tradicionales:
Guillermo, Luis, Eugenio, Mario, Inocente, Diógenes, Armando, Lorenzo,
Eliécer, Noel, Pedro y Luis.
Al mismo tiempo, con los jugadores de béisbol, otro tanto digno de figurar
en una antología de rarezas. A tal extremo, que comienza una serie con
más de 100 partidos y al final los pobres locutores continúan rectificando
el nombre del deportista a instancias de llamadas de los padres que desean
escucharlo correctamente.
A diez de últimas es la voluntad soberana de los padres. Hay quienes dicen
por ahí que una vez mayor de edad la criatura, con 40 pesos cubanos va
al Ministerio de Justicia y se cambia el nombre. Pasarán una infancia,
en muchos casos, imposible de chiquear: Yumaikelito, Usbesisleydita, Yanquielito
o el caso de referencia: Cojonudioncito Martínez de la Calle, medalla
de oro en flecha pero sin arco.
A nadie le debe extrañar que esto vaya de cabeza al Parlamento en algún
momento apropiado.
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