Semanario
de información económica y financiera
  

Viernes 24 de octubre de 2003

 

La siderurgia en EEUU

Por Alberto Miguel Arruti
(Madrid)


El mayor fabricante de acero de EEUU, US Steel, ha iniciado un proceso de reestructuración que supondrá supresión de plantilla, aunque no se han dado detalles del número de empleos que serán despedidos. Para ello, en el tercer trimestre del presente año, ha conseguido una provisión de 620 millones de dólares (530 millones de euros). Se espera que, con esta reestructuración, pueda ahorrar unos 400 millones de dólares para finales de este año. La empresa, que tradicionalmente hacía la competencia a US Steel, era National Steel, que suspendió pagos el año pasado, por lo que US Steel, en el pasado mes de mayo, compró activos de su rival por valor de 1.050 millones de dólares.

En el año 2001, una empresa tan emblemática dentro del sector siderúrgico como la Bethelehem Steel, suspendió pagos. La situación financiera de muchas empresas siderúrgicas estadounidenses puede ser calificada como desesperada. Ni tan siquiera pueden hacer frente a los compromisos de sus planes de pensiones. Frente a esta situación, existe un plantel de pequeñas acerías compactas extremadamente competitivas.

Ante esta situación, el presidente Bush tomó la decisión de imponer una serie de aranceles a las importaciones de acero que puedan venir de otros países y que oscilan entre el 8% y el 30%. Esta decisión ha perjudicado, y perjudica, a la Unión Europea (UE) y a países como Rusia o Corea del Sur, además de a los llamados países emergentes del sureste asiático. Todo ello sin contar con los países de América Latina, sobre todo Brasil. La gran reestructuración siderúrgica, que se llevó a cabo en la UE, y en particular en España, hace tan sólo unos años y que costó sangre, sudor y lágrimas tanto a empresarios como a trabajadores, no se hizo en EEUU y ahora se están pagando las consecuencias. Esta situación además perjudica a otras industrias de los propios EEUU, como es la del automóvil, en ningún caso exenta de problemas.

La industria del acero tiene que hacer frente a nuevos productos y nuevas tecnologías, a la decadencia de la industria naval, que soporta una dura competencia, en ocasiones al margen de las prácticas y de las leyes internacionales, de países como Corea del Sur. Finalmente, multitud de países, de los llamados del Tercer Mundo o en vías de desarrollo, como puede ser Brasil, han pasado de ser importadores, hace tan sólo unos años, a exportadores.

Además, la UE dispone de la mayor empresa siderúrgica del mundo, Arcelor, con una dimensión que duplica la de sus directos competidores, como Nipón Steel, Corus y Thyssen-Krupp.

A pesar de todo, en una reunión mantenida a finales del año pasado, los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tomaron la decisión de reducir en 140 millones de toneladas las capacidades de fabricación de acero, dentro del período de tiempo comprendido entre 1998 y 2005. Lo que representa una reestructuración del sector siderúrgico, con el lógico cierre de plantas e instalaciones, lo que implica nuevos costes sociales. Además, la OCDE tomó la decisión de hacer frente al problema de las subvenciones, que permite la supervivencia de capacidades de producción, que no son rentables.

 

  

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