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Viernes, 4 de julio de 2003

 

DESDE EL MALECON CON...

¿Cuba necesita de algún "despojo" ?

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

 

Los miles de partidarios de la secta Yoruba residentes en la isla estarán de plácemes estos días. Tanto, que como nunca antes, podrían ver arribar por el puerto habanero, un ferry que desde Miami traiga consigo nada menos que unos 600 babalaos, cuya primera ceremonia sería en la propia entrada de la rada, en un ritual ancestral heredado de sus añejos parientes nigerianos. Algunos de la calle, no muy fanáticos e incrédulos, ya anuncian que se trata de un "despojo"  a la ciudad  o lo que es igual, un ceremonial destinado a espantar los males.

El VIII Congreso Mundial Yoruba tendrá su sede la próxima semana en la capital cubana y a singular evento asistirá por segunda ocasión a Cuba el máximo exponente de este culto, el nigeriano Sijuwade Olobusé II.

Tan peculiar cita tendrá como escenario el Palacio de las Convenciones, sede de los grandes eventos internacionales y lugar de reunión del Parlamento isleño.

Los organizadores han vaticinado un gran éxito con una concurrida asistencia. Y esta vez el dictamen no ha salido de las tradicionales caracolas lanzadas sobre un paño de tercioplelo, sino por todos aquellos enterados que han solicitado participar del Congreso.

El mismísmo Olobusé II, quien ya en la anterior oportunidad le había deseado una larga vida al presidente Fidel Castro, esta vez acudirá acompañado de un notable séquito.

En Cuba, según estudiosos de la talla de Don Fernando Ortiz (ya fallecido) la secta Yoruba está muy extendida por obra y gracia de la gran cantidad de esclavos que en su tiempo arribaron de tierra nigeriana. Ellos trajeron sus creencias y modo de ver la vida. Luego, junto a las creencias religiosas católicas se efectuó una curiosa fusión donde por lo general, cada deidad Yoruba tiene su representación en el extenso santoral católico.

Pero hoy día, si bien priman entre sus filas muchos negros y mulatos, en los últimos tiempos ingresan también blancos.

Si bien es cierto que en los años ochenta la secta Yoruba no era perseguida ni tan siquiera prohibida, quienes profesasen tales ideas eran mal vistos por las autoridades a tal extremo de no poder alcanzar cargos públicos, políticos ni diplomáticos, pero más tarde el Partido Comunista llegó hasta admitirlos en sus filas.

La casi obligada ceremonia que cada cubano -creyente o no- realiza al descorchar una botella de ron, en estos días deberá incrementarse. No es otra, que la de ofrecer el primer trago al santo que debe protegerlo.

Todavía más si estamos en Congreso y necesitados de paz, armonía y felicidad.

 

  

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