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Viernes, 4 de julio de 2003

 

Hubert Matos relata su juicio y cómo se salvó de ser fusilado

"Castro ha enseñado a los cubanos a mentir, a prostituirse y ha acabado con la economía del país" (y II)

El que fuera uno de los destacados comandantes del proceso revolucionario cubano continúa contando a Americaeconomica.com su dramática experiencia. El juicio que lo llevó 20 años a prisión, su relación con Camilo Cienfuegos y la misteriosa desaparición de éste, las razones que mantienen a Castro en el poder, la actualidad del exilio cubano, etc.

La primera parte de la entrevista puede consultarse en: Hubert Matos (I)

Por Miguel Humanes

- Camilo Cienfuegos fue a detenerle a usted a Camagüey, por orden de Fidel Castro, y una semana después Camilo desaparece en un viaje de avión. ¿Qué recuerda de todo aquello?

- Exactamente. Camilo y yo nos habíamos comunicado varias veces en privado sobre la desviación del proceso revolucionario. Camilo fue al primer oficial de las fuerzas armadas al que yo le llevo una propaganda que salía en Verde olivo (una publicación interna del ejército), era un escrito pro marxista que se incluía material informativo de orientación política para las fuerzas armadas. Con ello se pretendía adoctrinar en la filosofía marxista a unos soldados y oficiales que, en muchos casos, eran analfabetos y procedían del campo. “¿Tú has visto esto?”, le pregunté a Camilo. Tras echarle un vistazo, me dijo: “No. Esto puede ser asunto del Che, de Raúl o de mi hermano Osmany (que por aquel entonces era capitán)... Yo me voy a ocupar de ello. Déjame esto aquí”. “No –le dije yo-, tú tienes más periódicos de estos en el Estado Mayor. Este me lo quedo yo”. Porque enseguida me fui a ver a Fidel y cuando se lo enseñé, me comentó: “Hay que hablar esto con Camilo”. Le dije que venía de hablar con él y añadí: “Oye, pero tu eres el jefe de la Revolución, esto no puede estar pasando”. “Bueno, ya me ocuparé yo de esto”, dijo él. Por un tiempito no salieron más artículos de esos. Pero después, y de vez en cuando, tiraban alguno. Aparte de eso, Camilo y yo habíamos hablado sobre la dirección que estaba tomando el proceso revolucionario varias veces en privado, en el Estado Mayor y en un hotel que se llamaba el Gran Hotel de Camagüey, en una ocasión él fue allá, a hacerme una visita...

- Camilo y usted eran amigos, ¿no?

- Sí. Camilo era un tipo abierto, valiente, sus soldados lo querían y desde que nos conocimos hicimos buena amistad, buena relación, buena química. Mi llegada a la sierra (Sierra Maestra) despertó celos en algunos, bueno no, al principio no, porque la llegada a la sierra de Hubert Matos causó muchas simpatías porque llevó las armas (1). Pero apenas me empecé a destacar, los compañeros que desembarcaron con Fidel en el Granma (2) y que no habían llegado muy lejos (eran tenientes, capitanes...) se resistían a aceptarme. Pero Camilo fue de los que desde el principio me trató con cariño, y eso que yo era capitán y él ya era de los preferidos de Fidel. Camilo era un tipo querido por la tropa, querido por el pueblo y además con un don especial, de esa gente que yo digo que tiene estampa: la barba medio canela, sus ojos..., de esas personas que te gana la simpatía por su presencia.

- Eso le pasaba también al Che, ¿verdad?

- Sí, eran de estos sujetos singulares, claro que eran personalidades distintas. Camilo era comunicativo y el Che no.

- Y Camilo va detenerle...

- Sí, después de los meses en que yo estuve con mis dudas y preocupaciones (sobre el rumbo que tomaba la Revolución), Camilo y yo habíamos conversado sobre ello varias veces. Y en una ocasión, Camilo me dice: “Oye, tenemos que discutir con Fidel esto”, y yo le respondí: “Bueno, vamos, vamos a hablarlo con él”. Y Camilo replicó: “Pero tu eres el que hablas porque si yo hablo, Fidel no me hace caso”, “¡No jodas, chico!”, exclamé yo. “Ya te lo he dicho, Fidel en público me elogia, pero en privado me desconoce y hasta me tira a mierda”, me respondió Camilo.

- Castro no respetaba a Camilo

- No, no le respetaba. Pero la gente creía que Camilo era el ídolo de Fidel. Así que Camilo me dijo: “Habla tú, yo no. A ti Fidel te respeta”. Bueno, el caso es que el día de mi arresto, Camilo va turbado, va nervioso, parecía como si se hubiera tomado unos cuantos tragos y hubiera perdido el don de sí mismo. Pero no, no era de tragos. Me dí cuenta de que los Castro lo mandan a arrestarme y él tiene que hacer el papel de perro de presa, a sabiendas de que yo tenía razón, de que el proceso iba desviándose y que él había recibido dos días antes un telegrama mío en el que, de una manera formal, le solicitaba mi licenciamiento de las Fuerzas Armadas para reintegrarme a mis actividades privadas (Camilo era el jefe de las Fuerzas Armadas). Y la noche antes del arresto, Camilo me llama por teléfono, seguro que con Fidel al lado, y me dice: “¿Puedes venir para acá?” (a La Habana. Matos estaba en Camagüey, era el jefe militar de esa provincia y estaba en su emplazamiento militar). “¿A esta hora? Oye Camilo, mi avioneta no tiene instrumentos para volar de noche”. A la mañana siguiente, Camilo me avisa que está llegando al aeropuerto. Yo intuía que lo mandaban a detenerme y ya llevaban tres horas por la radio diciendo que, “Hubert Matos es un traidor, un canalla, una alimaña que hay que sacarlo del campamento, de la cueva...”. Y yo le dije a Camilo: “No te muevas del aeropuerto hasta que yo te mande a alguien”. Y mando al jefe de mi escolta con el jeep para recogerle. Camilo iba con 20 hombres armados, fusiles automáticos, el bazuca... a meterse en un campamento donde hay casi 1.000 hombres, que están con su jefe, yo, su jefe querido y además están con la sangre caliente porque llevan tres horas oyendo por la radio local: “el hijo de perra, traidor, esto y lo otro...”, insultos a mí y a la tropa, y me doy cuenta del peligro que corre Camilo. Además alerto a los jefes de las compañías de toda la guarnición de que no haya ni un solo tiro (porque ya se oía en mi tropa que fuera quien fuera el que quisera entrar en el cuartel, hasta el mismísimo Fidel, iban a entrarle a balazos). Y dí orden de que no podía dispararse una sola arma. Y yo tenía la suficiente autoridad para que eso se respetara. Y ya con Camilo, le dije: “Tú sabes a lo que te han mandado aquí, ¿verdad? Y me respondió: “Sí, pero bueno, vamos a cubrir el trámite”. Y ese día Camilo cayó en desgracia porque estando allí, él discute con Fidel por teléfono. Fidel lo llama desde la Reforma Agraria (La Habana) y Camilo coge el teléfono y le dice que estoy arrestado. Fidel le pregunta qué cómo va todo por ahí y Camilo le responde que todo en orden, pero que los oficiales están indignados por lo que han estado oyendo por la radio, “es un insulto para toda esta gente. Es una metedura de pata”, le dice Camilo. Y a partir de ese momento, cambia su semblante y yo imagino que Fidel le está metiendo tremenda descarga (le regaña). El caso es que viene Fidel a Camagüey y desde el mismo edificio en el que yo estoy, ya detenido, a siete pasos de mí, arenga a la muchedumbre desde un balcón y dice de mí todo lo que quiere y además añade: “Y aquí está el Sr. Matos, cerquita de mí, cómo no tiene valor para venir a defenderse”. Fidel sabe cuál va a ser la reacción mía, pero lo está diciendo para impresionar al pueblo y consciente de que no me van a dejar hablar. Entonces yo le digo a Camilo: “Oye, yo sí tengo muchas cosas que decir, yo voy ahora ahí al micrófono y hablo. Díselo, díselo”. Ramiro Valdés, el jefe del Estado Mayor, estaba custodiándome y en ese momento saca la pistola: “Párate (levántate) ahí y te mato”, me dijo. Y Camilo va hasta donde está Fidel y le toca en el hombro, pero Fidel sigue hablando a la gente. Por segunda vez, Camilo le interrumpe y ahora sí le dice en el oído que yo estoy dispuesto a ir allí a hablar al pueblo, a defenderme. Y Fidel hace una pausa y le dice una cosa en secreto. ¿Qué es lo que le dice? Que le diga a Ramiro Valdés que me lleve preso al Estado Mayor. Camilo no se lo dice a Ramiro delante de mí, sino que le lleva tres pasos más allá para darle la orden de Fidel. Y Ramiro viene y me dice: “Vámonos”. Bajamos la planta y los oficiales que hay allí dicen que si se llevan a Hubert, que les lleven a ellos también presos.

- Profesor, ¿cómo fueron los 20 años en prisión, qué le daba fuerzas para levantase todas las mañanas?

- Ahora te cuento eso. Antes quiero decir que considero que el instigador de la muerte de Camilo fue Raúl (Castro), pero Raúl no se atreve a matar a Camilo, no, no, Raúl no se toma esas atribuciones.

- Raúl tenía muchos celos de Camilo, ¿no?

- Tenía una envidia patológica. Unos celos que no sabía ocultar, él creía que lo ocultaba, pero qué va, todos nos dábamos cuenta de aquello. El propio Raúl debía ser consciente de las limitaciones de su personalidad, era un hombre de recovecos que no caía bien al pueblo. La gente obedece a Raúl porque tiene que obedecer, pero no es un hombre querido por su tropa. El hecho de saberse que es un hombre sin valor personal..., el caso es que le tuvo que haber repetido a Fidel: “Tu sabes que yo soy el sucesor y no tengo chance con Camilo, el pueblo se irá detrás de él, la tropa también y a mí me arrinconará  o me matan... Este es el momento, Hubert está preso, lo vamos a fusilar mañana o pasado mañana y Camilo..., esta es la oportunidad de salir de Camilo”. En esta cobertura yo no estoy fantaseando, me estoy refiriendo a un cuadro muy lógico y de acuerdo con la personalidad del uno (Raúl) y del otro (Fidel) y consciente de que a Fidel le molestaban los aplausos a Camilo. Fidel es celoso, es un hombre mezquino.

- ¿Por qué cree que a usted no le fusilaron?

- Porque en el juicio le fallaron (a Castro) todos los cabos. Ocurrieron varias circunstancias que condujeron a que me condenaran a 20 años. Esto es Fidel, Raúl no cuenta ahí nada, él instigaría a Fidel, pero no toma decisión en eso. El tribunal que me juzga por supuesto lo que hace es el artistaje porque es curioso que Fidel era el jefe del Gobierno, es el jefe de las Fuerzas Armadas, él instrumenta todo el juicio y después va a declarar. El tribunal lo integran oficiales bajo el mando de Fidel y hasta el jefe de su escolta es parte del mismo. Y no me fusilan porque se da una serie de circunstancias favorables a mí, como por ejemplo, que para intimidar al ejército en el sentido de que nadie se atreva a cuestionar si el proceso revolucionario se desvía hacia el comunismo o hacia donde se desvíe, si a Hubert Matos lo fusilamos y lo acosamos y lo destruimos en un juicio, pues entonces nadie va a tener la osadía de decir, “no, la Revolución se la están entregando a los comunistas”. Lo que se les ocurre es citar a lo más importante de la oficialidad (en aquel anfiteatro del campamento militar había más de 1.000 oficiales), cuyos principales mandos yo conocía y reconocí al entrar el primer día del juicio, al fin y al cabo yo era uno de los líderes de aquel aparato militar. Y pensé: “Aquí está la flor y nata de la oficialidad. ¿Y para que los han traído? Los han traído porque me van a fusilar y porque quieren intimidar, para dar ejemplo. Y que toda esta gente que presencie aquí el consejo de guerra va a salir apendejada (acobardada) y nadie se va a atrever a cuestionar la marcha de la Revolución”. Y cuando presento mi defensa, sé que es mi oportunidad de decir mi verdad, aunque yo estoy convencidísimo de que me van a fusilar, te lo digo con toda sinceridad, yo hasta el momento en que se dicta la sentencia, estoy al 99% convencido de que me van a fusilar. Queda una remota posibilidad de que no se atrevan a fusilarme, aún con todo lo que el juicio se les viró. Pero fue muy propicia la situación de hablar, en rebeldía, en defensa de toda aquella gente. Cuando me llaman para prestar declaración, yo me despacho y estoy tres horas y pico hablando. Me mandan a callar no sé cuántas veces y yo sigo hablando. Cuando termino, la gente me aplaude. Para mí es una sorpresa que tuvieran la valentía de aplaudir; fue un aplauso contundente. Han traído a la oficialidad a presenciar a Hubert Matos, para que salgan acobardados y lo que hacen es aplaudir su defensa.

- Si le hubieran fusilado hubiera sido...

- Un reto para toda aquella gente. Además, el mismo día de mi arresto se suicidan dos compañeros de la tropa nuestra, el capitán José Manuel Hernández, en un acto supremo e inconcebible, se mata por la acusación que me hacen. Él habla con Camilo para protestar por mi detención y Camilo le dice que no se meta en esto, que no tiene nada que hacer. Entonces Hernández se va a su ciudad, va a la estación de radio, redacta una carta diciendo que Hubert Matos no es traidor, que se va a suicidar, que Hubert Matos despida su duelo, etc. Regresa al campamento, coge la pistola y se mata. Eso tuvo que haberles alertado a Raúl y a Fidel. Si hay hombres que defendiendo el honor de Hubert Matos, se matan... eso les tuvo que hacer pensar. El otro fue un sargento que también hace lo mismo. Yo le había visitado en el Cuartel de  Pensamiento de José Martí, era un idealista, un hombre joven, le decíamos El habanero. Y el mismo día, sin saber lo de José Manuel Hernández, les dice a sus hombres: “No vale la pena seguir defendiendo una revolución, después de esto que le han hecho Hubert, yo no acepto esto”. Y agarra el arma, pero se la tiran los compañeros, se la quitan y le dejan allí. Y poco después, agarró un cuchillo y se dio no sé cuántas puñaladas y se mató, se desangró. Esos dos hechos tuvieron que ser una alerta para los Castro terrible. Pero lo que valió fue lo del juicio, no me aplaudieron por gusto, argumenté con mucho sentido común mi defensa. Acabo diciendo algo así como: “Mi lealtad a la Revolución es tal, que siempre he defendido su programa y lo estoy defendiendo ahora, y lo que yo quiero es que la Revolución cumpla su programa”. Fue un discurso inspirado, en el que uno se vuelca, en el que las palabras salen certeras. Y concluí con un: “Bendita sea mi muerte si eso prueba mi lealtad a la Revolución”, o algo parecido. Y esos hechos, que yo nos los programé porque esas cosas salen, reflejan la convicción del hombre que tiene principios y que pone por encima de su vida la defensa de sus valores, la integridad de su condición como ser humano. Eso fue lo que contribuyó a salvarme. Entonces hicieron una pausa, alargaron el juicio...viene Fidel un día, viene Raúl otro... y yo, en rebeldía cada vez que tenía que decir algo. Y en fin, no me fusilaron, el juicio les salió al revés. Los Castro tenían esperanzas de que con 20 años de prisión yo quedaría destruido, aplastado, acobardado... Dios no lo quiso.

- Vamos con la prisión, ¿cómo soportó aquellos 20 años?

- Desde el primer momento, incluso antes del juicio, me convencí en aquel calabozo,  que era poco más que una ventana de la fortaleza del Morro, que tenía que ser fuerte. “Lo que yo no puedo es contribuir, con debilidad, con un arrepentimiento, a mi muerte moral, no. Yo tengo que vivir para defenderme. Cómo puedo hacer yo para demostrar al pueblo de Cuba que yo soy un hombre honesto”, pensé. Y en todos esos años yo tenía la certeza de que la razón estaba de mi parte. “Y a la larga se hará luz sobre este proceso”, me decía a mí mismo. Y todos aquellos años tenebrosos, con huelgas de hambre, de ensañarse conmigo... había días que pensaba que no podía más. En una de esas huelgas de hambre, lo cuento en el libro*, escribí: “La muerte es historia cuando los yertos despojos son una afirmación del ideal y del honor”. Eso era en una huelga de hambre en la que llevaba el noventa y tantos por ciento de morirme. Yo tenía la convicción de que mi vida tenía un sentido, tenía familia y mi familia tenía fe en mí (mi madre murió cuando yo llevaba 13 años preso). Había un compromiso con mi familia, había un compromiso con el país porque había gente buena que yo sabía que se podía identificar conmigo. Había que pensar en eso, en resumen yo decía: “No me queda otra opción que hacer el papel de valiente, seguir aferrado a mis ideales”.

- Vamos con la actualidad, Profesor. ¿Por qué cree que Castro tiene esa capacidad de supervivencia en el poder?

- Bueno, la suerte le ha ayudado. Es un hombre de suerte. En los intentos que ha habido de acabar con él el factor suerte ha jugado un papel determinante. Por ejemplo, en lo de Bahía Cochinos (3), ahí, la suerte la tuvo en que salió elegido Kennedy, cuando tenía que haber sido Nixon. Y Kennedy dejó lo de Bahía Cochinos en un simulacro. Después, cuando la crisis de octubre (4), los soviéticos decidieron retirar los misiles y no hubo guerra. Posteriormente, prepararon un atentado contra Fidel en Chile y el que iba a disparar no se atrevió. Y lo otro es la astucia de Fidel. Cuando se desintegra la Unión Soviética y se acaba la ayuda (militar, económica, tecnológica...), Fidel ya antes había establecido lazos con Franco (que admiraba a Castro, al fin y al cabo los dos eran gallegos) y ya con la democracia, en tiempos de Felipe (González), España le da soporte financiero, inversiones, que son salvadoras para Fidel Castro. Con España fueron Francia, Inglaterra y otros países a hacer inversiones en Cuba y entonces Fidel respiró. Las naciones que integran la Unión Europea, Canadá, Argentina... ayudaron a Fidel. Así que no han sido sólo los malabarismos y la suerte de Castro sino la responsabilidad, en el orden ético, de los gobiernos de naciones democráticas, con España a la cabeza, lo que le ayudó a sobrevivir. Pero yo diría que el uso del sistema del terror por parte de Castro ha sido fundamental. La sutileza, las astucias para manipular al pueblo cubano, porque la mayoría del pueblo sabe que es víctima de una explotación y degradación, que es el totalitarismo castrista que va más allá de lo de Stalin. En el totalitarismo de Castro hay todo lo que ha acumulado la humanidad desde los personajes aquellos de la antigua Siria, de la Roma tenebrosa, con la gran enseñanza adquirida sobre la administración del terror de los países de la órbita soviética y con la maldad del tirano caribeño e hispanoamericano.

- ¿Cómo ve al exilio cubano? Parece que hay división...

- Tiene que haber división. Donde no hay división es en el totalitarismo castrista.

- Me refiero a que desde que falleció Jorge Mas Canosa, parece que las fuerzas del exilio se han dividido y hasta cierto punto se han debilitado

- Yo no puedo defender a Jorge Mas Canosa porque nunca fui una persona afín a él. Mas Canosa se habría alegrado mucho de la muerte de Hubert Matos antes que de la muerte de Fidel. Lo digo así, porque incluso él (Mas Canosa) difundió en una ocasión la tontería de que yo le estaba preparando un atentado. Y la gente del FBI me llamó para decirme que me estaban investigando por ese asunto, pero lo hicieron de una forma discreta, incluso me reconocieron que creían que todo era una farsa, como poco después confirmaron. Yo nunca traté de convencer a Jorge Mas Canosa de nada, él era un opositor de Fidel Castro e hizo un buen trabajo en el cabildeo de Washington, pero sí creo que cometió errores, como mirarnos a nosotros (5) como un elemento que hay que quitar del camino. Por supuesto que las relaciones con Jorge Mas Canosa y su grupo nunca fueron muy buenas, pero ahora la gente que estaba con él, me trata con respeto, yo los trato con respeto, aunque estoy convencido de que ellos tienen unas ideas de la Cuba post castrista  distintas a las que tengo yo.

- A eso iba yo. ¿Cómo ve usted la posible transición cubana?

- Yo quisiera que ya la transición hubiera empezado hace muchos años, pero está claro que es inimaginable que Castro vaya a propiciarla. La transición debe ser a pesar de Castro. Y yo no veo la posibilidad de que se produzca una transición pacífica, escalonada... el Proyecto Varela (6) fue rechazado por Castro y obligó a una reforma constitucional cuyo mensaje era: “Este régimen es inmodificable”. Y si Fidel muere, Raúl no tiene posibilidades. Ojalá que hubiera una explosión popular, pero no creo. Pienso que Fidel va a provocar un conflicto armado con EEUU. De hecho, el ya está amedrentando a la población diciendo que los yanquis vienen, que van a invadir Cuba, y todo eso es inventado por Fidel y en su día puede decir: “No, yo no puedo contener a miles de balseros porque los yanquis nos tienen axfisiados, no hay comida, no hay combustible...” y creará una histeria de preinvasión americana. Y cuando el pueblo crea que se va a producir la invasión, Fidel propiciará el conflicto. ¿Para qué? Para esconder su fracaso como gobernante y dejarle al pueblo una calamidad mayor, que es el país ocupado, para satisfacer su ego con un reto al imperialismo yanqui. Porque ya en el verano de 1958, cuando estábamos en la lucha, dijo: “Después de esto viene una guerra más larga que yo tengo que echarle a los yanquis”, es decir, que él ya estaba pensando entonces que se iba a fajar (pelear) con los americanos y ahora denuncia a los yanquis porque lo quieren axfisiar. Pienso que su ego enfermo lo está llevando a provocar a los yanquis para esconder su fracaso desastroso como gobernante (porque el país está arruinado, está hecho un desastre en todos los aspectos) y para darse el gustazo de pasar a la historia como un hombre excepcional que desafió al imperio. Para después de todo esto, dejar a los otros peleando con los yanquis y él refugiarse en alguna cueva que tenga en el Pico Turquino (7) y después perderse en el Amazonas o dios sabe en qué lugar. Pero ese es su plan. Por mucho que intente lograr un momento de valentía, tomándose tal vez media botella de whisky para enfrentarse a la muerte, no, no. Le va a huir a la muerte como pueda.  En eso también es un personaje excepcional: tremendamente audaz y tremendamente cobarde. Por respeto al público no uso las palabra que los cubanos usamos (8).

- ¿Qué es lo que no le perdona a Castro? Supongo que serán muchas cosas, pero díganos sólo una.

- Pues el daño que le ha hecho a la nación cubana. Ha convertido a nuestro pueblo en un país con fama mundial de prostíbulo, ha pisoteado el sacrificio de jóvenes, mucha gente joven que se murió por puro idealismo (en este momento el Comandante Matos apenas puede contener las lágrimas) creyendo que hacíamos una revolución para bien de la nación cubana. Esa traición terrible, eso no se lo perdono a Castro. En el orden personal, yo puedo superar todas las crueldades, todas las mezquindades, y aquí estoy vivo con la esperanza de ver el amanecer de la nación cubana.


* "Cómo llegó la noche”. Hubert Matos. Barcelona: Tusquets, 2002. Colección Tiempo de Memoria. (Hay otras ediciones en distintos países latinoamericanos).

(1) Como paso previo a su incorporación a la lucha en la sierra, Hubert Matos viajó a Costa Rica donde consiguió una importante partida de armas que llevó consigo a Sierra Maestra. 

(2) El 25 de noviembre de 1956, Fidel Castro y 81 miembros del Movimiento 26 de Julio, entre ellos Che Guevara, zarpan de Tuxpan (México) a bordo del yate Granma para iniciar la guerra revolucionaria. El desembarco en Cuba se produce el 2 de diciembre de ese año en la playa de Las Coloradas, en la costa sur de la actual provincia de Granma.

(3) El 17 de abril de 1961, un millar de exiliados cubanos anticastristas apoyados militarmente por EEUU, desembarcó en Playa Girón (Bahía de Cochinos). Su situación geográfica no era la más favorable estratégicamente para iniciar una invasión, pero sí la que menos perceptible hacía la presencia estadounidense: Kennedy prometió públicamente que no intervendría en Cuba. Su intención de no quedar en evidencia fue trastocando todos los planes hasta carecer de una mínima perspectiva de éxito.

(4) La presencia de misiles en Cuba había sido negada públicamente por el presidente soviético Khrushchev hasta que el 14 de octubre de 1962, aviones espías de EEUU fotografiaron las bases de lanzamiento balístico construidas en Cuba bajo el asesoramiento soviético. El presidente de EEUU, John F. Kennedy, consultó con sus asistentes diversas opciones: bloqueo militar, una invasión, un ataque aéreo, la diplomacia etc. Al final optó por la primera alternativa. El 22 de octubre Kennedy anunció el bloqueo naval para evitar la llegada de nuevos cohetes atómicos a la isla. Al mismo tiempo demandó a la URSS la inmediata retirada de las armas atómicas de Cuba. El país fue declarado en "cuarentena", aunque en realidad aquel cerco duró pocos días. Cuando el gobierno soviético inició conversaciones con el estadounidense, mantuvo al margen al régimen de La Habana, precisamente, al que se encontraba en la primera línea de combate. Al final Krushchev aceptó las demandas de Kennedy enviando un mensaje el 26 de octubre en el que anunciaba que los cohetes serían desplazados de Cuba. Como consecuencia se estableció un pacto según el cual EEUU se comprometía a no invadir a la isla, a no permitir que lo hiciera algún aliado, a levantar el bloqueo naval y a retirar los cohetes atómicos norteamericanos que apuntaban hacia la URSS desde bases estadounidenses en Turquía. Por su parte la URSS, además de retirar los misiles de Cuba debió comprometerse a no agredir a Turquía.

(5) Hubert Matos lidera actualmente la organización "Cuba Independiente y Democrática", con sede en Miami (EEUU).

(6) El Proyecto Varela, llamado así en recuerdo de un clérigo y prócer de la independencia cubana, propone la celebración de un referendo sobre una nueva ley electoral, de asociación y de apertura empresarial y una amnistía para los presos políticos.

(7) El Pico Turquino, de 1.974 metros sobre el nivel del mar, es la mayor elevación de Cuba, se encuentra en Sierra Maestra, en la zona oriental de la isla.

(8) La palabra es pendejo.

CBB PLT

   

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