Semanario de información económica y financiera
   

Viernes, 22 de agosto de 2003

 

DESDE EL MALECON CON...

El triple salto mortal de un notorio disdente cubano

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

 

Lo peor o mejor (según las preferencias) que podía ocurrirle al conocido internacionalmente opositor cubano Elizardo Sánchez Santa Cruz Piloto, era que durante una de sus evoluciones de acrobacia política alguien le retirase la red protectora y se fuese de bruces contra el sucio serrín de la pista circense.

Elizardo, de 59 años de edad, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, pero además, el hombre que solicitaba, fiscalizaba y distribuía todo el dinero que desde el exterior mucha gente, gobiernos, organizaciones anticastristas, etc., enviaban para apoyar la labor opositora y aliviar penurias de presos políticos (Cuba no reconoce esta clasificación) y sus respectivas familias, ha sido presentado por dos periodistas oficiales cubanos como el agente Juana de los servicios de Contrainteligencia.

Como era de esperar, el revuelo no ha concluido. Opiniones y criterios brotan a diestra y siniestra y si se compilasen de seguro triplicarían las casi 70 páginas escritas por Lázaro Barredo y Arleen Rodríguez en su libro titulado El Camaján, con casi la mitad de su contenido dedicada a reproducir cartas, documentos, fotos de la labor desarrollada por la persona a la que algunos en el exterior de la isla ya veían como el futuro presidente de una Cuba democrática, plural, respetuosa de los derechos humanos y... bastante cercana a EEUU y a ese núcleo duro de la ultraderecha cubanoamericana.

Santa Cruz, sus colaboradores locales más allegados y mucha gente de Miami dan por calumniosa y mentirosa tal aseveración y precisamente esto es lo que ha dado pie a las mil y una conjeturas de hasta dónde es cierto que el futuro presidente era o no un 'topo' de la Seguridad del Estado.

Si no falla la memoria, es la primera vez en la historia de la revolución cubana (recordar que triunfó en 1959) que se devela o 'quema' a un agente para a continuación decir algo así como "y la pura verdad es que era un bandolero, ladrón y oportunista".

Elizardo no acepta como verídico que fuera condecorado con una distinción que muchos cubanos leales a Fidel Castro enrolados en las filas del Ministerio del Interior, deben trabajar muy duro para alcanzarla. Esta medalla se otorga "Por el Servicio Distinguido en el Ministerio del Interior" y la concede sólo el ministro de esa institución armada.

Al margen de los métodos de reclutamiento que empelan los servicios de inteligencia o contrainteligencia de cualquier país del mundo, (que dicho sea de paso son casi idénticos) al igual que las normas para proteger a sus agentes, Elizardo Sánchez Santa Cruz cometió el craso error de querer estar en la misa, en la procesión y al mismo tiempo tocando a redoble las campanas en tan peculiar templo como lo es la Cuba de hoy.

El libro-testimonio contiene una secuencia gráfica, al parecer verdadera, en la que un coronel de Interior le condecoraba y le daba un abrazo. Para alguien algo entendido o fanático de películas de esa naturaleza, tal espacio estaba concebido para grabar y filmar, pero Elizardo no se percató de ello y se fundió en un abrazo memorable con el uniformado.

"El abrazo de su muerte política", aseguran algunos en las calles de La Habana. La metódica de las autoridades políticas cubanas, y en especial la del propio Fidel Castro, indica para quienes la conocen que tal asunto no está concluido.

Como aseguraron los autores, cuando Elizardo solicitó colaborar, se le dio rienda para ver hasta dónde llegaba. Es lo mismo que está sucediendo con el libro, una gran rienda para ver y estudiar reacciones y, de seguro, volver a una segunda carga, que tal vez no sea escrita, donde acabar de desacreditar la figura del disidente con hechos y pruebas irrefutables.

Si esto no se llevase a efecto, entonces los de Miami, Elizardo y su cohorte podrían tener razón al afirmar que se ha tratado de un montaje porque sabido es que los disidentes cubanos son citados con cierta frecuencia a las dependencias policiales para charlas, aclaraciones, recados, consejos o preguntarles, curiosamente, por su estado de salud.

En fin, que estamos en presencia de una nueva historia que recién comienza. Por lo pronto, en la gente de a pie, que casi ninguno conocía a Elizardo Sánchez Santa Cruz, se ha acrecentado todavía más no tanto la fortaleza o el poder de infiltración en las filas adversarias a la Revolución, sino ese síndrome que muchos llevan en el día a día y que no es otro que esa rara sensación de ser escuchado, monitoreado o lo peor, como manifiesta un vecino, que "ahora si nadie sabe quién es quién".

El libro contiene breves datos e informaciones de interés que Santa Cruz le ofrecía a los servicios especiales cubanos. Y se menciona a presuntos oficiales de inteligencia estadounidenses como parte de delegaciones que arribaron a Cuba, así como perfiles y descripciones de periodistas extranjeros y diplomáticos de España o EEUU.

Acerca de la gestión financiera de Elizardo Sánchez Santa Cruz se brindan más detalles en el libro: era el receptor y distribuidor. Y aunque ya desde mucho antes se conocía que del donativo incial era bien poco lo que arribaba a la isla, existen documentos que demuestran que los 'soldados de a pie' recibían un dólar diario mientras que los autores estiman que el Elizardo se embolsó en los últimos años unos 200.000 dólares.

Gobiernos como el español, el estadounidense y (cosa rara) el noruego, enviaban también, bajo diversos mantos, sus contibuciones al movimiento opositor y a sus partidarios encarcelados, según documentos aparecidos en El Camaján, nombre que en buen cubano resulta ser un vividor.

El capítulo no ha terminado. Sólo ha comenzado. Vaya final del verano.

CBB PLT

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