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Viernes 12 de marzo de 2004


Una industria por encima de la media del resto de los sectores productivos

Historia de la siderurgia española

Por Alberto Miguel Arruti

Con el título "Atlas de la industrialización en España, 1750-2000” la Fundación BBVA ha publicado un extenso y documentado trabajo, bajo la dirección del profesor Jordi Nadal, sobre la economía industrial en nuestro país. Pese a que el producto industrial se ha multiplicado por 110 ó 120 en el curso de los 150 últimos años, la economía ha sido menos dinámica que en países como el Reino Unido, Francia, Alemania o Italia, que por su extensión pueden compararse con España.

"El PIB industrial español ha ido ganando posiciones con respecto al de los países avanzados de Europa (salvo en 1950, una fecha inserta dentro de la posguerra civil), sin llegar a alcanzarlo nunca (inferior al 30% en 1950, cercano al 80% en 1996)". Este ascenso, más rápido que el de los países industrializados de Europa, debido a la extrema debilidad del punto de partida, "expresa al mismo tiempo el mérito y la insuficiencia del progreso industrial” de España.

La industria siderúrgica española ha experimentado poco más o menos, las mismas vicisitudes. Atraso técnico, combustible caro o de mala calidad y un mercado de dimensiones reducidas hicieron que la siderurgia española, a lo largo del siglo XIX, no pudiera competir con productos ingleses, belgas o alemanes.

Los primeros altos hornos privados surgieron en Lugo (Galicia). Concretamente en 1794 y en Sargadelos. Con anterioridad, la Monarquía, para sus necesidades de armamento, había instalado algunos altos hornos.

Más tarde, la siderurgia pasó a Andalucía. Siguiendo el modelo europeo de altos hornos al carbón vegetal y afinación y laminación a la hulla se instalaron plantas en Marbella (Málaga) y en Cazalla de la Sierra (Sevilla).

Pero la hegemonía de la siderurgia andaluza no pudo prolongarse más allá de 1863, “Cuando las fábricas asturianas de Mieres (desde 1852) y La Felguera (desde 1.859) empezaron a trabajar a pleno rendimiento.

La primacía de Asturias se debió a la abundancia de hulla y de mena de hierro en su territorio. Pero esta primacía, después de la irrupción del convertidor Bessermer, pasó a Vizcaya. Al terminar en 1876 la Segunda Guerra Carlista, algunos empresarios europeos con el fin de conseguir mineral barato para sus altos hornos, comenzaron a instalarse en la ría del Nervión. La oferta aparecía así dividida entre los productores asturianos y vascos. Empezó una gradual sustitución de los convertidores Bessemer por otros sistemas de fabricación, difundidos en Europa y EEUU. Apareció así el "horno abierto" Martin-Siemens que mejoraba el método del Bessemer.

Se acentuó la hegemonía vizcaína al frente de la siderurgia española y se concentró toda la producción en el norte. En la época de la Gran Guerra, el primer productor siderúrgico de España era Vizcaya, seguida de Asturias y después Santander, Alava, Guipúzcoa y Navarra.

Las fábricas andaluzas habían dejado de producir. Y Altos Hornos de Vizcaya empresa creada en 1902, a partir de la fusión de otras dos sociedades, se convirtió en la dominante en la siderurgia española.

Después de la Primera Guerra Mundial, a las provincias cantábricas se añadieron dos nuevas competidoras, Barcelona y sobre todo Valencia, que en los años 20 superó a Asturias.

Después con el franquismo, se creó Ensidesa, que dio lugar a Aceralia, que se integró con la francesa Usinor y la luxemburguesa Arbed, creando así la actual Arcelor.

DTC ESP

   

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