|
Semanario de
información económica y financiera | |||
|
|
Jueves, 14 de agosto de 2003
La criminalización de Chávez Por
Luis Méndez Asensio*
La
polarización social que ha partido a Venezuela en dos mitades, cuenta
también con culpables de primer grado en las filas de la oposición, por
más que los adversarios del presidente Hugo Chávez proclamen a los cuatro
vientos su condición de mártires. Siendo de una complejidad extraordinaria lo que está ocurriendo en
el país de Bolívar, uno de los pocos hechos irrevocables es que la autoridad
de Chávez procede de las urnas y que su legitimidad sólo puede ser cuestionada
por los mismos ciudadanos que lo eligieron abrumadoramente en 1998 y luego
en 2000. A pesar de que la oposición ha estado en condiciones de apurar al
máximo todos los márgenes constitucionales para que el presidente se someta
cuanto antes, quizás en septiembre, a un plebiscito que podría revocar
su mandato y a pesar de que el Gobierno se ha mostrado dispuesto a respetar
el resultado del mismo si los organizadores consiguen juntar las firmas
necesarias (20% del padrón electoral), la figura presidencial sigue siendo
pasto de todos los mentideros de Caracas y los francotiradores no dejan
de apretar el gatillo. En cualquier país medianamente democrático, los tribunales
ya se habrían empleado a fondo contra los que encienden a diario el ventilador
para arrojar contra Chávez todo tipo de infundios y descalificaciones
más propias de una pelea de cantina que de un debate público. Este acoso
cotidiano reviste una gravedad extrema cuando se practica desde los medios
de comunicación que, salvo muy contadas excepciones, se han convertido
en la vanguardia de un proyecto desestabilizador con el que se persigue
que las aguas retornen a su antiguo cauce, mucho más propicio para la
engorda de las fortunas y los poderes fácticos que, sobre todo, emergieron
en el país en el ecuador del siglo XX coincidiendo con el despegue petrolero,
la corrupción de las clases dirigentes y las políticas de despilfarro
(ideas y dinero) que los dos partidos tradicionales, socialdemócrata y
demócratacristiano, practicaron sucesivamente hasta acabar con la credibilidad
del sistema. La beligerancia con la que los medios de comunicación privados
combaten a Chávez en nombre de las libertades que, según ellos, se han
ido perdiendo y la impunidad con la que ejercen el asedio, hay que encuadrarla
en un contexto de debilidad institucional y no de autoritarismo a ultranza
que es precisamente el pecado que con mayor frecuencia se le atribuye
al mandatario venezolano. Sólo desde un complejo de clase alimentado por
varias generaciones, temeroso de que cualquier diligencia administrativa
contra los medios de comunicación sea interpretada como un preanuncio
de los funerales de la democracia, puede Chávez aguantar el diluvio de
improperios que está cayendo sobre el Palacio de Miraflores sin que sus
hacedores respondan ante la Justicia. El diplomático español Emilio Menéndez del Valle, quien acaba
de visitar Venezuela como miembro de una Comisión del Parlamento Europeo,
reproducía en fechas recientes dos párrafos aparecidos en la prensa de
ese país, firmados por columnistas de renombre, y en los que se pedía,
simple y llanamente, la muerte del presidente por sus insoportables despropósitos.
Por supuesto, ninguno de los dos ha respondido ante los tribunales por
incitar al magnicidio. Ni siquiera han sido amonestados por sus colegas
más escrupulosos. Todo vale con tal de sacarse de encima al tirano que
amenaza con “cubanizar” al país. Ciertamente, Chávez ha cometido errores durante su mandato, sucumbiendo
demasiadas veces al caudillismo parlanchín, retocando innecesariamente
el mapa constitucional y desdeñando el diálogo con una oposición resentida
por su doble fracaso en las urnas, mientras asustaba a los burgueses advirtiéndoles
que, ahora sí, había llegado finalmente el turno de los desposeídos. Pero
ninguno de estos errores amerita el paredón. Todos ellos se pueden manejar
dentro de las fronteras institucionales. Por el contrario, son algunos líderes de la oposición y, con ellos,
los propietarios y editores de los medios de comunicación los que se han
situado desde hace tiempo fuera de la legalidad democrática al invocar
el linchamiento del presidente por todos los altavoces del país y sin
reparar en gastos sociales. * Periodista y Escritor. Agencia de Información Solidaria
|
| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
|