Semanario de información económica y financiera
  

Viernes, 21 de noviembre 2003

 

La batalla de los fondos estadounidenses

Por Rafael Alba
(Madrid)

 

La investigación que inició el superfiscal de Nueva York, Eliot Spitzer, sobre la industria de los bancos de inversión, quizá haya errado el tiro. En estos días, los portales financieros estadounidenses se llenaban de insinuaciones sobre la posibilidad de que el bueno de Spitzer haya errado el tiro al enfocar su maquinaria judicial sobre las prácticas irregulares. Eso está muy bien dicen, pero no es el corazón del asunto.

La verdadera médula del engaño que esta industria llevaría años realizando para perjuicio de los inversores minoristas serían las altísimas tarifas de gestión que cobran, con independencia de que consigan o no las revalorizaciones inicialmente prometidas. Algunos columnistas aseguran que los contratos tienen tanta letra pequeña que son casi semifraudulentos.

El coro de protestones mediáticos cuenta con un director de lujo, el artículista de The New York Times, Floyd Norris que el miercóles defendía esta tesis en el prestigioso periódico que le acoge.

Pero la guerra de opiniones empezó antes y con unos protagonistas más relevantes. Primero fue el propio Spitzer cuando en un artículo de opinión que publicó The New York Times el lunes, rozaba el problema al enunciar las exuberantes tarifas que Putnam cobraba a sus clientes y pedía a los expertos que buscasen una fórmula para aumentar la transparencia e incrementar la competencia en el sector. Si bien ese no era el objeto fundamental de su texto, que se centró claramente en los resultados de la investigación que realizan sus hombres.

Pero la idea caló, ¿quizá más de lo que le hubiera gustado al fiscal? Ayer martes, el presidente de la SEC William Donaldson, contaba en otra columna de opinión, esta vez publicada por The Wall Street Journal que "las irregularidades de Putnam no tenían que ver con las tarifas, puesto que en este punto la gestora de fondos cumplía la ley".

La pregunta del día de hoy es obvia. ¿Cómo es posible que Putnam cumpliera la ley en el espinoso tema de las tarifas? Más aún, al ejército mediático especializado y a muchos inversores les parece evidente que si esto es así habría que cambiar inmediatamente la ley. En realidad, consideran que este asunto, de las tarifas abusivas y casi depredadoras es mucho más importante que la charla sin sentido que se marcó ayer Donaldson en el Congreso, cuando declaró ante el Comité Bancario que las normas de buen gobierno deben llegar a los fondos de inversión y que la solución a todos los problemas reside en aumentar el número mínimo de consejeros independientes en las gestoras desde el 50% actual al 75%.

Pero la propuesta no ha colado en los ámbitos más combativos desde los que se exige a Spitzer a Donaldson y al Congreso que pieden que que se vaya al grano y se cambien las normas vigentes sobre las tarifas. He ahí la cuestión, corean, y lo demás son zarandajas.

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