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Viernes 29 de agosto de 2003

 

Para muchos expertos lo peor ya ha pasado

¿Está o no está Brasil en recesión?


Por Miguel Humanes


Las alarmas han saltado, sobre todo en los medios de comunicación: "Brasil está en recesión". El Gobierno de Lula no quiere ni oir esa palabra. Y los analistas macroeconómicos se lo toman con más calma. El término "recesión" es complejo, aunque según los diccionarios económicos, está claro: dos trimestres consecutivos de reducción de la actividad económica significa que la economía en cuestión ha entrado en recesión. Y Brasil acumula exactamente eso: dos trimestres de crecimiento negativo de su Producto Interior Bruto (PIB), el primero y el segundo de este año.

Sin embargo, para muchos analistas, lo peor ya ha pasado. "La impresión que tenemos es que en el segundo trimestre la economía fue al fondo del pozo, pero como los intereses (los tipos de interés) están a la baja desde mayo, hay posibilidades de un crecimiento moderado a partir del tercer trimestre, aunque no será nada espectacular", ha declarado el economista jefe de Citigroup, Carlos Kawall, a la agencia EFE.

En el mismo sentido se manifiesta el presidente del gigante textil Coteminas, Josué Gomes da Silva, para quien "lo peor pasó" para la economía de Brasil y espera una modesta recuperación antes del final del año y una mayor en 2004, según informa la agencia Reuters.
Marcelo Salomon, economista jefe del banco ING en Sao Paulo, es de la misma opinión. Salomón dijo a Reuters que la caída del PIB fue sorprendentemente fuerte, pero añadió que en el segundo semestre de 2003, especialmente en el último trimestre, debería verse algún grado de recuperación por los recientes recortes en los tipos de interés y las nuevas bajas previstas. "Deberíamos ver una recuperación gradual (...) y tasas de interés cayendo, lo que mejora las expectativas y hace que la gente gaste más de lo que acostumbra", indicó Salomon.

Pero vamos con las cifras. El PIB brasileño se contrajo en el segundo trimestre del año un 1,6% respecto a los tres primeros meses del año. Ese retroceso se suma al experimentado en el primer trimestre, -0,6%, respecto al último cuarto de 2002. En tasa interanual, la economía brasileira decreció entre abril y junio un 1,4%, la mayor caída desde 1998. Esa debilidad de la economía en el segundo cuarto del año ha resultado especialmente sorprendente porque el consenso de los mercados financieros apostaba por un crecimiento del 0,8%, máxime cuando en el primer trimestre se produjo una mejora de la actividad económica del 0,3% respecto al mismo periodo de 2002.

Y precisamente a ese moderado avance interanual se ha aferrado el Gobierno de Lula para negarse a hablar de recesión. Otros expertos apuntan que el problema de Brasil es que desde hace mucho tiempo registra bajas tasas de crecimiento, lo que también puede interpretarse como una "recesión encubierta".

La caída de la producción global de la economía brasileña ha estado liderada por el descalabro del sector industrial, que en el segundo trimestre se desplomó un 3,7% respecto al primero. Y entre enero y marzo la producción industrial ya había decrecido un 2,4% respecto al trimestre anterior. En este sentido, la Federación de la Industria en el centro industrial de Sao Paulo dijo el miércoles que las ventas de julio aumentaron casi un 5% y que la actividad industrial detuvo su caída.

La cabeza de turco de esta "recesión" ha sido el Banco Central de Brasil (BC). La mayoría de las críticas se dirigen a esta institución y a su restrictiva política monetaria, cuya bandera son unos tipos de interés oficiales (tasa Selic) del 22%, que llegaron a estar este año en el 26,5%. Hasta el propio responsable de elaborar, entre otras, las estadísticas del PIB brasileño, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), ha criticado al BC, al hacerle responsable de la marcha negativa de la economía en la primera mitad del año por la rígida política monetaria que ha aplicado para frenar la escalada de la inflación.

Pero pese a que los últimos datos del PIB resultan decepcionantes, el Gobierno brasileño y un sector de los expertos consideran que con la trayectoria a baja que están mostrando los tipos de interés, el PIB puede mejorar en lo que resta de año.

Y aunque, como dicen algunos analistas, los datos del segundo trimestre "ya son agua pasada", la clave de este debilidad del PIB mayor de lo previsto ayuda a explicar por qué la inflación ha estado cayendo tan rápidamente en los últimos meses. Además, teniendo en cuenta el elevado grado de capacidad productiva ociosa, hay poco margen para que se produzcan presiones inflacionistas cuando la actividad económica repunte.
Las previsiones de crecimiento del PIB para el conjunto de 2003 se han revisado a la baja con rapidez, aunque el abanico de 'apuestas' es bastante amplio: desde el 1,5% oficial (que a principios de año llegó a ser del 2,8%), hasta el 0,7% que baraja un buen número de expertos.
Por su parte, la Bolsa de Sao Paulo parece tener claro que no hay motivos para alarmarse. El índice Bovespa subía al cierre de esta edición un 0,69% y se situaba en zona de máximos anuales, en 15.168,20 puntos. Los inversores ya descontaron hace días la aprobación de la reforma de la Seguridad Social en el Congreso (que se produjo en la noche del miércoles) y eso llevó al Bovespa a registrar dos máximos anuales consecutivos. En la jornada de ayer hubo un proceso de recogida de beneficios (ventas que buscan recoger las últimas plusvalías generadas por el mercado) y hoy el signo positivo volvía a la Bolsa de Sao Paulo.

El Presupuesto de 2004 ya está en el Congreso. El pasado jueves, el ministro de Planificación brasileño, Guido Mantega, envió al Parlamento la propuesta del Presupuesto de 2004. Las principales líneas del documento son: Ingresos de 402.200 millones de reales (128.386 millones de euros), lo que supone un 23% del PIB y un incremento del 11% respecto a 2003; unos gastos de 299.600 millones de reales (95.635 millones de euros), un 17,3% del PIB y un 12,8% más que el año pasado; una previsión de crecimiento del PIB del 3,5%; inflación del 5,5% (para este año se prevé un 8,5%); un tipo de cambio promedio de 3,37 reales por dólar para acabar el año en 3,48 reales por dólar (hoy cotizaba a 2,96) y unos tipos de interés promedio del 15,7%.

Muchos analistas consideran estas estimaciones como "razonables" e incluso algunos expertos como los de Dresdner Kleinwort son más optimistas en la previsión del tipo de cambio: 3,23 reales por dólar de promedio y 3,25 para el final del año.

Y volviendo a la disquisición de si la economía brasileña está o no en recesión, lo más sensato sería dictar una sentencia salomónica: técnicamente sí lo está, pero razonada, o humanamente, no es así. Todos los indicios apuntan a que el crecimiento económico está a la vuelta de la esquina y de la buena gestión del BC, del Gobierno de Lula y de los propios agentes económicos, dependerá el grado de intensidad de la recuperación.

BSL MCR

   

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