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Viernes 14 de noviembre de 2003

La integración de Latinoamérica, cada vez más necesaria

Americaeconomica.com

El hecho de que en amplias zonas de Iberoamérica cunda la decepción sobre la democracia, mientras los políticos tradicionales son percibidos poco menos que como una carcoma social, ha sido reflejado el último Latinbarómetro, motivos de amplios comentarios entre periodistas y diplomáticos en la Cumbre de Santa Cruz.

Las conclusiones de la muestra distan mucho de resultar estimulantes, y al final, vienen a poner de manifiesto que haber cumplido con los requisitos internacionales en cuanto a la asunción de sistemas democráticos y observar con rigor los dictados de la ortodoxia financiera no se ha traducido en una mejora en las condiciones de vida de la población. Es más, las desigualdades son más profundas y varios países atraviesan difíciles situaciones que comprometen seriamente su futuro.

A partir de que el seguimiento de esos modelos ha traído mas disgustos que alegrias, comienzan a cuajar corrientes caracterizadas por un populismo que suele incorporar su correspondiente aportación de caudillaje tradicional. Es cierto que, por primera vez en la historia, las crísis económicas y sociales que se viven en el subcontinente no se han resuelto a golpe de sable. Pero no es menos cierto que el evidente déficit de instituciones creíbles que aporta la región como denominador común a la gestión política abre las puertas a la inestabilidad, y quien sabe si a las aventuras.

En cualquier caso, las primeras reacciones a esa decepción se han traducido en un regreso instintivo hacia el binomio nacionalismo político - proteccionismo económico. La incapacidad de la mayor parte de los paises latinoamericanos para amortiguar los efectos de la crísis económica tiene mucho que ver con el déficit de solidez que presentan sus instituciones públicas y con la insolidaridad de sus clases mas privilegiadas. Resulta casi increíble que los estados de la zona carezcan prácticamente de ahorro interno, pero sean unos activos exportadores de capitales. Esa circunstancia se apoya en una alta corrupción que, a su vez, permite una impresionante evasión fiscal que dificulta, en grado sumo, la consolidación de administraciones mínimamente eficaces.

La impresión es que los privilegiados no creen en sus propios países y deciden hacer emigrar sus capitales, casi en paralelo con el movimiento mucho mas dramático que protagonizan los menos favorecidos que, en busca de un futuro mejor, se ven obligados a abandonar sus hogares y marchar en busca de puestos de trabajo de tercera categoría en los países desarrollados.

Eso sí, con las remesas que envían a sus familiares se constituyen unas significativas fuentes de ingreso de divisas para sus respectivos países. Todos esos procesos hablan de desafección ciudadana y desintegración familiar, con lo que los problemas tienden a agravarse.

Queda por ver si, frente a ese primer impulso nacionalista, la razón se impone y progresan los proyectos de integración transfronteriza. La creación de espacios mas amplios no sólo mejorará objetivamente las condiciones para los intercambios comerciales y permitirá definir posturas mas firmes frente a los países desarrollados, sino que incluso puede constituir un estímulo para superar algunos de los grandes problemas actuales.

Lo que algunos gobiernos no consiguen imponer en el territorio doméstico, quizá logren llevarlo a la práctica como obligación supranacional. De momento, es sólo una esperanza, pero es una de las pocas que en este momento no están peleadas con el sentido común.

  

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