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Viernes, 8 de agosto de 2003
DESDE EL MALECON CON... "Cosecha lista, mi coronel" Por
Aurelio Pedroso
¿Conoce usted de algún ministerio en este mundo que dedique parte de sus quehaceres a otra tarea? ¿Sabe, por ejemplo, de un Ministerio de Educación que se empeñe en construir embalses, lanzar naves al espacio o velar por la tranquilidad ciudadana? Pues en Cuba, uno de los cuatro ejércitos pertenecientes al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar), el denominado Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) es hoy por hoy, una de las principales fuerzas productivas de la isla y acaba de arribar a sus tres décadas de vida. Todo comenzó allá por los memorables años 70 cuando dos fuerzas agrícolas, las Divisiones de Infantería Permanentes, por disposición del Minfar, deciden fusionarse a la Columna Juvenil del Centenario para nacer entonces el EJT. Ya para esa fecha había desaparecido una fuerza de triste recuerdo para muchos: las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) hacia donde iban a parar obligatoriamente aquellos que no laboraran, tuvieran otras inclinaciones sexuales más allá de las "normales" o que por sus cabezas rondaran ideas adversas a la Revolución. Camagüey, una provincia que merece un mejor destino turístico, no sólo por sus playas y fondos marinos sino también por la rica historia que acumulan sus peculiares calles, fue el escenario conmemorativo porque todo lo anterior nació y ocurrió en esas tierras "agramontinas" (así, porque camagüeyano fue el patriota independentista Mayor General Ignacio Agramonte). El EJT se ha empeñado en ser un numeroso contingente de jóvenes (más de 300.000 han pasado por sus filas) con la mira puesta en el fusil Kalannikov y la otra en el surco de labranza. Los muchachos pasan allí su Servicio Militar Activo con salarios mensuales equivalentes a los de un cirujano de primera categoría, sino es algo más. Se resume de esta forma, las dos misiones para lo que fue creado el EJT y que hoy es una de las principales consignas de la sociedad cubana: producción y defensa. Los métodos de trabajo, dirección y conocimientos adquiridos le han valido para que ministerios como el de la Agricultura le entregue en contrato de administración miles de hectáreas que un teniente coronel se encargará de hacer producir. Es el caso de la Empresa de Cultivos Varios de Sierra de Cubitas, donde el único militar de uniforme es el teniente coronel Vladimir Carralero y el resto de sus subordinados, incluyendo el Consejo de Dirección, son civiles. Pues, sorpresa, la empresa marcha de maravillas, con altos rendimientos y ganancias a distribuir entre los trabajadores, la granja como tal y el Ejército, obviamente. Esta empresa dispone de 2.000 hectáreas para la ganadería y 1.000 para cultivos varios. Producen bien y bastante en fértiles tierras rojas y el destino es social: escuelas, hospitales y el mercado del EJT de la capital camagüeyana. Tienen decorosas condiciones de vida y conversando con algunos se percibe que charlan con sinceridad y de corazón, algo muy importante en el camino de conocer la pura verdad y no la frase impuesta ante la llegada de la siempre preocupante prensa extranjera. Una antigua capilla privada en esos parajes es todo un señor club hacia donde van a comer en familia y divertirse los fines de semana. En el ámbito nacional, el EJT todavía tiene una gran batalla por librar. Aún vende a precios que no están al alcance de todos, aunque sean más bajos que los precios de los negocios particulares. Ejemplo: La carne de cerdo en el privado oscila entre los 25 pesos el medio kilo y ellos la ofertan en torno a los 18. La granja Providencia sí tiene jóvenes soldados y es una suerte de pequeño residencial en el medio de grandes plantaciones de caña de azúcar. Muy pronto, según aseguran los mandos militares, toda la instalación pasará a manos de campesinos que deberán proseguir en las tareas del corte de la caña. Son más de una veintena de casas y hasta una guardería infantil está prevista en el sitio que ocupa hoy el gran comedor del campamento. Otra de las granjas visitadas fue La Campana. Y vaya si sonó la "campàna". El almuerzo a los periodistas fue confeccionado a partir de lo que allí se produce. Los extranjeros, a por la gran variedad de frutas, mientras que los cubanos, como era de esperar, hacia los suculentos asados de cerdo y carnero. La producción de La Campana va dirigida hacia el mercado del EJT en la ciudad y son ellos quienes fijan los precios. Cerdos de raza canadienses reciben alimentación autóctona, nada de piensos, y el sistema montado les permite a los seis meses enviar al "cabizbajo" a mejor vida en la comida de la población. Su director, un joven capitán fue ascendido en el acto conmemorativo al grado de mayor. Sus méritos "militares" no eran otros que la buena administración y los resultados de enviar comida a la gente de la calle. Que un Ejército en pleno se dedique a alimentar a la población y a participar de lleno en tareas mayores como el corte y cultivo de la caña o a fomentar grandes rebaños ganaderos, por citar sólo pocos ejemplos, debiera sonrojar a las autoridades cuya responsabilidad ante el Estado sea esa. Pero no hay otra forma posible por el momento de aplicar otras políticas o estrategias. Bienvenido sea un ejército cuyos oficiales ascienden no por plazas tomadas o víctimas entre los enemigos, sino por logros productivos y que sus soldados reciban una paga no por matar, sino por hacer producir la tierra y que tanto jefes como soldados no tengan que echar mano al siempre despierto Kalannikov.
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