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Viernes
12 de septiembre de 2003
V
Conferencia Ministerial de la OMC en Cancún
Un
diálogo entre sordos
Por
Michela Romani
Los ojos del mundo miran a Cancún.
Para ver si los 146 países que integran la Organización
Mundial del Comercio (OMC) son capaces de ponerse de acuerdo sobre
el futuro del comercio mundial. Pero el balneario mexicano, paraíso
del turismo occidental, parece haberse transformado en la nueva
Torre de Babel. Las naciones ricas y las pobres, los manifestantes
anti-globalización y las autoridades, las diferentes ONGs
y los grupos de opinión... cada uno habla un idioma que los
demás no entienden. O no quieren entender.
Porque en realidad,
el llamado sur del mundo ha hablado claro: la V Conferencia Ministerial
de la OMC tiene que solucionar el problema de los subsidios agrícolas
que las naciones industrializadas otorgan bajo varios conceptos
a sus agricultores. Un monto total de 300.000 millones de dólares
anuales, de los que casi el 50% pertenece a EEUU y la Unión
Europea (UE). Lo que significa que estos países se gastan
cerca de 400 millones de dólares diarios en ayudar a sus
agricultores. Casi seis veces más del total de fondos que
destinan a la ayuda internacional. Una cifra aún más
impresionante si se considera que el sector primario representa
sólo el 2% del Producto Interior Bruto (PIB) tanto de la
UE, como de EEUU. En este sector trabaja el 5% de los europeos y
el 2,5% de los estadounidenses.
En América
Latina y el Caribe, en cambio, el PIB agrícola representa
hasta un 8% del total y este porcentaje sube hasta el 20% en América
Central y el 14% en Sudamérica. Pero estas naciones no tienen
los recursos para incentivar económicamente su producción
agrícola. Y las necesidades de rigor presupuestario que el
sistema financiero internacional (léase FMI) les impone como
condición para acceder a la financiación, empeora
las cosas. Valga como ejemplo que, desde 1982 hasta la fecha, el
presupuesto de México para el apoyo al sector agrícola
ha bajado del 12% al 3,5% de su PIB. Mientras, el de EEUU crecía
un 300%.
Los intercambios agrícolas representan apenas el 10% del
comercio global, frente al 75% de los industriales y el 15% de los
servicios. Pero la búsqueda de reglas justas en este sector
es de vital importancia para las naciones pobres y las en vía
de desarrollo. Las exportaciones agrícolas representan casi
el 29% del total del comercio exterior de América Latina.
Este porcentaje se reduce al 7,7% y el 6,6% en Europa y EEUU, respectivamente.
El sur se ha
puesto de acuerdo para hablar con una sola voz en Cancún.
Intentando dificultar la tarea de quienes no quieren escuchar. El
Grupo de Cairns, los 127 principales exportadores de productos agrícolas,
y el G-20, capitaneado por Brasil, India, China y Sudáfrica,
han coincidido en advertir a la UE y a EEUU que, a falta de un acuerdo
que prevea la eliminación de los subsidios a la agricultura,
la conferencia de Cancún concluirá sin avances en
ninguno de los otros sectores. Los negociadores de este bloque han
recordado que ellos representan al 50% de la población del
planeta.
Europeos y estadounidenses
no han querido ser menos. El miedo al aislamiento en Cancún
les ha obligado a dejar de un lado sus múltiples diferencias
en temas comerciales. El pasado mes de agosto, en Ginebra (Suiza),
acordaron una propuesta común para la Conferencia de la OMC
que prevé la reducción promedia de las subvenciones
agrícolas de un 10% en un plazo de cinco años. Washington
y Bruselas consiguieron además que su propuesta se viera
recogida casi completamente en el texto oficial que debía
servir de base para las negociaciones.
Pero el grupo
de Cairns y el G-20 se han negado y han obligado al presidente del
Consejo General de la OMC en Ginebra, Carlos Pérez del Castillo,
a que cambiara el documento e incluyera en el nuevo la propuesta
de enfocar la negociación agrícola sobre tres temas:
los subsidios a las exportaciones, el acceso a los mercados y los
mecanismos de subvenciones internos.
Sin embargo,
el pesimismo es el sentimiento que prevalece con respecto a los
resultados de esta cumbre, que entra ya en su recta final. Nadie
cree que los ricos del mundo se dejen convencer de la necesidad
de renunciar a parte de sus privilegios. Y esta vez, el sur no parece
dispuesto a abandonar su lucha.
No es para menos.
Según datos del Ministerio de Agricultura de Brasil, uno
de los países que más está pujando para que
occidente acepte las propuestas del sur, pierde cerca de 10.000
millones de dólares anuales en concepto de exportaciones
agrícolas por las barreras de varios tipos con las que EEUU
y la UE protegen su campo. El ministro de Agricultura de Colombia,
Carlos Gustavo Cano, ha informado que la eliminación de las
protecciones agrícolas "permitirá incrementar
las exportaciones de las naciones más atrasadas en un 24%
y aumentar sus ingresos rurales anuales en 60.000 millones de dólares".
Algunos estudios
apuntan a que, si Washington y Bruselas no subvencionaran su agricultura,
América Latina triplicaría sus exportaciones agrícolas
anuales, debido a que sus productos podrían competir con
los de estas zonas. A causa de las políticas agrarias de
los Quince, los países en vías de desarrollo en su
conjunto dejan de exportar cerca de 20.000 millones de dólares
anuales. Los subsidios de EEUU y Japón son responsables de
11.000 millones y 5.300 millones de dólares respectivamente.
Y mientras dentro del Palacio del Poder se discute sin entenderse,
fuera se protesta. Cerca de 40.000 altermundistas o antiglobalizadores
se han dado cita en México para expresar su repudio a la
OMC. Como siempre pasa en este tipo de encuentros, los manifestantes
pertenecen a las más diferentes ideologías y grupos
sociales y políticos, lo que se refleja en las diversas formas
de protesta, desde las más pacíficas y lúdicas
hasta las técnicas de guerrilla urbana.
En paralelo
con lo que sucede dentro, fuera los campesinos han tomado las riendas
de las manifestaciones. Los primeros incidentes de relieve ocurrieron
cuando una enorme manifestación de campesinos, con un abultada
mayoría de mexicanos y coreanos, intentaba romper las barreras
policiales para llegar al llamado kilómetro cero,
la zona protegida donde deliberan las autoridades. La Policía
mexicana ha recibido órdenes claras: las limitaciones de
movimiento de los manifestantes hay que hacerlas respetar. Y así
han comenzado las cargas policiales y el lanzamiento recíproco
de objetos y de gases lacrimógenos. Y eso que en víspera
de la cumbre las calles de Cancún han sido limpiadas de todas
las piedras u otros objetos que los altermundistas pudiesen utilizar
como armas arrojadizas.
De momento,
Cancún se había cobrado su primera víctima.
Un campesino coreano se ha inmolado haciéndose un hara-kiri
con un cuchillo. El hombre llevaba una pancarta que acusaba a la
OMC de matar a los agricultores. Sus compañeros gritaban
estar orgullosos de él.
Cancún,
en el antiguo lenguaje de los mayas, significa "nido de serpientes".
Un sitio peligroso, donde el futuro del mundo corre el riesgo de
ser envenenado.
RGN
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