Semanario de información económica y financiera
  

Viernes, 24 de octubre de 2003

 

DESDE EL MALECON CON...

Ese turista gringo que viene
pero no llega

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

Acaba de finalizar en Cancún (México) un encuentro entre las autoridades cubanas del turismo e importantes empresarios estadounidenses que viven de la llamada industria del ocio. ¿El motivo? Continuar con los preparativos para cuando llegue el día en que el ciudadano de EEUU pueda viajar libremente a Cuba. Se estima que el primer año de "libertad", visitarán la isla un millón de turistas gringos y después 2,5 millones, a partir del quinto año. Teniendo en cuenta que para 2003 las previsiones más optimistas sitúan la llegada total de turistas en dos millones, el potencial del turismo de EEUU es palpable.

Evidentemente, a ambas delegaciones poco les debe importar las declaraciones recientes del presidente George W. Bush en el sentido de apretar aún más la tuerca con esto de que los turistas gringos no contribuyan a incrementar las arcas del Comandante.

Los organizadores han calificado el encuentro de exitoso y todos aseguran que el asunto no es tanto si echarán abajo la puñetera ley, sino que cuándo será la arrancada. Cuba, lo ha dicho, ya está preparada para recibirlos. El pasado año, entre autorizados y los que arribaron por terceros países, la cifra de turistas del país 'enemigo' ascendio a unos 80.000, según fuentes cubanas y 200.000, según datos de EEUU.

El ex ministro de Turismo de Cuba Osmany Cienfuegos, que desde hace años viene trabajando en ello, en su tiempo dio la clave: "Para ellos, una isla sumergida". Es decir cayería, playa, fondos marinos... Y precisamente es esa el área donde en los últimos años se ha hecho el gran esfuerzo de construcción de hoteles, viales, marinas y hasta aeropuertos con categoría internacional.

No hubo mejor colofón para terminar el encuentro que invitar a casi un centenar de empresarios de EEUU con sus familias respectivas a visitar Cuba por un día. Lo han hecho, con un programa que los ha dejado maravillados. Por mucho tiempo recordarán ese paseo por el Malecón habanero encima de un Ford o un Cadillac de los años 40.

Ya se sabe cómo son los cubanos y cómo es la ciudad. Y todo dentro de la ley (de EEUU), porque no han gastado un dólar. Al final del maratón, la parte cubana organizó una cena en el restaurante Bucán, radicado en el Palacio de las Convenciones, del Consejo de Estado, donde les aguardó el presidente Fidel Castro para estimularles en ese propósito de impulsar el turismo hacia la isla.

CBB


 

 

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