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Viernes 6 de febrero de 2004
DESDE EL MALECON CON... A leer en Cuba Por
Aurelio Pedroso
Virtudes y defectos tenemos todos los pueblos. Por no decir las personas entre las que dicho sea de paso no existen muchas diferencias. Y entre esas actitudes apreciables, el cubano posee el apetito insaciable por la lectura. Cuando un nacional se topa con un amigo o conocido extranjero una de las primeras preguntas que le hace es que si no trajo nada para leer. Lo mismo un periódico, una revista, que un libro, una oración en el reverso de cualquier estampa o el prospecto de un medicamento. Leer y nada más que leer. Pues aparte del nuevo contencioso de palabras escritas contra el gobierno de Cuba por Washington, y las réplicas de éste en torno a que si se le debe o no centenares de miles de dólares a Venezuela por el petróleo suministrado, -que todos hemos leído-, esta semana damos inicio a la XIII Feria Internacional del Libro, que aunque situada en La Habana, lo cierto es que reviste un carácter nacional. La poetisa cubana Carilda Oliver Labra ha venido desde su natal Matanzas hasta la capital de la isla para ser homenajeada en la Feria. Si a mediados de los ochenta pocos habían oído hablar de ella, hace ya unos años que todos valoran su poesía y hasta algunos la emplean jocosa y popularmente cuando ante la lidia amorosa dicen aquello de “me desordeno, amor, me desordeno”. Alemania también recibirá sus parabienes, a pesar de que las autoridades de esa nación declinaron hace meses que les fuera dedicado el certamen argumentando motivos políticos vinculados al conocido encarcelamiento y largas condenas de más de 70 opositores. Las autoridades locales, por su parte, han recalcado que la cultura y el pueblo alemanes y no su gobierno, bien merecían dedicarles esta Feria. El principal escenario del multitudinario evento volverá a ser la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, cuyas entradas ya están a la venta en cualquier acera de la ciudad, donde han montado una mesa, silla y billetes. La
gente, como ya es habitual, se apiñará en los puestos de
venta. A los extranjeros novatos les costará algo de trabajo comprender
cómo si el dinero no alcanza para comer, se compran tantos y tantos
libros.
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