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31 de octubre de 2003 El
Presidente Lula se enfrenta a una paro masivo de los trabajadores del metal El
automóvil se declara en huelga en Brasil Por
Sofía León El
sector de la metalurgia en Brasil, que el presidente Lula conoce muy bien, se
revuelve una vez más, liderado por los sindicatos, en reclamo de ajustes de salarios
que mejoren su condición económica de una vez por todas. Desde el pasado 29 de
octubre, más de 20.000 trabajadores de las principales fábricas de automóviles
de Brasil se mantienen en huelga indefinida a la espera de llegar a algún acuerdo
con el Sindicato Nacional de los Fabricantes de Vehículos Automóviles. Es
otra de tantas manifestaciones que este sector obrero ha protagonizado a lo largo
de su historia. En las décadas de 1970 y 1980, un trabajador metalúrgico encabezó
varias huelgas que aceleraron el final de la dictadura. Años más tarde, ese obrero
reivindicativo y luchador llegaría a convertirse en presidente de Brasil y en
el primer socialista en llegar al poder en América Latina desde el chileno Salvador
Allende. Juan Inazio Lula da Silva, que comenzó a trabajar en este sector a los
14 años, debe ahora hacer frente a las huelgas que todavía hoy siguen convocando
sus antiguos compañeros. Las dos mayores
centrales sindicales de Brasil, el grupo Fuerza Sindical y la Central Única de
Trabajadores, fundada hace 20 años por el propio Lula, convocaron al sindicato
metalúrgico de ABC (región industrial de Sao Paulo que incluye Sao André, Sao
Bernardo y Sao Caetano) para actuar conjuntamente en una campaña de presión a
los empresarios. El objetivo: lograr un aumento salarial del 20% que garantice
a los trabajadores un cierto poder adquisitivo ante el fuerte aumento de la inflación,
que se ha registrado desde comienzos de año. Fueron
más de 20.000 obreros los que secundaron la huelga, el 73,6% de la mano de obra
de las industrias Volkswagen, Daimler Chrysler, Ford, Scania y Toyota, localizadas
en los barrios periféricos paulistas de San Bernardo do Campo, Santo André y Sao
Caetano do Sul. El sindicato metalúrgico, no obstante, esperaba el seguimiento
de al menos 30.000 trabajadores. En Volkswagen salieron de sus fábricas 14.800
empleados, 4.000 abandonaron sus puestos de trabajo en Ford y 2.058 se acogieron
a su derecho de huelga en Scania. Daimler Chrysler, fabricante de Mercedes Benz,
al parecer, no divulgó el número de trabajadores en huelga, sin embargo, el sindicato
expuso que la adhesión fue masiva. En Toyota pararon 350 de un total de 650 trabajadores.
La empresa alemana Volkswagen, a través
de su portavoz Dirk Grosse Leege, en un primer momento comunicó que los contratos
de los empleados "prohiben las huelgas pero garantizan sus ingresos durante la
vigencia del convenio, en algunos casos hasta 2006". Y aclaró: "Si alguien con
ese contrato va a la huelga, ésta será ilegal". Por su parte, los líderes sindicales
contestaron que la huelga estallaría sólo si la empresa "carecía de la madurez
para negociar", y señalaron que la medida sería absolutamente legal. El presidente
de los sindicatos metalúrgicos, José López Feijoo, advirtió que "la paralización
puede ser larga" y explicó que "todos los trabajadores tienen la obligación de
presentarse todos los días en las puertas de las montadoras para efectuar asambleas
y recibir información sobre las estrategias diarias". Hasta
el momento sólo se ha logrado que los empresarios ofrezcan un incremento salarial
del 15,7%, tasa que coincide con la subida del IPC en los últimos 12 meses y sólo
para salarios inferiores a 4.200 reales (unos 1.248 euros). Esta propuesta ha
sido inmediatamente rechazada por los sindicatos. Una
encuesta del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socio-Económicos
de Brasil (Dieese) expone que la mayoría de los gremios obreros del país no ha
logrado reajustes similares al índice de inflación. El 54% de los reajustes salariales
obtenidos quedó por debajo del aumento del Índice Nacional de Precios al Consumidor
(INPC), que sirve de base para calcular las subidas salariales. Según los analistas,
la dura postura de los empresarios ante estas reivindicaciones se debe a que este
año ha sido un período de "bajo crecimiento y menores ganacias" para el país.
Las huelgas de la Era Lula.
La primera huelga de los metalúrgicos organizada por Forza Sindical a la que se
enfrentó el presidente Lula se produjo dos meses después de su toma de posesión
el 1 de enero de 2003. Este paro contó con el seguimiento de unos 23.000 metalúrgicos
de más de 40 fábricas. En aquel momento,
la situación de Brasil era muy precaria, el nuevo Gabinete heredaba de la anterior
Administración de Fernando Henrique Cardoso un brutal aumento de la deuda pública,
unas líneas de crédito prácticamente reducidas a cero y la subida vertiginosa
del riesgo país. La inflación había alcanzado su nivel más alto en ocho años y
medio y obligó al Gobierno a subir las tasas de interés para controlar el alza
de los precios, lo que restringía aún más el crédito en el país. Por lo tanto,
en estos diez primeros meses de Gobierno, Lula se ha dedicado a recuperar la confianza
de los mercados internacionales en la economía brasileña. En
la actualidad, el presidente se encuentra con que algunos brasileños dudan de
que cumpla sus promesas de realizar cambios sociales en Brasil. Por su parte,
los sectores más radicales de su partido, el Partido de los Trabajadores, le acusan
de hacer política de centro. A pesar de todo, los índices de popularidad aún le
sitúan en muy buena posición. Lo cierto es que la reforma tributaria, que pretende
reducir los impuestos para incentivar la inversión, la reforma de las pensiones
de los funcionarios públicos y la reforma fiscal, con la que pretende eliminar
ciertas injusticias fiscales del país, están en fase de negociación. El riesgo
país se ha reducido y el programa de alfabetización y el programa "Hambre Cero",
dirigido a casi 50 millones de brasileños, el 30% de la población, están comenzando
a dar resultados. "Cuando era presidente
de los Metalúrgicos, en 1978 y 1980, durante las grandes huelgas, una periodista
me preguntó que a qué tenía más miedo, si a morir o a ser encarcelado por el régimen
militar. Le contesté que lo que más miedo me da es mentirles a los trabajadores
que confían en mí", recordó Lula el pasado jueves en la reunión del foro empresarial
Unión Europea-Mercosur con el mandatario español, José María Aznar. "Como
presidente de la República, hoy digo lo siguiente: lo que más miedo me da es mentirle
a mi pueblo. Sé que gané las elecciones, conozco nuestras responsabilidades, sé
lo que Brasil precisa, sé lo que precisa nuestro pueblo y sé que cuando finalice
mi mandato, lo único que me quedará es el pueblo brasileño que me eligió presidente",
afirmó Lula. BSL DM
PLT MCR | | |