Semanario
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Viernes 28 de noviembre de 2003

 

¿Descuido? ¿Error?

Pemex, más cerca del abismo por culpa de un cambio contable

Por Gema Velasco

México está de moda. El país que preside Vicente Fox prácticamente tutea ya a las naciones desarrolladas, además su economía crece, recibe dinero de los inversores extranjeros y cuenta con el favor de los organismos multilaterales y los mercados. Pero parece que las empresas públicas no están a la altura de las circunstancias. En sus cuentas han aparecido errores contables que han falseado los balances durante mucho tiempo. Y ha sido precisamente ahora cuando el Gobierno ha decidido solucionarlos. ¿Un paso previo a su privatización? Por si acaso fuera así, la poblacion mexicana ha salido a la calle para decirle a Fox, que si quiere vender algo a los extranjeros que sea su rancho.

No les importa que Pemex, la séptima petrolera del mundo, esté al borde del colapso. Sus problemas financieros no son nuevos, pero se han agravado después de descubrirse que esta firma y la también pública Comisión Federal de Electricidad (CFE) estaban exentas de cumplir una norma contable básica que ya regía para el resto de las empresas privadas del país: los pasivos laborales se deben contabilizar a valor real, teniendo en cuenta la inflación. En estos momentos el IPC de méxico esta situado en el 4,04% en tasa anual.

Pero ni Pemex ni CFE lo hacían. Ambas empresas contabilizan las pensiones a valor nominal, "lo que se traducía en que con el tiempo disminuía ese pasivo, mientras que en realidad a los jubilados se les entregaba una pensión y sus prestaciones a un valor ajustado a la inflación" explican fuentes financieras del país.

Desde algunos ámbitos mexicanos se asegura que se trata de "un error o un descuido" del Gobierno y de los gestores de Pemex y CFE. Pero sea cual sea la intención que hay detrás de esta maniobra contable, lo cierto es que permitió a estas empresas maquillar los balances durante mucho tiempo. Concretamente hasta el tercer trimestre de este año cuando el Gobierno dió un giró y ordenó ajustar los pasivos a la realidad.

El golpe fue mortal, sobre todo para Pemex. En el tercer trimestre del año los pasivos laborales aumentaron un 44% hasta los 279.893 millones de pesos (21.095 millones de euros). El incremento fue de 85.506 millones de pesos (6.444 millones de euros) y de esa cantidad, según ha explicado la compañía, 58.300 millones (4.394 millones de euros) provienen de la adopción de esos nuevos criterios contables. En concreto, 28.000 millones (2.110 millones de euros), son consecuencia directa del uso de tasas reales en lugar de nominales, y 30.300 (2.283 millones de euros) provienen de la modificación de la metodología utilizada para considerar incrementos futuros de salarios y prestaciones.

Con todo ello, la deuda consolidada total de la compañía se ha colocado en la escalofríante cifra de 371.000 millones de pesos (27.962 millones de euros), con un incremento del 45%.

Desde algunos sectores se advierte que las obligaciones que tiene Pemex con sus acreedores (como lo son los trabajadores con derecho a jubilarse) "serán mayores en unos años que los activos contables de la empresa, incluidos pozos, instalaciones y plantas". El patrimonio de la empresa, que se ha reducido un 24% en lo que va de ejercicio, podría desaparecer en el medio plazo.

En este contexto tan nefasto, ¿por qué el Gobierno se plantea ahora realizar los cambios contables y agravar aún más su situación?

Algunas fuentes bienpensantes, creen que el objetivo es evitar sorpresas desagradables en el futuro, como por ejemplo, que en un momento dado no haya dinero para pagar a los pensionistas.

Pero otros creen que el Gobierno de Fox, como decíamos al principio, prepara sigilosamente la privatización de Pemex. Sospechan que el Ejecutivo ha corregido estos "errores" pensando en el proceso de due diligence previo a cualquier compra. Al fin y al cabo estos "descuidos" en la valoración de los pasivos son muy fáciles de detectar para los avezados expertos dedicados a realizar los trabajos de revisión de las cuentas.

Fuentes del Ejecutivo lo niegan y aseguran que "no se puede privatizar porque en el país se entendería que se está vendiendo la riqueza nacional, el petroleo, a los extranjeros".

Su temor a la reacción popular es lógico. El viernes 28 de noviembre unas 80.000 personas se desplegaron por las calles mexicanas para protestar por la apertura del sector eléctrico a las inversiones extranjeras. Pedían proteger los recursos del país y entre las innumerables pancartas que llevaban los manifestantes se podían leer consignas como: "Por la defensa del patrimonio nacional rechazamos las privatizaciones", o: "Fox, la patria no está en venta.., mejor vende tu rancho". La reacción de los ciudadanos mexicanos a una hipotética venta de Pemex no puede estar más clara.

Sin embargo, son los propios ejecutivos de la empresa pública quienes han pedido reiteradamente (la última vez no hace ni 10 días) al Gobierno que elimine las restricciones que existen para la entrada de inversión extranjera en la industria del gas y petróleo, limitaciones que se mantienen desde hace seis décadas. Y mientras tanto, después de estas declaraciones han optado por callar. En el último seminario Latibex, organizado por la Bolsa de Madrid, se cayó del cartel a última hora el representante que la petrolera mexicana se había comprometido a enviar. ¿Tal vez no sea buen momento para que los ejecutivos de la petrolera se presenten en un foro en el que fundamentalmente participan inversores internacionales?

Desde Pemex se quejan y parece que Fox, aunque timidamente, ha reaccionado. Ahora, la petrolera pública ya puede firmar contratos de servicios para extraer gas con operadoras extranjeras. Algunas de las compañías que han sellado acuerdos de este tipo han sido Repsol YPF y Petroleo Brasileiro (Petrobras). Y no hace ni una semana que un consorcio liderado por Petrobras ganó una licitación para desarrollar gas natural en el bloque Fronterizo (Norte de México) tras haber ofrecido 265 millones de dólares (224 millones de euros), un poquito menos del precio máximo propuesto por Pemex, 269 millones (227 millones de euros).

Pero la petrolera mexicana no puede quejarse por esta pequeña rebaja en el precio. Es la primera vez desde que comenzaron a realizarse estas subastas que hay más de un inversor interesado y además su situación económica no le permite ser demasiado exigente: la propia compañía asegura que necesita licitar estos contratos porque no tiene el capital necesario para aumentar la producción por sus propios medios.

Esta tímida apertura decretada por Fox ha generado muchas sospechas y desde varios ámbitos se asegura que la verdadera intención del Gobierno es privatizar Pemex.

La hipotética venta de Pemex no es la única cuestión que enfrenta a los ciudadanos mexicanos y al Gobierno en relación a la petrolera. El Ejecutivo esta estudiando la posibilidad de modificar el régimen fiscal de la compañía para reducir la presión impositiva que soporta y animar un poco sus cuentas. El propio Vicente Fox ha admitido que la empresa ha sido "ordeñada" durante décadas. En los nueve primeros meses del año ingresó en las cuentas del Estado 25.033 millones de dólares (21.214 millones de euros), lo que representa el 60,8% de los ingresos de la empresa.

Pero este hecho preocupa a algunos de los sectores de la sociedad y partidos de la oposición porque estos cambios se traducirán en menores ingresos para el Estado, "y por lo tanto o se tendrá que reducir el gasto público o aumentar los impuestos" para mantener las cuentas públicas en órden. Quizá no sea casualidad que el Ejecutivo acabe de anunciar un plan para comenzar a aplicar el Impuesto al Valor Añadido (IVA) a medicinas, libros y alimentos.

Parece que la joya de la corona no da más que disgustos al Gobierno de Vicente Fox. Y lo que queda. Los mexicanos acaban de demostrar, con su masiva afluencia a las manifestaciones en contra de la política en el sector eléctrico, que no están dispuestos a permitir la invasión extranjera en los sectores estratégicos. Pero en Pemex, sus ejecutivos presionan para que se abra el mercado. Y mientras, las cuentas de la petrolera, la principal empresa del país, caen en picado.

Este follón no le viene nada bien a un país que ha empezado a consolidarse como la referencia para los inversores internacionales que van detrás de las altas rentabilidades que ofrecen los mercados emergentes. Pero que no quieren sufrir los sustos que dan de vez en cuando países como Argentina o Brasil, ni los que dan más habitualmente otros como Colombia o Venezuela.

La nación azteca es además la mimada de EEUU, y últimamente recibe bastante a menudo palmaditas en la espalada por su buena gestión, algo que siempre reactiva la confianza de los inversores. El último organismo en avalar la estrategia de Vicente Fox fue el FMI.

El Directorio Ejecutivo del Fondo felicitó a las autoridades del país por haber fortalecido sus políticas, pero también de vez en cuando deja caer que es necesario una mayor liberalización de los sectores estratégicos.

Es vital para asegurar el crecimiento. En el tercer trimestre del año, el PIB creció tan sólo un 0,4%. No está mal, tal y como está el mundo, pero otros países de la región le han ganado esta carrera, como Chile, un país que suele ponerse como ejemplo de apertura económica en Latinoamérica y cuya economía aumentó un 3% en el mismo periodo.

El apoyo de la economía estadounidense también es fundamental para el desarrollo de México. Pero no parece, de momento, que le vaya a fallar. El PIB del país norteamericano creció un espectacular 8,2% en el tercer trimestre del año respecto al anterior. Un crecimiento que se espera que se traduzca en un incremento de la inversión directa extranjera (IDE) a México. EEUU contribuyó con el 67% de los 118.000 millones de dólares (100.000 millones de euros) que entraron en concepto de IDE en el país entre 1994 y junio de 2003. Además, existen más de 14.000 empresas con inversión procedente de EEUU, 2,6 veces más que el conjunto de naciones de la Unión Europea (UE).

No sólo los organismos internacionales y EEUU. México también cuenta con el favor de los mercados, como lo demuestra el hecho de que sea el único país de la zona que goza del estatus de "grado de inversión", una calificación reservada habitualmente para los países desarrollados.

Con estas referencias, y los países más grandes como Brasil y Argentina todavía convalecientes tras sus respectivas últimas crisis, es lógico que México se haya convertido en el principal destino de la IDE. En 2002 fue el mayor receptor de fondos de la región con 25.000 millones de dólares (21.367 millones de euros), el doble que un año antes. Un puesto de lujo que no ocupaba desde 1995, cuando la crisis del Tequila cortó de cuajo su ascendente desarrollo económico.

En los seis primeros meses de 2003 las entradas ascendían ya a 5.217 millones de dólares (4.421 millones de euros) y el Gobierno cree que a finales de año esta cifra podría aumentar hasta los 12.000 millones de dólares (10.169 millones de euros); menos que un año antes debido a la contracción internacional que han sufrido los flujos de inversión en todo el mundo y a la creciente competencia de otros países emergentes como China o India.

No sólo llega dinero al sector productivo, también a la Bolsa. En lo que va de año, el mercado de renta variable mexicano se ha revalorizado un 26% en términos de dólar. Pero, de nuevo, las comparaciones son odiosas. El parqué brasilleño subió un 110%.

Quizá con empresas como Pemex y CFE en Bolsa estas distancias se acortarían y el mercado ganaría en atractivo, liquidez y profundidad. En estos momentos, sólo America Móvil, Telmex o Cemex, tienen suficiente gancho como para atraer volúmenes decentes de capital.

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