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Viernes
5 de marzo de 2004
Su
estabilidad económica y política corre paralela a
una irregular distribución de la riqueza
Chile:
luces y sombras de un extraordinario desarrollo
Por
Juan Carlos Galindo*
El pasado 15
de febrero, Seúl (capital de Corea del Sur) se levantó
envuelta en un espeso humo amarillo que llegaba desde el centro
de la ciudad. Allí miles de campesinos surcoreanos se enfrentaban
desde primera hora de la mañana a la policía, que
no dudó en utilizar gases lacrimógenos para reprimir
las violentas protestas. La algarada no logró, sin embargo,
su objetivo: impedir la ratificación del Tratado de Libre
Comercio (TLC) con Chile. De esta manera, el país sudamericano
se convierte en el primer estado de América del Sur en firmar
un tratado de estas características con un país asiático.
A partir de la entrada en vigor del acuerdo, en abril de este mismo
año, 11.700 productos chilenos, esencialmente agrícolas,
tendrán acceso al mercado surcoreano con una tasa arancelaria
mínima o inexistente. En el horizonte se perfilan otros acuerdos
con India, Japón, Singapur y China, que serán negociados,
en diferentes etapas y condiciones, durante 2004.
Este acuerdo es el reflejo de la excelente situación macroeconómica
por la que atraviesa Chile. El Producto Interior Bruto (PIB) aumentó
un 2,3% durante 2003 y las previsiones para 2004 sitúan ese
crecimiento entre el 4,5 y el 5,5%. El déficit fiscal chileno
de 2003 fue de un 0,8% y las previsiones para este año apuntan
a un superávit. Las exportaciones chilenas aumentaron un
13,8% durante el año pasado y una tercera parte encontró
su mercado en Asia, región que aumentó la compra de
productos chilenos en un 27%.
Sin embargo, las exportaciones hacia el mercado asiático
se basan en el cobre (materia prima que supone el 60% de los embarcos
hacia Japón y China), gestionado por empresas radicadas en
Chile pero de propiedad extranjera y, en general, libres de impuestos.
Dicho sector, que representa más del 40% de las exportaciones
y supone anualmente más de 7.500 millones de dólares,
goza de grandes privilegios. En este sentido, la distribución
del maná de las exportaciones queda en unas pocas manos.
Treinta acuerdos. Chile mantiene acuerdos de libre
comercio con más de 30 países. El TLC con EEUU, firmado
tras 12 años de negociaciones, es el más polémico.
No sólo por las críticas que ha levantado entre la
sociedad chilena, sino también por el malestar que ha creado
en ciertos países de América Latina. Su firma socava
la estrategia de oposición al Area de Libre Comercio de las
Américas (ALCA) desarrollada por países como Brasil
o Argentina. Al mismo tiempo, fortalece la postura de la Administración
Bush en la búsqueda de acuerdos bilaterales estrictamente
comerciales y bajo las rígidas condiciones impuestas por
EEUU.
Existen, además, otros puntos oscuros. Así, la imposición
de precios por parte de los grandes productores estadounidenses
pondrá en serios aprietos a miles de familias campesinas,
y las pequeñas y medianas empresas (que actualmente generan
más del 70% del empleo del país) quedan sin posibilidades
de competir frente a los grandes consorcios. Desde el punto de vista
formal, tanto los plazos establecidos para la eliminación
de los aranceles como las cuotas de exportación favorecen
en todo caso a EEUU.
Pero son los aspectos legales y tributarios los que han recibido
la mayor parte de las críticas. En este sentido, si Chile
modifica los impuestos o introduce un royalty, puede ser
demandado ante tribunales internacionales.
Hacia un modelo de desarrollo. Chile goza de una
buena situación económica y una cierta estabilidad
política, valores escasos en la región sudamericana.
Desde 1990, los sucesivos gobiernos de Patricio Alwyn, Eduardo Frei
y Ricardo Lagos han jugado un papel decisivo.
Paradójicamente,
como bien señaló el Premio Nobel de Economía
Joseph Stiglitz, los propios autores de la “excepcionalidad”
del modelo chileno post Pinochet, es decir, los gobiernos democráticos
de la Concertación, no se dan cuenta de que los logros alcanzados
responden, precisamente, a los aspectos en que ellos se han apartado
del Consenso de Washington: mantener un sector público razonable,
avanzar en una red de protección social, asumir subidas de
impuestos y perfeccionar el sistema tributario y encabezar reformas
sociales y laborales. Es decir, haber acompañado estrategias
macroeconómicas responsables con políticas económicas
redistributivas y políticas sociales activas.
De esta manera, el estado chileno recauda impuestos por el 19% de
su PIB (seis puntos por encima de la media de América Latina).
Consecuencia lógica: Chile es el país de América
Latina donde más ha aumentado el gasto social en los últimos
10 años. Un dato puede ilustrar este progreso: si la media
de población desnutrida en América Latina es del 15%,
la de Chile es del 4%. En este contexto, el país sudamericano
es, junto con la República Dominicana, el único país
en América Latina en condiciones de cumplir con los objetivos
del Milenio establecidos por Naciones Unidas.
El lado oscuro. No obstante, durante la última
década, al tiempo que se desarrollaba una clase media sólida
e importante en número, crecía la desigualdad social.
Así, según la última “Encuesta de Caracterización
Socioeconómica Nacional” (Casen 2OOO, elaborada por
el Ministerio de Economía), el 10% más pobre recibe
sólo un 1,1% del PIB, mientras que el 10% más pudiente
acapara el 42,3% de la riqueza.
Además,
a pesar de los altos índices de alfabetización, el
desarrollo económico en Chile ha ido siempre parejo a un
cierto grado de desigualdad en la distribución salarial,
diferencia directamente relacionada con el grado de educación
y las posibilidades de acceso a los estudios superiores.
En este contexto, el Gobierno de Lagos lo tiene difícil para
explicar la subida de los impuestos indirectos. Los acuerdos de
libre comercio con la UE y EEUU suponen una pérdida de 1.100
millones de dólares en aranceles, cantidad que el Gobierno
pretende recuperar con una subida del 1% del IVA.
El problema
es que los impuestos indirectos gravan aquellos productos en los
que los chilenos más pobres realizan el 92% de sus gastos.
Chile se encuentra ante una oportunidad única para alcanzar
un desarrollo pleno. Sin embargo, ese objetivo necesita políticas
sociales orientadas a resolver los graves problemas estructurales
que aún afectan a su sociedad.
En este contexto,
el comercio y el crecimiento económico deberían ser
tan sólo un medio. De lo contrario, el camino al desarrollo
quedará un poco más lejos. Al menos, para una parte
importante de la sociedad chilena.
*Periodista. Agencia de Información Solidaria
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