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Viernes,
18 de julio de 2003
DESDE
EL MALECON CON...
Compay Segundo partió
en busca de Matamoros
Por
Aurelio Pedroso
(La Habana)
El
conocido trovador cubano Francisco Repìlado, alias Compay Segundo,
ha fallecido en La Habana y sepultado por voluntad propia en su natal
Santiago de Cuba, a unos 900 kilómetros de la capital.
Compay, quien pronto cumpliría los 96 años de edad, había
tenido un sueño reciente, según confiesa uno de los músicos
del conjunto. Ocurrió en México, el último escenario
internacional donde actuó antes de caer en la insuficiencia renal
que le privó de la vida. Esa mañana, Compay relató
haber soñado que moría y ascendía al cielo. En lo
alto le aguardaba otra gloria de la música cubana, Miguel Matamoros,
quien le preguntó al recién llegado que qué hacía
por allí. "Vine a verte, Miguel", dijo Compay.
Si es cierto lo que de niño me contaban los abuelos y el cura de
la parroquia, Compay hace risas ahora con Miguel Matamoros, Ñico
Saquito y Pepe Sánchez, entre otros insignes soneros. Pero muchos
sabemos que no es así. Compay vivirá por su música,
en su melodía Chan Chan, tan popular como la propia Guantanamera
y que en su momento deleitó al Papa Juan Pablo II.
Hombre que llegó tarde a su merecido sitial en la fama (casi a
los 90 años) brilló además por sus valores humanos.
Nunca olvidó a los suyos que al fin y al cabo eran, y son, tan
humildes como él en su tiempo. Por ello, cuentan los allegados,
que siempre tenía atenciones con sus antiguos compañeros
torcedores de puros. Con los niños de la calle era también
generoso. Cuenta el musicólogo y biógrafo del artista, Lino
Betancourt, que en una ocasión los invitó a helados, "pero
no lo compren ustedes. El dinero a mamá, que a ella sí no
le falsean el vuelto".
Compay Segundo (Segundo porque hacía de voz segunda) escaló
los escenarios más importantes de EEUU, Inglaterra, Francia y España,
donde tiene registrada en la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE)
un total de 129 títulos.
Al colega Pedro de la Hoz le confesó el secreto de la longevidad
y actividad en el arte: "Como poco para no aburrirme de la comida,
no como todos los días, como un día y al otro es caldo y
nada más, para que mi organismo descanse. En general, la cuestión
está en no aburrirme de nada. El hastío es el peor enemigo
del ser humano. Lo otro es tener paciencia que todo llega. A mí
me llegaron las flores de la vida a tiempo, sí señor".
El mismo periodista le preguntó hasta cuándo era capaz de
soñar. Compay, con su peculiar sentido del humor, le aclaró
que "pienso vivir 115 años como mi abuela. Entonces no me
moriré, porque voy a pedir prórroga".
La vida no se la concedió. Le dio algo más importante: la
inmortalidad. La misma que ahora comparte con su amigo el también
cubanísimo Miguel Matamoros.
CBB
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