Semanario de información económica y financiera
   

Viernes, 13 de febrero de 2004

LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN VENEZUELA. DOS RESPUESTAS

Por Moisés Mata*
(Caracas, Venezuela)

            He leído con sumo interés un artículo de Félix Cordero Peraza que tiene por título "La política... entre la realidad y lo virtual" (eluniversal.com, Caracas, lunes 5 de enero de 2004). En particular un párrafo escrito con la mayor convicción: “La estructura electoral del país la integran los aptos para votar; los inscritos en el REP; la población electoral activa (PEA); la abstención y los votos nulos. Unos 13 millones...la PEA, es una franja homogénea desde 1983, cuando votaron 6.653.317 personas y en el 2000, 6.288.051... La abstención custodia 50%, desde 1993. Supera los votos válidos...En otras palabras, crece el REP, disminuye la PEA y aumenta la abstención”.

Me temo sin embargo que tal convicción es interesante por lo que pretende advertir más que por la veracidad de las cifras. Veamos: en primer lugar se confunde población electoral activa (PEA) con votos válidos (VV). En efecto, de acuerdo a la Dirección de estadísticas electorales del CNE, en el año 1983 el total de votos escrutados fue de  6.825.180, de los cuales 171.863 fueron votos nulos, por lo que el total votos válidos es 6.653.317. En el año 2000 el total votos escrutados fue de 6.600.196, de los cuales 348.698 son votos nulos, por lo que el total votos válidos es de 6.288.578.

Si nos fijamos bien, se confunde PEA con el total VV. En verdad PEA es equivalente a votos escrutados (VE). Es decir, votos escrutados = votos válidos + votos nulos. Es falso que los VE sea una franja homogénea. Ya sabemos los VE de los años 1983 y 2000, los VE para los años 1988, 1993 y 1998, respectivamente, son los siguientes: 7.524.760, 5.829.216 y 6.988.291.  Si distribuimos estos valores de acuerdo a una normal tipificada, tenemos que el valor medio es 6.719.156, con dos áreas de dispersión significativas, una positiva de 805.604 para el año 1988 y otra negativa de -889.940 para el año 1993. 

Para que la franja de los VE sea "homogénea" estos valores deben aproximarse a cero, y esto no ocurre en ninguno de los casos. Para los años restantes de 1983, 1998 y 2000, la dispersión es de  106.024, -118.960 y 269.000, respectivamente.    

Estoy de acuerdo con Félix Cordero Peraza  en que la abstención puede interpretarse como un sentimiento de no-representación. Pero estoy seguro que, de acuerdo a la verdad estadística, el lector estará de acuerdo conmigo en que sobre la abstención se han remontado los votos escrutados.  

Como complemento no es ocioso que llame la atención del lector sobre la información estadística presentada en el cuadro que a continuación se inserta

ELECCIONES

(1)

VOTOS VALIDOS

(2)

TOTAL VOTOS VALIDOS

(1)/(2)

%

(3)

ABSTENCION

(4)

POBLACIÓN ELECTORAL

(3)/(4)

%

(1)/(4)

%(*)

1958 RB

1.284.092

2.610.833

49,18

191.748

2.913.801

6,58

44,07

1963 RL

957.574

2.918.877

32,81

262.441

3.369.968

7,79

28,41

1968 RC

1.083.712

3.720.660

29,13

135.311

4.134.928

3,27

26,21

1973 CAP

2.130.743

4.375.269

48,70

164.935

4.737.122

3,48

44,98

1978 LHC

2.487.318

5.332.712

46,64

775.103

6.223.903

12,45

39,96

1983 JL

3.773.731

6.653.317

56,72

952.712

7.777.892

12,25

48,52

1988 CAP

3.868.843

7.315.186

52,89

1.660.887

9.185.647

18,08

42,12

1993 RC

1.710.722

5.616.699

30,46

3.859.579

9.688.795

39,84

17,66

1998 HCHF

3.673.685

6.537.304

56,20

4.024.729

11.013.020

36,55

33,36

2000 HCHF

3.757.773

6.288.578

59,76

5.120.464

11.720.660

43,69

32,06

Fuente: CNE

Este cuadro tiene básicamente dos tipos de información. Una de las cuales se corresponde con la proporción de votos válidos a favor de los candidatos  electos presidentes luego de la última dictadura.

La otra información se corresponde con la proporción de la población electoral que se abstuvo de sufragar en los distintos comicios presidenciales.

La diferencia entre ambos tipos de información es que reflejan comportamientos electorales distintos. Desde la perspectiva del análisis electoral, la proporción de votos válidos a favor de un candidato traduce el interés de los electores por el sistema de representación política. Mientras que la proporción de abstención, por el contrario, traduce la indiferencia de los electores por el sistema de representación.

Ambas decisiones (votar o abstenerse) son preferidas por los electores. Sólo que una es más preferida que la otra.        

El análisis comparativo de las columnas 2 y 4 dan cuenta que votar ha sido la decisión preferente de los venezolanos. Valga la pena acotar que el total votos válidos se distribuye entre los distintos candidatos presidenciales, por lo que el presidente electo siempre obtiene una cantidad menor del total (ver columna 1). De allí que los votos que eligen presidente  son una proporción del total votos válidos (ver columna 3). Este punto es bueno subrayarlo por cuanto se suele confundir la proporción de votos válidos con la proporción de población electoral.         

Recuerdo que las elecciones de 1993 generaron polémica en el sentido que se argumentaba que el presidente Caldera había ganado los comicios con apenas el 30,46% de los votos. Pero no se especificaba si tal proporción  correspondía a los votos válidos o a la población electoral. De haberse valorado el resultado como una proporción de la población electoral, la polémica hubiese centrado su atención en 17,66%  (ver columna 7).

La relevancia analítica de presentar estos cálculos es que nos permite determinar la proporción de la población electoral que apoya con su voto a los  presidentes electos.

Al comparar las columnas 6 y 7 caemos en cuenta que para las elecciones anteriores a 1993 la población electoral prefirió apoyar con su voto al candidato electo presidente. No así a partir de las elecciones de 1993. Las estimaciones obtenidas nos hacen caer en cuenta que la población electoral prefirió la abstención que apoyarlos con su voto.

El resultado de las elecciones a partir de 1993 es particularmente ilustrativo de lo que los expertos en la materia denominan crisis de representación, la cual se explica por el poco respaldo de votos (cuando se le compara con la abstención) que el presidente electo obtiene de la población electoral (ver Dieter Nohlen 1994. "Sistemas electorales y partidos políticos". FCE, México).

La cantidad de votos válidos que en 1993 elige al presidente  Caldera es de 1.710.722, mientras que la abstención es de 3.859.579.  La diferencia de 3.905.977, que se obtiene de restarle al total votos válidos los obtenidos por Caldera, se distribuye entre el resto de los candidatos, principalmente entre Claudio Fermín (1.325.287) y Oswaldo Álvarez Paz (1.276.506).

Nótese que la distribución de los votos es prácticamente uniforme. Mi criterio es que tal distribución de votos, que traduce una distribución más o menos uniforme de preferencias electorales, contrariamente a lo que se pensaba entonces, no explica el 17,66% de respaldo que con su voto le ofreciera la población electoral.

En efecto, si la población electoral que apoyó a Álvarez Paz hubiese apoyado a Caldera, este hubiese obtenido 2.987.228 votos válidos, que es una cifra menor a la abstención. El respaldo  se hubiese incrementado a 30,83%, que no compensa el 39,87% de abstención. Luego, la crisis de representación en las elecciones de 1993 se explica por la indiferencia de la población electoral.

Ahora bien, la cantidad de votos válidos que en 1998 elige presidente a Hugo Chávez es de 3.673.685, mientras que la abstención es de 4.024.729. La diferencia de 2.863.619, que se obtiene de restarle al total votos válidos los obtenidos por Chávez, se distribuye de una manera no uniforme entre el resto de los candidatos. Salas Römer obtiene 2.613.161 votos mientras que Irene Sáez apenas obtiene 184.568.

La diferencia de votos es significativa entre Chávez y Salas Römer (1.060.524) e Irene Sáez (3.489.117). En este caso la distribución no uniforme de votos o de preferencias electorales tampoco explica el 33,36% de respaldo que con su voto decidió ofrecerle la población electoral. Si los votos obtenidos por Irene Sáez se lo sumamos a los obtenidos por el presidente Chávez, estos hubiesen ascendido a 3.858.253 votos válidos, es decir, un 35,03% de la población electoral. Cifra que  no compensa el  36,55% de abstención.

Por tanto,  la indiferencia de la población electoral sigue explicando la crisis de representación en las elecciones de 1998.

Esta manifestación de indiferencia persiste en las elecciones presidenciales de 2000. La relegitimación del presidente Chávez tuvo un respaldo de 3.757.773 votos válidos, mientras que la abstención fue de 5.120.464. La  diferencia de 2.530.805, que se obtiene de restarle  al total votos válidos los que el presidente Chávez obtuvo, se distribuye entre Francisco Arias Cárdenas (2.359.459) y Claudio Fermín (171.346).

Como bien puede verse la distribución de preferencias electorales en modo alguno es uniforme, y como en las elecciones de 1998 tampoco explica el 32,06% de respaldo que la población electoral decidió manifestarle con su voto.

Si a los votos obtenidos por el presidente Chávez le sumamos los obtenidos por Claudio Fermín, la cifra de votos válidos hubiese ascendido a 3.929.119, que es una cifra inferior a la registrada por la abstención. Dicho de otra manera, el 33,52% de respaldo que hubiese obtenido no compensa el 43,69% de abstención electoral.

Como comentario final quepa señalar que Félix Cordero Peraza tiene razón al advertir que la tendencia predominante en los tres últimos comicios es la abstención. Pero no es la tendencia predominante cuando se le compara con el total de votos válidos. La paradoja quizás se explique porque la población electoral gusta de ser representada por distintos candidatos presidenciales.

APENDICE

No es enteramente cierta la afirmación de Ismael Pérez Vigil según la cual “...los resultados electorales de Venezuela en 1998 y sobre todo en el 2000...Chávez Frías no logró incrementar su votación...” (Ismael Pérez Vigil. Los mitos políticos del venezolano. analitica.com, caracas lunes 26 de enero de 2004).

De una parte tenemos que la proporción votos válidos (HCHF)/total votos válidos se incrementó para el año 2000 en 3,56%, mientras que de otra parte tenemos que la proporción votos válidos (HCHF)/población electoral disminuyó en –1,3%.

Vale decir que aumentó el respaldo electoral del segmento de electores que participó en los comicios, pero igualmente aumentó la crisis de representación.  ¿Cómo se explica este resultado electoral aparentemente contradictorio?

La respuesta es sencilla si centramos la atención en la proporción abstención/población electoral. Esta se incrementó en 7,14%, que como puede verse es un  porcentaje mayor. Pero el que la abstención electoral se haya incrementado en una mayor proporción no niega el incremento electoral sufragado a favor del presidente Chávez. Lo que hay que tener presente es que la crisis de representación no fue compensada por el respaldo electoral.

Quisiera terminar este apéndice con un breve ejercicio. Si a los 5.120.464 electores que se abstuvieron de votar en las elecciones presidenciales del año 2000 le restamos los 4.024.729 que lo hicieron en 1998, tenemos una diferencia de 1.095.735, que es una cifra aproximadamente igual a la diferencia de votos obtenidas entre Chávez y Salas Römer en las elecciones de 1998.

Pudiera uno intuir entonces que los que apoyaron con su voto a Salas Römer se abstuvieron de votar en las elecciones del 2000, mientras que los que votaron por los otros candidatos terminaron apoyando al presidente Chávez.

Si esto es así, bien podemos igualmente intuir, con la vista puesta en los comicios presidenciales que se avecinan, bien sea este año o en 2006, que la diferencia de votos obtenida entre Chávez y Arias Cárdenas en el 2000 (1.398.314) se abstendrían de votar, con lo cual se incrementaría la crisis de representación.

El presidente que resultase electo no escaparía de gobernar bajo tal ambiente político adverso.

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(*) Profesor de la UNELLEZ - VENEZUELA

VNZ PLT

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