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Miércoles 10 de marzo de 2004 Las referencias macroeconómicas siguen castigando a Lula La producción industrial de Brasil ha crecido en enero sólo un 1,7%, lo que indica una cierta ralentización. Este dato viene a sumarse a una batería de cifras que pondrían en duda las posibilidades reales que tiene el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, para reanimar el tejido productivo del país y poder así cumplir sus promesas electorales. Además de la negativa imagen que supone para el Gobierno de Lula la desaceleración de la producción industrial brasileña, a pesar de que en diciembre mejoró un 3%, este dato tiene una doble relevancia. Refleja, por un lado, una caída del consumo privado, y por otro, podría ralentizar los planes de algunas multinacionales extranjeras que están instaladas en Brasil y que, podrían haberse planteado ampliar sus plantas de producción. Esta ampliación podría fomentar algo tan necesario en Brasil como el empleo. Desde que Lula llegó al poder hace aproximadamente un año, la tasa de desempleo ha pasado del 11,2% al 11,7%. Pero esto no es todo. El paro no es lo único que ha empeorado. También lo ha hecho el consumo privado, que ha presentado una caída de un 3,3% en su tasa interanual. Los ingresos por familia han descendido un 13% desde que Lula ascendió a la Presidencia. Todas estas cifras desfavorables ponen en cuestión la idea que Lula había conseguido transmitir a la población brasileña de que la única opción para acercarse a la prosperidad que necesita el país era mantener una política económica ortodoxa. El mandatario brasileño se enfrenta ahora mismo a un escenario bastante hostil, en el que un amplio sector de la población y del empresariado brasileño ha criticado su gestión, apelando a que no ha cumplido con sus promesas electorales. Entre otras cosas, Lula había prometido reducir los tipos de interés, pero este descenso no se ha producido al ritmo que muchos quisieran. Aún se encuentran en el 16,5%. Lo peor de todo es que el ambiente que rodea a Lula no es nada bueno. Desde el pasado mes de febrero, algunos miembros de su Gabinete se han visto salpicados por la corrupción. El caso más destacado ha sido el del ex asesor gubernamental Waldomiro Diniz, quien supuestamente pudo haber sobornado a un capo del juego en Brasil. Desde este momento, la medida que tomó Lula de cerrar inmediatamente todos los bingos del país hizo que se añadiera un nuevo sector en su contra. La oposición política está aprovechando todos estos datos para promover un ataque feroz contra el Gobierno de Lula. El pasado lunes, el senador del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) Arthur Virgilio amenazó a Lula con intensificar una campaña de "desgaste" contra su Gobierno. BSL FZM |
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