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Viernes
7 de noviembre de 2003
Aumenta
el interés de las entidades financieras por atrapar a los
clientes de rentas bajas de Latinoamérica
Bancos
de pobres para hacerse ricos
Por
Gema Velasco
Hay 530 millones de habitantes en
Latinoamérica. De ese total, más del 40%, unos 220
millones, son pobres. Ese es el mercado potencial que quieren explotar
algunos bancos, cada vez más, que han descubierto que las
personas sin dinero, sin bienes, sin recursos..., pueden también
ser rentables.
Las entidades que con más
ahínco han explotado este nicho de negocio en su propio mercado
de pobres (34,6 millones) han sido las estadounidenses, que
incluso le han puesto nombre a esta actividad. Se trata del "subprime
lending" y consiste en conceder créditos a prestatarios
de rentas bajas o con un historial crediticio poco recomendable.
El ratio de morosidad entre este
tipo de prestatarios es, de media en EEUU, del 20%, un porcentaje
muy superior al 0,54% de los créditos concedidos en el mercado
habitual. Pero los banqueros más atrevidos no se asustan.
A cambio del riesgo asumido, estas firmas cobran unos tipos de interés
mayores (lo normal es cinco puntos porcentuales por encima de la
media del mercado), y unas comisiones más elevadas (como
mínimo suelen ser 10 puntos superiores a la media). Parece
que realmente compensa.
En EEUU, desde luego, el esquema
funciona. Según los últimos datos oficiales disponibles,
en menos de una década, entre 1993 y 1999, el volumen de
préstamos concedidos bajo estas condiciones creció
un 300% desde los 40.000 millones de dólares (35.087 millones
de euros) hasta los más de 160.000 millones (140.350 millones
de euros).
Ahora esa cifra podría alcanzar
ya los 300.000 millones de dólares (263.157 millones de euros),
según cálculos de expertos.
Pero en el mercado estadounidense
ya no es tan fácil atrapar pobres. Las autoridades
reguladoras están mosqueadas. Son muchas las quejas que llegan
a sus departamentos de reclamaciones denunciando las condiciones
abusivas impuestas por algunas entidades financieras especializadas
en el "subprime lending". De
hecho, estas lamentables prácticas se han generalizado tanto
que también han recibido un nombre particular, el "predatory
lending" (préstamo depredador)
Para evitar que los gestores bancarios
traspasen la casi invisible frontera que existe entre el "subprime
lending" y el "predatory lending" los supervisores
han comenzado a regular esta actividad y en casi todos los estados
hay normas para intentar evitar estos abusos. Algunas entidades
incluso ya han tenido que pagar suculentas indemnizaciones extrajudiciales
para frenar su procesamiento en los tribunales.
Es el caso, por ejemplo, de Household,
que tuvo que pagar 484 millones de dólares (424 millones
de euros) a sus indignados clientes. La mayor indemnización
nunca vista por un caso de "predatory lending". La entidad
quedó tan perjudicada, que no logró recuperarse hasta
que en marzo de 2003 la entidad británica HSBC la compró.
Y ya ha conseguido recuperar su lugar en este mercado.
No sólo los bancos se pelean
por los pobres. En este mercado han irrumpido con fuerza las financieras
de compañías como General Electric o Ford. Según
algunos cálculos, la compañía automovilística
ganó el pasado año 2.800 millones de dólares
(2.456 millones de euros), dos tercios de sus beneficios, por los
ingresos generados por la concesión de préstamos "subprime",
o "predatory", dependiendo de quién cuente la historia.
El aumento de la vigilancia y de
la regulación ha hecho un poquito menos atractivo este mercado.
Pero además, el número de participantes
ha crecido. Peor aún, las poderosas agencias federales hipotecarias,
Fannie Mae y Freddie Mac, anunciaron recientemente su intención
de incrementar la compra de préstamos "subprime".
En estos momentos, este tipo de créditos representa sólo
el 14% de su cartera, y se espera que llegue hasta el 50%. La
iniciativa no ha sentado bien entre los habituales del sector.
Fannie Mae y Freddie Mac, ambas ahora
investigadas por extrañas prácticas contables y pérdidas
en derivados, creen que su participación en este mercado
incrementará la eficiencia y permitirá una reducción
de los precios que se cobran a los prestatarios.
Pero, ¿Quién quiere
que los precios bajen? Las firmas especializadas en "suprime
lending" no, desde luego. En encuestas anónimas realizadas
por el Departamento de Desarrollo Inmobiliario y Urbano estadounidense
para la elaboración de un estudio, fuentes del sector aseguran
que el mercado es ya bastante eficiente. No necesitan a las agencias
federales hipotecarias.
Además, aseguran que si Fannie
y Freddie entran en este mercado, aparte de asumir más riesgos
de los que deberían, podrán ofrecer precios más
bajos lo que supondrá un ventaja competitiva que expulsaría
a muchos participantes del mercado. Los elevados precios (abusivos,
según las asociaciones de consumidores) los justifican en
la necesidad de reflejar el riesgo asociado a este negocio.
Esta actividad se ha complicado un
poco en EEUU, pero no hay duda de que es rentable, así que
las entidades estadounidenses han comenzado a buscar pobres por
todo el planeta. Primero han aterrizado en Latinoamérica,
que les pilla más cerca, y todavía no cuenta con una
regulación sobre el sector. Y se han centrado sobre todo
en Brasil y México, los países más poblados
del subcontinente, con diferencia.
Allí están Citigroup,
a través de CitiFinancial, entidad que surge de la compra
en noviembre de 2000 de Associates First Capital Corporation, General
Electric, y AIG. A este grupo de entidades estadounidenses se ha
unido también HSBC con Household que compite en Brasil con
Citigroup.
Todas estas firmas han sido muy criticadas
por algunas asociaciones anti Wall Street como Inner City
o ACORN, y por organizaciones no gubernamentales como Woodstock
Institute (Chicago) que las acusan de exportar el modelo de "predatory
lending" a Latinoamérica. Citigroup es la entidad más
odiada por estas organizaciones como lo demuestra la radical oposición
que mostraron todas ellas cuando adquirió Banamex.
A pesar de todo el modelo continúa
extendiéndose. Y la iniciativa la han tomado los propios
empresarios latinoamericanos. El último en sumarse al negocio
de prestar a los ciudadanos de rentas más bajas ha sido el
argentino Wenceslao Casares, que ha aprendido en Miami (EEUU), donde
reside, el arte de sacar rentabilidad a los pobres. Allí
hay un buen número de hispanos, que son un objetivo claro
de este tipo de negocios (junto a la comunidad afroamericana).
Pero Casares no tiene la mirada puesta
en EEUU, si no en Brasil. Allí es donde ha creado su banco
para pobres, Lemon Bank.
Lemon es el heredero de Patagon,
la firma que fundó en 1997 y que posteriormente vendió
al Santander Central Hispano (SCH) por 528 millones de dólares
(463 millones de euros). Pero el banco online no rendía
y la entidad española llegó a un acuerdo con Casares
para revenderle las subsidiarias latinoamericanas de Patagon a cambio
de 9,84 millones de euros. La firma que preside Botín se
quedó sólo con la marca y las filiales en España
y Portugal.
El empresario argentino construyó
Lemon en Brasil hace un año sobre las cenizas de Patagon.
Y ya tiene 3.500 sucursales en el país. Ahora que ya se ha
establecido, Casares ha anunciado que el banco se centrará
en dar servicios a los grupos de ciudadanos de menos recursos. ¿Su
objetivo? Los 50 millones de brasileños que todavía
no se han acercado ni una sola vez en su vida a una sucursal bancaria,
o aquellos que lo han intentado pero que no han podido pasar de
la puerta por ser clientes indeseables.
Para atraparlos, Casares pretende
establecer sucursales en panaderías, tiendas, farmacias,
estaciones de servicio, y en general, en cualquier lugar donde haya
un elevado volumen de tránsito.
Esa es también la estrategia
que ha elegido en México el Grupo Elektra, controlado por
el clan de los Salinas. Esta compañía, que
es la empresa líder en Latinoamérica de ventas especializadas,
controla también una entidad financiera, el Banco Azteca,
que se dedica a ofrecer servicios a los ciudadanos de rentas bajas
y comenzó a operar en octubre de 2002 tras una inversión
inicial de 25 millones de dólares (22 millones de euros).
No sólo eso. En octubre de 2003, adquirió una aseguradora,
firma que también tendrá el mismo tipo de cliente-objetivo.
En el caso del grupo de los Salinas,
las sucursales se han colocado en todos los centros de ventas de
las empresas de distribución que controla. Es decir en las
tiendas Elektra, Salinas & Rocha, y Bodegas de Remates. En total,
800 tiendas en México y 64 distribuidas por Guatemala, Honduras
y Perú.
Pero los gestores de Banco Azteca
son ambiciosos y no descartan llegar a algún tipo de acuerdo
con grandes cadenas de distribución como Wal-Mart. Además,
están ya haciendo negocios con General Electric.
Todas estas iniciativas privadas
que buscan sacar la mayor rentabilidad a la clases humildes tienen
un origen muy concreto y muy lejano.
Bangladesh, 1979. En esa ciudad y
en ese año Mohamed Yunus creó el Grameed Bank, una
entidad dedicada fundamentalmente a conceder microcréditos,
pequeños préstamos destinados a las familias más
pobres para apoyarlos económicamente en el desarrollo de
actividades productivas. Una iniciativa con muy buena imagen y que
han adoptado, de una u otra forma, todas las nuevas entidades
que han querido hacerse un hueco en este nicho de mercado. Aunque
en el caso del Grameed Bank, a esta manera de hacer negocios se
la ha calificado de "banca ética", mientras que
el adjetivo más bonito que generalmente acompaña a
la actividad de este tipo de entidades especializadas es el de "predatory".
Es lógico. Hasta el alabado
Grameed Bank exprime a sus clientes. Esta entidad cobra de
media por los créditos que concede un tipo de interés
del 20%. Al propio Yanus le parece caro pero, según él,
es el precio mínimo necesario para poder mantener la autosuficiencia
financiera de la institución y evitar la dependencia de donaciones
o créditos especiales.
Puede ser. Pero de ahí al
abuso hay un paso. Y muchos ya lo han dado.
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