Semanario de información económica y financiera
  

Viernes, 3 septiembre de 2003

 

La hora del cartero...

Por Rafael Alba
(Madrid)

 

En las listas de libros más vendidos de EEUU podría haber un sitio en este momento para James M. Cain, uno de los autores de novela negra más admirados por los cineastas modernos. Cain ya dijo que “El cartero siempre llama dos veces” y en los mercados estadounidenses podría estar a punto de producirse ese fenómeno.

Los grandes fraudes empresariales de los años recientes regresan al primer plano por la vía judicial. El proceso iniciado contra Tyco es un buen ejemplo. Un juicio en el que están implicadas dos figuras tan significativas como Dennis Kozlowski, el expresidente golfo, y Frank Quattrone el antiguo analista estrella de Credit Suisse. Ambos suponen los extremos paradigmáticos de la gran estafa que inundó de papel los mercados bursátiles en la segunda mitad de la década de los 90. El capo empresarial que manejaba las cosas como un dictadorzuelo, para vaciar una compañía sólo en provecho propio, y el representante de la industria financiera que le ayuda a conseguir sus objetivos cuidando la cotización de la compañía, mientras conseguía para su entidad, y de nuevo para sí mismo, unas interesantes comisiones.

Hay incluso zombies más significativos, o al menos más reconocibles en el ámbito internacional, que también regresan, Enron, por ejemplo. Los nuevos gestores quieren ahora que la Justicia haga responsable solidario de la crisis de la firma a la banca de inversión. Más que nada para que se pongan a la cola y sean los últimos acreedores en cobrar. Una señal de que la lucha continúa y que los actuales gestores también necesitan algo más que el simple paso del tiempo para levantar el nombre de unas compañías hundidas y desprestigiadas que no han podido superar el daño para su imagen de marca que supuso su trayectoria en los años felices de la burbuja.

Mientras tanto, la recuperación de la economía estadounidense, certificada ya por el organismo correspondiente, sigue sin traducirse en una mejora de la situación social. No se crean puestos de trabajo, no se genera riqueza y la situación de los ciudadanos empeora. Un panorama demasiado sombrío, hasta para los actuales inquilinos de Washington que intentan y no consiguen recordarles a los potenciales electores de las presidenciales de 2004 que aquello de la burbuja tecnológica pasó con un presidente democráta en la Casa Blanca.

Por eso, los vestigios del pasado deben ser eliminados y el cartero empieza a hacer su aparición. Quién mejor lo sabe es Richard Grasso, el ex presidente de la Bolsa de Nueva York, que ya recibió la carta. Y ponía: "dimisión".

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