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Viernes, 11 de julio de 2003
DESDE EL MALECON CON... Ni los santeros cubanos se ponen de acuerdo Por
Aurelio Pedroso
Si se pudiese extraer una gran enseñanza del recién comenzado VIII Congreso Mundial Yoruba habría que anotar a toda velocidad y sin riesgos a la equivocación, que no por culpa de las poderosas deidades del panteón afrocubano de esta religión hay desacuerdos entre los creyentes. Son los por seres mortales, vivitos y coleando quienes han propiciado una muy seria división. En primer término, entre los creyentes cubanos de Cuba (suena rara la expresión) y en segundo, pues quiénes van a ser: los de Miami, que ya están están protestando y echando pestes del secretario de esa sociedad en la isla. En fin, que no vendrá el famoso ferry con los 600 babalaos que nos iban a visitar. Ayer, entre las intervenciones verbales y los cánticos de los nigerianos que comandan el Congreso, corrió la voz por los pasillos y puertas además, que otro grupo de yorubas, los llamados de 10 de Octubre, pusieron pies en polvorosa al no ser aceptadas sus ponencias. Esta agrupación es una de las que también lanza la llamada Letra del Año, un conjunto de predicciones y consejos, en realidad no muy divergentes del que elabora el grupo que ahora participa en el Congreso. Desde hace años están por unirse y ni Shangó lo logra. Vaya lucha de intereses o poco poder de convencimiento. Nada novedoso por cierto. Dicen los cubanólogos "de café con leche", que tampoco deber ser obviados porque algo siempre saben, que donde hay tres cubanos uno quiere ser el jefe. Tal vez para no trabajar... Que discrepen es bueno si al final hay concordia. Sin embargo, en este culto, cuyos principales promotores aseguran que se trata de la religión más compleja que existe sobre el planeta Tierra, se promueve algo que ellos llaman "Iguapelé", y que no es otra cosa que el buen carácter, con un gran peso en la paciencia y la humildad. Si en realidad hay desavenencias con los de Miami no las busquemos en la interpretación de la regla de Osha o en qué animales deben ser objeto de sacrificios, sino en la política, en el eterno contencioso entre muchos de allá con otros tantos de acá, en el tema que sea. Sin acuerdos. Y lo peor, sin diálago. En Cuba, me confesaba Manuel Martínez, una autoridad yoruba y antropólogo de la Universidad Central de Las Villas, de la provincia de Villa Clara, un 80% de la población (más de cuatro millones) es creyente, y más del 50% de ese grupo tiene vínculos con cultos afrocubanos. Roguemos entonces a Alá, con esa palabra que nos sale tanto desde adentro así vivamos en la Conchinchina, cuyo verdadero significado es que que "así Alá lo desee", y escribamos que "ojalá", cuando llegue el tambor de fin de semana, reine en este evento el "iguapelé". Y si no es así, pues entonces en el próximo Congreso.
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