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Viernes
5 de septiembre de 2003
Inesperada aprobación de la reforma fiscal en Brasil
Lula
da el do de pecho
y los mercados le corean
Por
Miguel Humanes
Lula
está consiguiendo lo que no pudo llevar a cabo Fernando Henrique
Cardoso, su ilustre antecesor. En poco más de 15 días,
y contra todo pronóstico, el actual presidente de Brasil
ha logrado la luz verde del Congreso a dos reformas estratégicas
para impulsar a la primera economía de América Latina:
la de la Seguridad Social y la tributaria.
El
mandatario brasileño está demostrando que es capaz
de controlar el 'patio interior' de Brasil y sacar adelante los
cambios necesarios para modernizar y sanear al gigante sudamericano,
algo que intentó Cardoso durante sus dos legislaturas y no
consiguió.
¿Cómo
lo ha hecho? Con tesón y negociando las horas que hicieran
falta, buscando aliados y se supone que ofreciendo algún
tipo de contrapartida para esos que le apoyan al margen de la agrupación
que lidera, el Partido de los Trabajadores (PT).
Y es que mucho ha cambiado en Brasil. De eso no cabe duda. Y si a
alguien le sorprende, que eche un vistazo a la marcha de los mercados
financieros, esos sensores que tan rápida y anticipadamente reaccionan
a las coyunturas económicas y políticas de sus países. En el caso
de Brasil, los datos son escandalosamente esclarecedores: desde
la época de “pánico anti-Lula”, en los días previos a la celebración
de las elecciones presidenciales brasileñas, cuando se vivió
el momento más crítico para la salud financiera del
país, el mes de octubre de 2002, la Bolsa de Sao Paulo ha
subido casi un 80%, el bono a 10 años (cupón 11%) ha mejorado un
75% y el real brasileño se ha apreciado cerca de un 23%.
Es decir, que los inversores, analistas, operadores y demás participantes
en los mercados financieros han cambiado, en cuestión de 11 meses, su miedo a
Lula por un intenso y rentable amor.
Pero
todo tiene su explicación, porque si al dinero se le puede aplicar
muchos calificativos, el de “tonto” no es uno de ellos. El “pánico
anti-Lula” surgió cuando eran evidentes las posibilidades de que
Luiz Inácio Lula da Silva ganase las elecciones presidenciales de
Brasil de octubre de 2002. Los inversores se echaron a temblar pensando
que el líder izquierdista suspendería los pagos pendientes con los
organismos multinacionales (sobre todo con el FMI), dispararía el
déficit fiscal por la expansión del gasto social y vaya usted a
saber qué más “animaladas” podría llevar a cabo el ex líder sindical
de Sao Paulo al margen de la ortodoxia económica actualmente reinante.
Un fragmento de su biografía
escrita por la Fundación Cidob muestra esa terrible imagen de Lula:
“Exigiendo que se suspendiera
el pago de la asfixiante deuda externa, que terminaran los despidos
masivos en la industria paulista y, en definitiva, que no se transigiera
con las demandas del FMI, Lula perfiló una estampa de izquierdista
radical, con presencia y modos políticos propios del sindicalista
ceñudo y un tanto rudo que había sido, e incapaz de sofisticarse
para ganar respetabilidad y poder desenvolverse en los vericuetos
de la alta política federal, copada por personajes, desde la derecha
al centroizquierda, muy bien instruidos y hechos para el despacho
oficial, el traje y la corbata”. El pasaje se refiere a los años
80, pero poco había variado la imagen del líder brasileño antes
de las elecciones que le llevaron a la Presidencia de su país.
Pero Lula está haciendo bueno el refrán de que “el movimiento se
demuestra andando”. Con una gestión de las finanzas públicas prudente, con su
acierto al otorgar la independencia al Banco Central de Brasil y una capacidad
de negociación (o de seducción, como dicen los más frívolos) extraordinaria, está
sacando adelante importantes reformas estructurales de la economía brasileña,
como la de la Seguridad Social y la tributaria, que ya han pasado el test
del Congreso.
Otro indicador financiero constata la buena senda abierta por Lula.
El tan utilizado riesgo país, en las naciones en desarrollo con
problemas, ha recuperado su nivel de septiembre de hace tres años:
662 puntos básicos (6,62 puntos porcentuales). Ese diferencial entre
los bonos del Estado brasileño y sus homólogos del Tesoro de EEUU
llegó a situarse dos veces por encima de su actual registro.
Se cumplen así sobradamente las previsiones que hizo en Americaeconomica.com
Octavio
Barros, Economista Jefe del BBV
Banco de Brasil, el pasado mes de febrero. Por aquellas fechas, Barros auguraba
que el riesgo país de Brasil se situaría por debajo de los 800 puntos en la segunda
parte del año. Admiración sin rubores. Y algunos operadores de Wall Street no
se ruborizan al manifestar sentirse impresionados por la “habilidad política de
Luiz Inácio Lula da Silva, que ha obtenido un apoyo mayor de lo esperado para
la aprobación del texto de la reforma tributaria”, informó ayer el diario O
Globo on line.
Esa “habilidad política” de Lula tiene mucho que ver con el esfuerzo,
el tesón y el no darse por vencido. Como cuando lideraba a 100.000
trabajadores en los años 70, Lula pelea por lo que cree y así lo
demostró el pasado miércoles en la votación del proyecto de reforma
tributaria.
La sesión debía comenzar a las 11 de la mañana, pero la obstrucción
de los partidos de la oposición (fundamentalmente del Partido del
Frente Liberal -PFL- y del Partido Social Demócrata Brasileño -PSDB-)
hizo que la votación no comenzase hasta las 19 horas. Y el cierre
de la sesión que se producía tras el recuento de los votos no se
produjo ¡hasta las 2:50 horas del jueves! Eso da una idea de la
intensidad de las negociaciones, que por otra parte se venían desarrollando
a toda máquina desde la víspera.
Pero no es sólo la aprobación de las reformas lo que llama la atención
a propios y extraños, sino el hecho de que el Partido del Movimiento
Demócratico Brasileño (PMDB) esté demostrando con hechos su condición
de aliado del Gobierno al apoyarle en las votaciones. Y eso sugiere
que un acuerdo entre Lula y el PMDB permitirá que el resto del proceso
de las reformas transcurra tranquilamente, según la opinión de Jim
Barrineau, vicepresidente de mercados emergentes de Alliance Capital
Management recogida por O Globo.
Otros
analistas, como los de Dresdner Kleinwort, también valoran positivamente
el respaldo que está encontrando Lula en el PMDB y auguran que en
cuanto se remodele el Gabinete de Lula, que será más pronto que
tarde, el PMDB se hará con puestos ministeriales claves en la Administración
Lula. Esta hipótesis es contraria a los propios intereses del PT,
que perdería posiciones en el Gobierno. Estos expertos aconsejan
que las carteras ministeriales que debe mantener el partido del
presidente brasileño son las de Finanzas y la Jefatura del Gabinete,
actualmente ocupadas por Antonio Palocci y José Dirceu, respectivamente.
Lula despierta al dinero extranjero. Y volviendo a los asuntos financieros, parece
que Lula ha despertado y envalentonado a ese dinero extranjero que tan poco quería
saber de Brasil durante los meses previos a las elecciones presidenciales.
Y otra vez los datos iluminan la realidad: la Bolsa de Sao Paulo
alcanzó en los ocho primeros meses de 2003 el mayor flujo de capital
extranjero de su historia, con 3.449 millones de reales (unos 1.150
millones de dólares), según ha hecho público el propio mercado.
Hasta ahora el récord histórico de inversiones extranjeras en la
plaz bursátil paulista fue la de todo el año de 1996, cuando recibió
3.379 millones de reales (unos 1.126 millones de dólares al tipo
de cambio actual).
El abundante flujo de recursos externos hacia la bolsa se debe, según
los analistas, a la confianza que demostraron los inversores en
Brasil por la casi segura aprobación en el Congreso de las reformas
tributaria y de la seguridad social, destinadas a sanear las cuentas
públicas y a reducir el riesgo país por debajo de los 700 puntos
base, según informó el miércoles la agencia Efecom.
El pasado mes agosto fue también un mes excepcional para la Bolsa
de Sao Paulo porque los inversores extranjeros invirtieron 999,5
millones de reales (unos 333 millones de dólares). Ese resultado
fue producto de la compra de acciones por 4.604 millones de reales
(unos 1.534 millones de dólares) y ventas por 3.605 millones de
reales (unos 1.201 millones de dólares).
También en agosto, el índice Ibovespa de la Bolsa de Sao Paulo
subió el 11,8% y el volumen de negocio total de la plaza fue de
17.300 millones de reales (unos 5.767 millones de dólares), lo que
supone un crecimiento del 38,4% respecto al pasado mes de julio.
Es decir, que los inversores internacionales no se equivocaron (ni
los locales) cuando apostaron con sus compras por la aprobación de las reformas
durante las semanas previas a la votación de las mismas.
La Bolsa de
Sao Paulo, imparable. Y
la principal bolsa de Brasil, que no deja de marcar máximos en los
últimos días, lidera además el ránking de rentabilidad de
las principales plazas bursátiles latinoamericanas en los ocho primeros
meses del año. Mientras que la revalorización del Ibovespa en términos
de reales fue en ese periodo del orden del 35%, en dólares la subida
se dispara hasta cerca del 60%. Al mercado brasileño le siguen,
siempre en términos de la divisa estadounidense, las bolsas de Argentina
y Venezuela (+55% cada una), Chile (+37%), Perú (+36,5%), Colombia
(+30%) y México (+17%), según informa el semanario The Economist.
Por otra parte,
l a tradicional oposición de Lula al FMI se pone de manifiesto con
su reticencia a renovar el acuerdo de Brasil con el organismo multilateral.
El titular de Finanzas brasileño, Antonio Palocci, ha manifestado
que “si es necesario, el acuerdo será renovado”. En cualquier caso
las conversaciones que deben llegar a la concesión de un préstamos
por parte del FMI de 4.000 millones de dólares no comenzarán hasta
el próximo mes.
Lo que teme el
obierno de Lula es que un nuevo acuerdo con el Fondo puede constreñir
el ya de por sí débil crecimiento económico de Brasil (ver “¿Está
o no está Brasil en recesión?”) por la imposición de exigentes
objetivos fiscales. Pero parece que a ambas partes les conviene
llegar a un punto de encuentro. Para el FMI, Brasil es un “discípulo
exitoso”, como apuntan los analistas financieros, y ese prestigio
favorece a un organismo que ha sido muy criticado en los últimos
tiempos (sobre todo por la crisis argentina).
El Gobierno de
Lula, por su parte, puede diferir el pago de 12.000 millones de
dólares que tiene pendientes con el FMI para el próximo año si negocia
cambiar la condición de “expectativas de pago” (a 12 meses) a la
de “obligaciones de pago” (a 18 meses), con lo que tendría seis
meses más de margen para atender esa deuda.
La
mayor virtud que está demostrando Lula es su capacidad para atender las demandas
internacionales (para que no se cierre el grifo de la financiación) y mantener,
no sin dificultades, un respaldo en Brasil sorprendente: según la última encuesta,
del mes de agosto, más del 76% de los brasileños manifestaron su apoyo a la gestión
del presidente brasileño. De
este hombre de origen humilde, que perdió el dedo meñique de la mano izquierda
en un accidente laboral a los 19 años, y que lleva batallando en el sindicalismo
y la política brasileña durante décadas, se ha dicho que “no sólo va a cambiar
Brasil, sino también el mundo”. Quizás estas expectativas sean exageradas, pero
si Lula logra reestructurar su país (con atención especial a la educación de toda
la población), le sitúa en el camino del crecimiento económico, logra una mejor
distribución de la renta y además da un sólido empujón a la integración latinoamericana,
comenzando con el Mercosur, sin duda que habrá hecho una labor impagable. BSL
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