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Viernes 12 de septiembre de 2003

 

EEUU se plantea reducir sus aranceles sobre la siderurgia

Vuelta atrás

Por Alberto Miguel Arruti

El presidente Bush impuso, en marzo del año pasado, una serie de aranceles que en determinados productos siderúrgicos, alcanzaron la cota del 30%. Estos aranceles, según las previsiones que se hicieron en aquel momento, debían expirar en marzo de 2005. Estaba también prevista una posible revisión de estos aranceles al año y medio de su imposición.

Hubo razones económicas, pero también políticas, para tomar estas decisiones. La siderurgia estadounidense atravesaba desde hace años, una situación muy delicada: suspensiones de pagos y despidos. Desde 1997 han afectado a 45.000 trabajadores. Pero resulta además, que los estados siderúrgicos, como son Virginia Oriental, Ohio, Pennsylvania y Michigan, son muy importantes para Bush, para frontar las elecciones del año 2004.

Pero estos aranceles han terminado perjudicando a numerosos fabricantes de los propios EEUU, que dependen de la importación de determinados productos. Por ejemplo, han perjudicado a la industria del automóvil, que se enfrenta a unos productos siderúrgicos mucho más caros. Además, la Unión Europea prepara una serie de represalias. Por si fuese poco, la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha declarado que estos aranceles son contrarios a las normas internacionales.

Ante esta situación, EEUU se ha planteado eliminar,o al menos reducir, los mencionados aranceles. De momento, se espera un informe de la Comisión de Comercio Internacional para tomar una decisión definitiva. Por el momento, importantes personalidades de la vida política y económica estadounidense aconsejan a Bush la supresión o la limitación de estas trabas arancelarias.

Se recuerda ahora la promesa de Bush de llevar a cabo un Tratado de Libre Comercio de las Américas (ALCA). La adopción de los aranceles supuso, en un primer momento, una subida de los precios de los productos derivados del acero, que se dispararon. Luego cedieron y hoy puede decirse que se sitúan un 10% por encima de su nivel de marzo de 2002. Se acusa a esta política, que puede calificarse de desacertada, de haber eliminado 200.000 puestos de trabajo, que proceden sobre todo de las industrias automovilísticas y de máquinas de herramienta.

Según el informe anual de la OMC, durante el año pasado, el comercio se incrementó a un ritmo más alto que la producción mundial, que creció hasta un 5% en el sector servicios, pero que podría haber aumentado más si no hubiera sido por la debilidad de la recuperación económica, la contracción de la inversión extranjera directa, las oscilaciones del tipo de cambio y el aumento de las restricciones y controles.

Con vistas al año 2003, la OMC señala su preocupación por la Guerra de Irak, la inestabilidad de Oriente Próximo y por los efectos imprevistos de la neumonía atípica. En definitiva, la recuperación del comercio mundial no se producirá de momento, lo que significa discrepar de las expectativas de las dos grandes autoridades monetarias mundiales: el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de EEUU, que colocan en la reactivación del comercio internacional, la causa y el motivo de un despegue económico.

El crecimiento del comercio internacional se situará en menos del 3%, tasa que confiaba alcanzar la OMC en sus predicciones del pasado mes de abril.

  

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