Semanario de información económica y financiera
  

Viernes, 17 de octubre de 2003

 

DESDE EL MALECON CON...

Nuevo pulso entre los contrabandistas y el Gobierno cubano

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)



A partir de ya, si los puros, habanos o tabacos (como quiera llamársele) llegan a ser 24, el viajero deberá presentar factura oficial y la caja con el sello de legitimidad correspondiente. De lo contrario, confiscación.Y nadie podrá alegar que no estaba advertido porque la campaña es tan grande que hasta los débiles visuales e hipoacústicos se han enterado.

La medida puesta en vigor el pasado 8 de octubre pretende comenzar a poner coto al multitudinario y floreciente negocio de venta de puros bastardos por las calles de La Habana. Y no es que mayoritariamente sean malos porque la materia prima es la misma y las manos que los tuercen son también por lo general expertas en la materia. El problema radica en la protección de la marca y de paso obligar a que los compradores acudan a los establecimientos oficiales donde una caja adquirida por 20-30 dólares en el mercado negro, facturará unos 200 en las Casas del Habano.

Habanos SA, una compañía mixta creada entre el Estado cubano y la hispanofrancesa Altadis, viene sufriendo desde hace años el acoso constante de cacos que meten la mano en cualesquiera de los más de 100 pasos que sufre la hoja hasta que ya hecha tabaco se almacena. Las cifras de pérdidas son desconocidas, pero un paseo a pie por La Habana Vieja y las constantes sugerencias de ventas ilegales hacen suponer a cualquiera que son muchos los implicados en estas ilegalidades.

Nota curiosa es que algunos de estos individuos, camuflados detrás de una bicentenaria columna de algún edificio habanero, advierten en cualquier idioma (ahora deben estar estudiando el chino, que han comenzado a llegar como turistas) que "fíjese si son buenos, que son robados de la fábrica". El ladrón casi siempre es un pariente que logra sacarlo del establecimiento. Y son los tíos o tías los que cargan con la sustracción.

Meses atrás, la policía organizó una serie de importantes batidas contra minifábricas clandestinas, actuaciones que fueron reportadas por TV para toda la nación. Pero al parecer no han resultado suficientes. Como la mala hierba, el negocio aún está en pie de combate.

Ahora, un nuevo pulso, un nuevo reto para poner a prueba la efectividad de una medida de control y el siempre ingenioso método para burlarla que cada cubano pícaro lleva en la sangre.

Es que de esto habrá que contar algún día. Gabriel García Márquez prometió hace muchos años escribir un libro sobre cómo el cubano se sobrepone a las dificultades (y también a la ley, digo yo) para salir adelante. Ejemplos hay para una antología. Nadie en el mundo puede imaginar una bicicleta-cisterna, cuyos tubos transportaban ron robado de la fábrica o un jamón serrano que voló desde lo alto de un hotel para caer ya vendido en una casa de los alrededores.

Hasta a un viejo palacete en la parte histórica de la ciudad me fui en busca de un parecer. Se trata de una de aquellas residencias señoriales hoy convertida en inmueble multifamiliar. Justo al lado de un viejo baúl, tal vez abandonado por un marino hace más de 200 años e inundado de cajas de habanos, mi interlocutor no parecía muy preocupado por la nueva mala del mayor control sobre la salida de puros 'falsos'. "Los que posean los vales (las facturas), los que tengan los sellos (de garantía) también tienen que vivir" Entonces, y sin pensarlo, el verbo del día a día: "Eso se resuelve, tigre".

CBB

 

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