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Semanario de
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Viernes, 27 de febrero de 2004
Haití como evidencia Por
Augusto Zamora R.*
Ha
figurado por décadas como el país más pobre y atrasado
del continente americano. Superpoblada, deforestada y sometida a dictaduras
y cuartelazos, es la quintaesencia de república bananera. Menos
evidentes son las causas de tal situación. Invadido por EEUU en
1915 para proteger los intereses del City Bank y la National
Railroad, en 1918 le cambió la Constitución, que prohibía
la venta de tierras a extranjeros para que empresas estadounidenses tomaran
las mejores. En 1917, se alzó contra la intervención Charlemagne
Peralte, asesinado en 1919. La ocupación acabó en 1934,
dejando en su lugar una constabulary, ejército indígena
entrenado y armado por EEUU para usarlo como guardián de sus intereses.
En ese ejército se apoyó la familia Duvalier, que oprimió
y expolió Haití durante décadas con el beneplácito
de la Casa Blanca. En
1994, con un mandato del Consejo de Seguridad, el Gobierno Clinton intervino
en Haití y restableció en el poder a Aristide. Este gobernó
lo justo para organizar elecciones y traspasar el poder a un candidato
único, en unas elecciones en las que apenas participó el
20% de votantes. Son
tantos los ejemplos que sería gratuito recordarlo de no vislumbrarse
una nueva intervención, que no será más útil
que la de 1994. Permite ilustrar además, para quien aún
albergue dudas, el destino que espera a un país como Irak, cuya
situación es similar a la de Haití en 1915. Para que luego
digan que la humanidad progresa o que el imperialismo cambia. *Profesor
de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de
la Universidad Autónoma de Madrid. Agencia de Información
Solidaria (AIS). |
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