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12 de septiembre de 2003
Sigue
aumentando a buen ritmo el comercio bilateral entre Cuba y EEUU
Relación
de riesgo
Por
Rafael Alba
La
distancia política que, quizá aparentemente, mantienen Washington
y La Habana sigue sin ser un impedimento para que se mantengan las
boyantes relaciones comerciales entre cubanos y estadounidenses
que se iniciaron a finales de 2001, siempre fundamentadas en razones
humanitarias y liquidadas con el pago en efectivo de las mercancía
adquiridas por parte de La Habana. Unas operaciones que suman ya
más de 498 millones de dólares en total. En
los últimos días, Alimport, la empresa cubana presidida por Pedro
Alvárez que se encarga de estas transacciones, ha cerrado varios
acuerdos con suministradores del sector agroalimentario estadounidense
que se suman a los ya existentes. A finales de agosto, Alimport
se comprometió a comprar productos a empresas del estado de Alabama
por valor de 10 millones de dólares en un acuerdo en el que también
estampó su firma Ron Sparks, el comisionado para asuntos agrícolas
de este estado.
Además,
en los primeros días del presente mes, una delegación de empresarios
californianos de la Asociación World Trade Center de Los Angeles ha
pasado una semana en la isla para estudiar posibles oportunidades
de negocio. Tras la visita, también se ha firmado un acuerdo de intenciones
en el que Alimport se compromete a adquirir productos alimentarios
en California por otros 10 millones de dólares en una operación que
se efectuaría el próximo año. Cuba también estudia la posibilidad
de utilizar las instalaciones del puerto californiano de Long Beach
en el futuro.Cuba
además ha suscrito acuerdos portuarios con instalaciones situadas
en Alabama, Florida, Texas y Georgia, desde donde parten las mercancías
adquiridas hacía puertos situados en la isla. Eso es lo que está
escrito, pero ninguna de las partes oculta que lo que de verdad les
interesa es sacar partido del turismo. Sobre todo si finalmente se
levantan las restricciones de los viajes desde EEUU a Cuba. Lo que
no pasará a corto plazo, o eso parece, pero que ocurrirá
sin duda tras la muerte de Fidel Castro.
Roger
Noriega, el actual subsecretario de Estado para Latinoamérica del
Gobierno de EEUU, declaró esta semana que Washington va a mantener
su postura de firmeza y vetará cualquier intento del Congreso o
el Senado de suavizar o eliminar las actuales restricciones oficiales
impuestas a los viajes a Cuba. En su opinión, el negocio turístico
no debe ayudar a que el actual presidente de Cuba, Fidel Castro,
pueda perpetuarse en el poder.
Noriega
hizó estas declaraciones en una conferencia pronunciada en el Centro
de Estudios de Estrategia Internacional de la capital estadounidenses
y afirmó también que, “los bañistas no van a liberar a la isla”,
argumentado que La Habana ha creado zonas especiales para que los
turistas internacionales no tengan contacto con la población.
El
representante de Bush salía así al paso de la aprobación en el Congreso
de una enmienda que niega a la actual Administración estadounidense
los fondos para ejercer el control de las disposiciones legales
que restringen los viajes e impiden la libre circulación total de
viajeros entre Cuba y EEUU.
El
pasado año, la Cámara baja aprobó un texto similar, por 267 votos
contra 167, pero la disposición fue rechazada por el senado. El
lobby antiembargo estadounidense, que en los últimos tiempos
parecía a punto de disolverse tras el desencadenamiento de una fuerte
oleada represiva en la isla, ha recobrado bríos y espera que, en
esta ocasión, los senadores aprueben también el proyecto, aunque
finalmente la Casa Blanca ejerciera su derecho de veto.
Para
ello confían sobre todo en el cambio de actitud de los republicanos,
con fuerte presencia en los estados que más mercancías
han vendido a Cuba.
Otra
paradoja, sin embargo, es que los demócratas, o por lo menos
los que tienen intención de presentarse a las presidenciales
del próximo año, parecen girar hacia posturas anticastristas
que les unen al ala radical de los exiliados de Miami. No olvidan
que el escaso margen de votos que llevó a Bush a la Casa
Blanca, ante un Al Gore que sumaba más sufragios en el conjunto
del país, se consiguió en Florida y lo proporcionaron
desde esos ámbitos que, curiosamente, parecen haber perdido
el favor de las más altas instancias del Partido Republicano,
sus aliados tradicionales durante varias décadas.
Y en ese
baile se producen curiosos cambios de piel. Como el que acaba de protagonizar
el senador democráta por Massachusetts y precandidato a la presidencia
de EEUU, John Kerry, que ha declarado en una reciente entrevista emitida
por la NBC que es partidario de mantener intacta la política
de embargo a Cuba que desarrolla la Administración actual. Sorprendente,
porque Kerry estuvo muchos años del lado de los antiembargo
y siempre destacó por su activismo y su protagonismo en un
lobby que, quizá formalmente y por un limitado periodo
de tiempo, parece haber abandonado.
En
medio de las turbulencias, el mar de paradojas y las inexplicables
situaciones que se están produciendo, desde La Habana se sigue
cumpliendo al pie de la letra con los acuerdos firmados con EEUU.
Hay muchos ejemplos de la colaboración que desarrollan ambos
Gobiernos, por mucho que los principales líderes se enfrenten
en los púlpitos públicos. Uno muy reciente es la cooperación
entre el Ejecutivo cubano y Washington
para detectar una señal de satélite que interfirió desde la
isla las trasmisiones televisivas que EEUU emite hacía Irán en lengua
iraní. La acción se realizó desde una sede diplomática iraní en la
capital de la mayor de las Antillas. Y Cuba, acusada en principio
del supuesto acto delictivo, ha asegurado que tomará medidas para
que sucesos como este no vuelvan a ocurrir.
Lo
que si seguirán haciendo las autoridades de la isla es oponerse
a Radio Martí con toda la fuerza tecnológica
que puedan reunir. Y, quizá con medios más expeditivos
si les resultan necesarios, algo que puede suceder en menos de un
mes.
A finales
del pasado agosto, el presidente de la Oficina de Comunicaciones
Oficiales de EEUU, Kenneth Tomlison, afirmó que desde Washington
se trabaja para conseguir que las emisiones realizadas por RTV
Martí puedan llegar en perfectas condiciones a Cuba para
asegurarse de que los ciudadanos de la isla tienen acceso a una
información libre de censura.
Al
parecer, su última idea sería canalizar esa programación vía satélite,
como fórmula para evitar que La Habana siga teniendo éxito a la
hora de interceptarlas e impedir su visualización en la isla.
El
Gobierno de Bush trata de salir así al paso de las peticiones en
este sentido que le venían realizando desde los sectores del anticastrismo
radical de Miami que les acusaban de no tener voluntad política
para potenciar a RTV Martí. Es una pequeña concesión
a sus viejos aliados radicales que, según algunas fuentes
moderadas de Miami, más que un giro en la tendencia del entorno
de Bush de apoyarse en conservadores moderados de Florida, como
el emergente grupo que lidera el empresario Carlos Saladrigas, es
un intento de evitar que los Díaz-Balart, Ross-Lethinen y
los representantes de las mil agrupaciones radicales en que se ha
fragmentado la Fundación Cubanoamericana desde la muerte
de Jorge Mas Canosa, acaben por pasarse con sus votos, aunque cada
vez tengan menos, probablemente, al campo demócrata.
Tampoco
sería raro en un país donde los grupos más
ultraconservadores de los estados del sur siguen votando democráta,
sólo porque Abraham Lincoln, el hombre del norte que les
ganó la guerra civil y abolió la esclavitud, era republicano.
En
representación de Bush, Tomlison declaró también que su Oficina
va a alquirlar por siete años un canal del satélite español Hispasat
para conseguir el propósito de que Radio Martí llegue
a todos los cubanos y además aseguró que las emisiones de
esta cadena se prolongarán durante las 24 horas del día, a partir
del próximo mes de octubre, una vieja reivindicación de los
radicales anticastristas. Y aunque el propio Fidel Castro ha acusado
a España en un reciente discurso de colaborar con su tecnología
para boicotear la revolución cubana, desde Hispasat no se
ha hecho ningún comentario con respecto a este asunto.
Y mientras,
Europa quiere reanudar el diálogo político con Cuba, interrumpido
tras el estallido en la isla de la última oleada represiva,
pero antes exige gestos claros que demuestren que la involución
reciente de La Habana ha terminado. Entre otros, la aplicación de
una moratoria sobre las penas de muerte y la liberación inmediata
de todos los presos políticos.
Una
nueva postura oficial que resulta, según algunos observadores, bastante
más dura que la Posición Común, aunque incluye también un rechazo
frontal al embargo impuesto por EEUU contra la isla.
Este
posicionamiento se deriva de una resolución aprobada en el Parlamento
Europeo la pasada semana
por todos lo grupos políticos, durante una sesión plenaria sobre
el estado de las relaciones entre Cuba y La Unión Europea (UE).
En
nombre de la Presidencia de turno, el ministro de Asuntos Exteriores
de Italia, Franco Frattini, pidió a las autoridades de la isla un
cambio de actitud que propiciase el refuerzo de la cooperación internacional
para que se desarrolle en el país una transición hacia la democracia
y los derechos humanos y un giro hacia el crecimiento económico
duradero que mejore las condiciones de vida de la población, a través
de la apertura y las reformas.
Frattini
recalcó que la UE está dispuesta a conceder ayuda económica a la isla,
pero rechazó que la financiación se realizará por vías gubernamentales
si no se tiene la certeza de que los cubanos serán los beneficiarios
directos. Bruselas quiere también que mejore el clima bilateral enrarecido
desde marzo cuando el Gobierno cubano tomo medidas drásticas, como
la aplicación de la pena de muerte, que atentaron directamente contra
los derechos humanos.
Desde
Cuba, el canciller, Felipe Pérez Roque, rechazó lo que considera una
injerencia europea en asuntos internos y declaro que “a Cuba le preocupa
tanto lo que piense la UE como le preocupa Saturno”. Antes del verano,
la isla había renunciado formalmente a la ayuda financiera europea
y bloqueado la reanudación del dialógo político con Bruselas. Además,
retiró su petición de ingreso en el Acuerdo de Cotonú suscrito entre
el Grupo Asia Caribe Pacífico (ACP) y la UE.
A pesar
de la tensión, Bruselas no piensa cerrar por el momento la delegación
permanente que la UE mantiene en La Habana, una petición realizada
por el Grupo Popular del Parlamento Europeo. A este respecto, el
comisario europeo de Ayuda Humanitaria, Poul Nielsen aseguró: “Habrá
una Cuba después de Fidel y el pueblo es lo importante. Una buena
razón para mantener las relaciones a largo plazo”.
Desde
la delegación se seguirá atentamente, como hasta ahora, la situación
de los presos políticos y sus condiciones de detención, pero también
se intentará mantener el dialógo político con el Gobierno de la
isla. No
es el único frente de tensión. El particular enfrentamiento
político que mantienen desde hace unos meses el Gobierno cubano
y la iglesia católica de la isla está a punto de vivir un nuevo
capítulo. La Habana ha denegó la autorización para 14 de
las 64 procesiones que la Conferencia de Obispos había convocado
para celebrar el pasado 8 de octubre la festividad de la Virgen
de la Caridad del Cobre.
Estas
prohibiciones, para las que se han argumentado razones de orden
público, chocan con la política que el Ejecutivo cubano había mantenido
al respecto desde enero de 1998, cuando el papa Juan Pablo II visitó
la isla. Hasta entonces, las procesiones religiosas celebradas en
el exterior de los templos habían estado prohibidas durante varias
décadas.
Las
hostilidades entre iglesia católica y Gobierno se han recrudecido
especialmente por la posición pública que ha mantenido el arzobispo
de La Habana, Jaime Ortega, contra la política represiva frente
a los disidentes que han desarrollado las autoridades cubanas desde
marzo de este año.
Una
actitud que el Ejecutivo considera injerencia en asuntos no pastorales
y no propios de la labor propia de la Iglesia. Además,
en el entorno cercano de Fidel se ve la mano de la iglesia en el
lanzamiento del Proyecto Varela, una iniciativa que pretendía promover
cambios democráticos desde dentro del sistema cubano a través de
la celebración de un referendum, y en la proyección internacional
adquirida por Osvaldo Payá, opositor interno y promotor principal
de este debate.
La
disputa ha tenido algunas peculiaridades, como, por ejemplo, la
conformidad del Gobierno con que se le diera amplia dilfusión a
un rapp en el que se narran las peripecias de un cura millonario
que conduce un espectacular coche por las calles de Cuba. Una actitud
que choca con las habituales prohibiciones que sufren los rapperos
cubanos como consecuencia de la actitud crítica de sus letras.
Para
contrarrestar estas acusaciones, los obispos cubanos emitieron un
comunicado, conicidiendo con la celebración de la festividad
de la patrona, en el que pedían "clemencia para los
presos políticos" y matizaban que no era su intención
sustituir al Gobierno cubano en el ámbito político,
pero que las tensiones sociales que afectan a sus feligreses entran
de lleno en su labor pastoral.CBB
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