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Semanario de
información económica y financiera | |||
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Viernes, 12 septiembre de 2003
Los informes de Gobierno, teatro o necesidad social Por
Enrique Orozco
Las
costumbres se hacen leyes en nuestro país, dice un refrán mexicano. Los informes
de Gobierno realizados a lo largo de muchos años por los diferentes niveles de
la Administración, siguen convertidos en actos sujetos a evaluación porque, si
bien es cierto que las leyes obligan a efectuar un informe anual de actividades
y finanzas públicas, también es cierto que no hay ley que diga cómo hacer esos
informes. Habitualmente
se elaboran conforme a las costumbres de montar un escenario costoso y basado
más que todo, en acomodar datos que tiendan a dar un sentido político difícil
de entender por la mayoría del pueblo, pero que haga sentir a los pocos que merodean
en torno a enfoques publicitarios de los medios, que se han realizado actos con
heroísmo y patriotismo nacional. Asimismo, se da por hecho que los diputados, considerados
anfitriones a quienes deben rendirse cuentas oficialmente, traen los machetes
en la mano para echarse encima del exponente. Por lo tanto, dichos informes también
van acomodados, básicamente, a la reacción de éstos, pero finalmente no puedan
hacer nada al respecto, salvo pegar de gritos e insultar y desvalorar en todo
lo que esté a su alcance, al que supuestamente les rinde cuentas. Pero los efectos que realmente se obtienen de dichos
informes, son acusaciones estériles, así como interpretaciones de muchos, incluyendo
los propios medios de comunicación, de la forma como se dicen las cosas, los errores
de lectura, que se le nota nervioso, sereno o calmado, falto de tacto o más maduro
etc., etc. Pero, vuelvo a preguntar, ¿cuales son los efectos que benefician al
pueblo con esos informes? Entre los pocos que les interesa poner atención a
dichos actos, estimado en 11,2% de la población, basado en los grupos políticos
que viven de la política principalmente y en aquellos que manejan grandes negocios
financieros relacionados con el Gobierno, así como empresas de alto nivel, donde
lo principal de las expectativas son sobresaltos en la estabilidad del mismo Gobierno
y, una vez que ven no ha sucedido nada malo de lo esperado, sólo quedan diputados
y partidos polemizando en torno a los hechos. El resto, o gran mayoría, de los
mexicanos, que no sintieron mejoría en sus bolsillos o patrimonio familiar, les
pasa sin pena ni gloria el informe de Gobierno en cuestión. Por otra parte, si la entrega de dichos informes de actividades y finanzas
fuera como en las empresas privadas, donde los socios, después de analizarlos,
pueden proceder conforme a la ley en contra de aquel que sea responsable de la
rendición de cuentas, los diputados, analizar esos documentos y, si encontraran
irregularidades, podrían actuar en consecuencia. Aparte de evitar los altos costos de organización política y salvaguarda
del titular del Ejecutivo, se evitarían también las divisiones entre la sociedad
y los diputados pondrían a prueba su capacidad y demostrarían que sirven de algo
en pos del interés publico, no como ahora, que la mayoría se repliega en grupos
políticos y la minoría, los más serranos, manifiestan su agricultura, con pancartas
y escenas corrientes, en la casa más sagrada del pueblo mexicano. Por lo anterior, cabe considerar, si estos actos de presentación de informes
gubernamentales son puro teatro o necesidades reales que exige y necesita la sociedad.
Sobre todo porque lo que dice la ley, en cuanto a rendir cuentas por un año de
actividades realizadas que jamás se hacen, el recuento del pasado y sus comparativos
contra otros años o gobiernos anteriores, nunca ha permitido escuchar un informe
de cuentas, sobre lo realizado únicamente en ese año.
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