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Viernes, 2 de enero 2004
En el 45 aniversario de la Revolución cubana Por
Rafael Alba
El 1 de enero de 1959, hace 45 años, Fidel Castro abandonó Sierra Maestra para dar fe del triunfo de su revolución tras la huida de Fulgencio Batista, el presidente contra quién los barbudos se levantaron en armas. Desde entonces ha llovido mucho y Fidel Castro durante estas cuatro décadas y media al frente de Cuba ha recorrido un largo camino. Una trayectoria llena de luces y sombras que, especialmente en el último año, se ha visto ensombrecida tanto por la crisis económica como por el endurecimiento de su política represiva que ha situado a más de 75 opositores en prisión, después de la celebración de unos juicios, cuya validez ha sido puesta en duda por gran parte de la comunidad internacional. Parece que en el ocaso de su trayectoria, Fidel sienta la necesidad de cerrarse más que nunca y de convertir en cenizas el edificio emergente de apertura política y económica que empezó a construir, siempre con dudas y más pasos atrás que adelante, tras la caída del telón de acero. Poco a poco, el revolucionario cubano ha ido perdiendo parte del crédito acumulado. Y no, precisamente, porque lo hayan ganado sus rivales políticos más radicales, como los ultraderechistas de Miami, por ejemplo. El problema es que no acaba de entenderse el actual enroque del sistema político de la isla justificado, como siempre, por el supuesto endurecimiento político de su rival histórico: EEUU. Un endurecimiento más que dudoso, porque las relaciones comerciales entre ambos países viven un periodo de florecimiento espectacular en medio de la retórica de los extremos que utilizan los políticos de ambas naciones. En
los últimos 365 días de su mandato, Fidel, además, ha roto
amarras con la Unión Europea a quien acusa de haberse convertido en un
satélite político de EEUU, personalizando el cambio en el presidente
español, José María Aznar. Otra paradoja. A los europeos,
viejos socios comerciales, cuyo dinero ha servido a la isla para superar algunas
durísimas crisis, ni siquiera se les paga en efectivo cuando se adquieren
suministros. Un privilegio que, 45 años después de haber llegado
a La Habana triunfante desde la mítica Sierra Maestra, Fidel reserva para
las empresas estadounidenses...La avanzadilla del tradicional enemigo. CBB PLT |
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