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Viernes 5 de marzo de 2004

 

Nuevas injerencias políticas en la labor del Banco Central Europeo

La inalcanzable armonía europea

Por Raúl Pozo

La polémica ha vuelto a surgir en el seno de la zona euro con las presiones a las que ha sido sometido el consejo del Banco Central Europeo (BCE) para que rebajara los tipos de interés en su reunión de esta semana. Francia y Alemania, artífices de la suspensión del Pacto de Estabilidad y Crecimiento por no cumplir los criterios establecidos en este compromiso, expresaron su deseo de un recorte en el precio oficial del dinero al considerar que las alzas del euro perjudicaban a sus economías. El BCE no cedió y mantuvo los tipos, pero la ocasión ha vuelto a poner de manifiesto que la armonía en Europa es poco menos que inalcanzable.

No es la primera vez que el organismo emisor de la zona euro recibe presiones políticas. En la etapa de Wim Duisenberg al frente del BCE, fueron habituales las injerencias por parte de los estados miembros de la Unión Económica y Monetaria (el conjunto de los 12 países que comparten el euro) para tratar de presionar a favor de un recorte en los tipos de interés para intentar reducir, en aquellos tiempos, la desaceleración económica que afectaba a la economía mundial.

En este caso, el objetivo es frenar la excesiva volatilidad mostrada por el euro en el mercado de divisas, tras un fulgurante comienzo de año, con una revalorización cercana al 6% en dos meses (después de acumular un 40% en los dos últimos años), y un máximo histórico de 1,2925 dólares incluido.

La pasada semana, el euro comenzó a caer con fuerza frente al dólar. El movimiento coincidió con las declaraciones del canciller alemán, Gerhard Schröder, acerca de la conveniencia de que el BCE rebajara los tipos de interés para acabar con la apreciación de la moneda única y evitar de este modo que estos movimientos dañen las exportaciones de los países que comparten la divisa (en concreto, el crecimiento de la economía germana depende en un 70% de sus ventas en el exterior).

A las palabras de Schröder se sumaba al día siguiente el primer ministro francés, Jean Pierre Raffarin, que se expresaba en términos similares y decía compartir idénticas preocupaciones con su homólogo alemán.

Curiosamente, Francia y Alemania han sido los artífices de la suspensión del Pacto de Estabilidad y Crecimiento al incumplir las exigencias en cuanto al déficit público, que no debe sobrepasar el equivalente al 3% del PIB.

La decisión del Ecofin (el consejo de ministros de Economía y Finanzas de los Quince) ha sido llevada al Tribunal de la UE por la Comisión Europea y ha ocasionado una nueva tormenta en el seno de una entidad que está a punto de recibir a nuevos miembros de pleno derecho.

Horas antes de conocerse la decisión del Banco Central Europeo sobre los tipos de interés aún arreciaban las presiones sobre el organismo emisor.

El ministro alemán de Finanzas, Hans Eichel, no dudó en culpar al repunte del euro del incremento del desempleo registrado en su país durante el mes de febrero.

Sin embargo, todos los intentos fueron en vano, por el momento. El BCE mantuvo los tipos de interés en el 2% y su presidente, Jean Claude Trichet, aseguró que la actual política monetaria de la eurozona es "adecuada" para las circunstancias que vive su economía.

Trichet habló de un crecimiento gradual en la primera mitad del año, que incrementará su ritmo durante la segunda. Es decir, que la situación no justifica un movimiento en el precio oficial del dinero.

Además, el presidente del BCE habló sobre volatilidad en la inflación, un problema que el organismo emisor deberá atajar antes que el de la divisa, aunque según los últimos datos, que situaban la tasa interanual en el 1,6% (cuatro décimas por debajo del objetivo del BCE), el comportamiento de los precios está bajo control.

No faltan sin embargo las opiniones de expertos que apuntan a que sólo la fuerte caída sufrida por el euro en los últimos días frente al dólar ha impedido que el BCE recortara los tipos de interés.

La reacción del mercado a las palabras de Schröder coincidió con la notable revalorización del dólar ante las expectativas de un buen dato de desempleo en EEUU, lo que llevó al euro a perder más de un 3% en una semana y con ello a despedirse también de la referencia de 1,22 dólares, es decir, a cotizar en sus cotas más bajas desde los primeros días del pasado mes de diciembre.

Pese a que en los días previos a la reunión del BCE los analistas insistían en que el organismo no cedería a las presiones, el mercado no parecía tenerlas todas consigo. A la caída del euro se le sumó el alza registrada en el mercado de renta fija, donde el bund alemán alcanzó su rentabilidad más baja de los últimos cuatro meses y medio, claramente indicativo de que los inversores tomaban posiciones ante una eventual sorpresa.

Aún así, las firmas de análisis no prevén que la rentabilidad de la deuda comience a subir de forma repentina. Dentro de un mes, la situación puede repetirse fácilmente y quizá entonces el euro no esté en plena caída para impedir que las presiones surtan su efecto.

La revalorización de la moneda única es un problema al que la eurozona no termina de darle solución. Hasta el momento, no se ha adoptado medida alguna al respecto y se ha optado por el sistema de las llamadas "intervenciones orales", es decir, intentos de frenar al euro mediante declaraciones que insinúen una próxima intervención en contra de la moneda europea en el mercado o bien un recorte de los tipos de interés.

Sin embargo, adoptar una medida al respecto parece más complicado. Y mientras el debate continúa, EEUU piensa ya en la próxima subida de los tipos, mucho más después de que el presidente de la Reserva Federal (el banco central de EEUU), Alan Greenspan, dijera esta semana que una subida del precio oficial del dinero sería necesaria. Pero en Europa no se crece al mismo ritmo, su "Libro Beige" no cuenta las mismas alabanzas que el norteamericano y los supuestos intereses comunes europeos no terminan de aunarse.

 

   

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