Semanario de información económica y financiera
  

Viernes, 13 de febrero de 2004

 

El problema de Kioto

Por Alberto Miguel Arruti
(Madrid)

 

Gran parte de la industria se encuentra preocupada por el Protocolo de Kioto, que tiene como objetivo reducir los gases de efecto invernadero en un 8% entre los años 2008 y 2012, en comparación con los niveles de 1990. La patronal empresarial española (CEOE), presentó el pasado mes de octubre un documento en el que afirmaba que Kioto podría perjudicar la competitividad de las empresas españolas. El Protocolo sólo afecta a ocho sectores entre los que se encuentran las empresas eléctricas, las siderúrgicas y las refinerías.

España, a través de la Comisaría de Transportes y Energía de la UE, ha abierto la posibilidad de una revisión de la directiva comunitaria. Muchas empresas, tanto de España como del resto de la Unión, contemplan esta iniciativa con gran alegría.

En la defensa de la conservación del medio ambiente, Europa ha ido a la cabeza del mundo, lo que resulta encomiable, pero tampoco se puede olvidar la dura competencia a la que se encuentran sometidas las empresas. Todos estos argumentos se esgrimen bajo la sospechosa indecisión que muestra Rusia al respecto. Es ahora cuando la UE propone reemplazar el sistema de sanciones por otro a base de incentivos.

Un plan de asignación de derechos de emisión convierte a los sectores eléctrico, siderúrgico, papelero, cerámico y de refino de petróleo en actores de un nuevo mercado, que comenzará a funcionar en la UE en el 2005. El sector siderúrgico, a través de su patronal Unesid, propugna el empleo de tecnologías limpias y la contabilización de los derechos de emisión, derivados del uso de los gases de altos hornos.

El sector eléctrico presenta diferencias en cuanto a las empresas que lo integran. Así, Iberdrola defiende el contenido actual del Protocolo, mientras que Endesa (apoyada por Unión Fenosa, Cantábrico y Viesgo) pide que el sector eléctrico pueda superar en un 20% el nivel máximo de emisiones fijado en Kioto. En este momento, gran parte de la siderurgia generada a partir de los gases de altos hornos supera los límites de emisiones de CO2 previstos por Kioto. Esta situación es calificada como injusta por las siderúrgicas.

Las empresas tendrán fijados unos límites a la contaminación, según un plan elaborado por el Ministerio de Economía español. Si los superan, pueden acudir al mercado a comprar excedentes de otras empresas que no rebasen sus niveles. Hasta 100 euros por tonelada de más emitida, podrá ser la multa impuesta a las empresas.

El Protocolo de Kioto presenta también otras contradicciones. Por ejemplo, hay sectores como son los transportes que no se encuentran incluidos en Kioto y que son muy contaminantes. Además, hay países como EEUU enormemente industrializados y que no han firmado el mencionado Protocolo, por lo que todo esto puede resultar solamente un esfuerzo inútil para los firmantes.

En el fondo de esta cuestión, se encuentra el problema del cambio climático debido a que las concentraciones en la atmósfera de los gases de efecto invernadero han ido aumentado a partir de mediados del siglo XVIII, tras la Revolución Industrial, lo que se ha debido fundamentalmente al empleo de combustibles fósiles.

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