Semanario
de información económica y financiera
   

Viernes 12 de marzo de 2004

 

Escepticismo ante el fin del conflicto entre el FMI y Argentina

Algunos acreedores desconfían de que Kirchner pague íntegramente su deuda

Por Mª Eugenia Ramiro Bargueño

El pasado martes vencía el primer pago de la deuda de más de 13.000 millones de dólares que el Estado argentino había contraído con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Aunque ayer mismo, el presidente Néstor Kichner hacía oficial su decisión de pagar el próximo 23 de marzo esa deuda a través de una carta de intenciones remitida al FMI, algunos acreedores han mostrado su reticencia ante la posibilidad de que el Gobierno cumpla íntegramente su promesa.

La tensión entre el FMI y Argentina se recrudeció el pasado 7 de marzo, fecha en el que la organismo internacional dio un ultimátum a Kirchner para cumplir los acuerdos de reestructuración de la deuda. El FMI llegó a amenazar al Ejecutivo argentino con suprimirle en el futuro el suministro de otros préstamos que solicitase para evitar así un nuevo incumplimiento de pagos.

La preocupación de la comunidad internacional se hacía patente. Este lunes el Grupo de los Siete (G-7), compuesto por los países más industrializados del mundo, mantuvo una reunión en Washington en la que expresó su rechazo contra la posibilidad de que el Gobierno estadounidense de George Bush mediase en la negociación que estaba manteniendo Argentina con el FMI.

Según publicaban las agencias de noticias, Alemania, Francia y Canadá se sumaron así a la inflexible postura que Reino Unido, Italia y Japón han adoptado ante Argentina. Lo cierto es que no les faltan motivos para mantener esta actitud, ya que un alto porcentaje de los tenedores de títulos argentinos en suspensión de pagos son de estos países.

Pero el conflicto cobró un tono más alarmante cuando el jefe de Gabinete del Gobierno argentino, Alberto Fernández, mostró que le importaban bien poco las amenazas del G-7. Fernández dijo públicamente que Argentina no pagaría su deuda con el FMI el martes si no recibía garantías de que el organismo internacional revisaría el acuerdo con el Ejecutivo de Kirchner.

Fernández expresaba así de rotundamente su postura a los medios de comunicación: "Para pagar uno tiene que tener la certeza de la aprobación de los objetivos pactados entre el país y el FMI porque si uno paga y los objetivos no son aprobados, pierde el reintegro de su dinero".

Como es de prever, la reacción de algunos miembros del G-7 no se hizo esperar. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, volvió a mostrar su indignación por estos hechos: "Estamos trabajando asiduamente con nuestra diplomacia para alcanzar una nueva solución, dado que consideramos inaceptable lo que ha propuesto Argentina". La propuesta en cuestión a la que se refería Berlusconi suponía que Kirchner sólo pagaría a los acreedores privados 25 centavos por cada dólar de la deuda de 82.000 millones de dólares que había contraído con ellos.

El fantasma que todavía planeaba sobre Argentina alarmaba a los tenedores de su deuda. El 15 de enero de 2003 Argentina incumplía el pago de 680 millones de dólares al Banco de Interamericano de Desarrollo (BID).

Afortunadamente, un rumor que circulaba por los medios de comunicación el pasado martes anunciaba que Kirchner había aceptado el pago de esta deuda. Aunque ni el propio Kirchner, ni ningún otro miembro de su Gabinete confirmaba la noticia oficialmente.

Según informaron los medios de comunicación locales y los analistas económicos, el presidente argentino se reunió a primera hora de la mañana del martes con su ministro de Economía, Roberto Lavagna, y con Alberto Fernández para decidir si Argentina accedía a cumplir con el FMI o por el contrario, iba a negarse a efectuar el pago de su deuda.

El ambiente de crispación aumentaba. Kirchner todavía tenía serias dudas acerca de su decisión. Lavagna presionaba para que se aprobase el pago y recordaba al jefe de Gabinete y al presidente argentino la dura actitud adoptada al respecto por el G-7.

Los teléfonos del Gobierno argentino y del FMI no dejaban de comunicar. Según publicaba el diario argentino Clarín, Roberto Lavagna mantuvo una conversación telefónica con Anne Krueger, directora gerente interina, para comunicarle personalmente que Kirchner rechazaba algunas exigencias. Lavagna manifestaba a la alta funcionaria del FMI que, entre otras cosas, Kirchner no aceptaba fijar un pago mínimo fijo elevado para la oferta a los acreedores. El FMI reclamaba que ese umbral fuera del 80% del total de la deuda. El Gobierno estaba dispuesto a estirarse hasta el 66%.

Finalmente, el ambiente se relajó cuando Krueger telefoneó a Kirchner para comunicarle que Argentina accedía a cumplir económicamente con el FMI. Kirchner aprobaba así el pago de su deuda.

Desde la semana pasada Krueger sustituye como interina al alemán Horst Koehler, quien renunció a su cargo como director gerente del organismo internacional. Según la versión oficial, Koehler quería prepararse para preparar su candidatura a la Presidencia de Alemania el próximo mes de mayo. El jefe de Gabinete de Kirchner lamentó esta baja ya que, según Fernández, "Koehler estaba comenzando a entender (los problemas de la deuda de América Latina)".

Los medios de comunicación apuntan a que a finales de abril se nombrará al nuevo máximo responsable del FMI. Se rumorea también que lo más probable es que este nuevo responsable sea europeo, como así ha sido desde la creación del FMI, tras la Segunda Guerra Mundial.

La expectación del martes hizo que se dispararan las acciones de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. El índice Merval subió por encima del 5%, lo que representaba el mayor avance de la Bolsa en los últimos 11 meses.

Al día siguiente, el jefe de Gabinete argentino confirmaba que Kirchner había aprobado el pago de la deuda. Según Alberto Fernández, este acuerdo "había preservado en su integridad" el firmado en septiembre del año pasado. Nuevamente Kirchner ratificaba ayer jueves su postura cuando envió una carta al FMI exponiéndole sus intenciones.

Según el diario español Expansión, el acuerdo supone, entre otras cosas, reducir el papel de los bancos de inversión en las negociaciones entre el FMI y Argentina. Tan sólo asesorarán al Gobierno al respecto, tal y como solicitaba Kirchner. En el acuerdo también se establecía que el Gobierno renegociará su deuda con los acreedores privados el próximo mes de julio.

Roberto Lavagna también anunció ayer que el Gobierno mantendrá negociaciones con los acreedores entre el 22 de marzo y el 16 de abril para negociar una nueva restructuración de la deuda. De momento, Argentina continúa manteniendo que sólo pagará a los acreedores el 75% de los 82.000 millones de dólares que les adeuda. Postura que viene manteniendo desde diciembre de 2001.

Las reacciones ante estos hechos han sido bien diversas. Por un lado, los economistas argentinos aprobaron la decisión de pagar el primer plazo de su deuda. Según ha informado Expansión, con esto se garantiza el respaldo de la mayor parte de la comunidad internacional, puesto que si ésta hubiera expresado su rechazo más rotundo, le hubiera supuesto a Argentina su aislamiento.

El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, también quiso sumarse a esta postura y felicitó a su homólogo argentino por haber cedido a las peticiones del FMI. Las palabras de Lula se producen a una semana de que ambos mandatarios se reúnan en Río de Janeiro, donde buscarán intercambiar ideas y profundizar en las relaciones bilaterales entre Brasil y Argentina.

Los dos presidentes se enfrentan a un escenario bastante hostil. Desde que Lula llegó al poder el año pasado, el alto nivel de desempleo y el descenso del consumo privado (los ingresos por familia han caído un 13%) han hecho que su popularidad haya disminuido con fuerza en los últimos meses. Por si esto fuera poco, el opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) ha amenazado al presidente brasileño con intensificar su ataque contra el Gobierno. Pretende exprimir al máximo el reciente caso de corrupción que ha salpicado al Ejecutivo. El ex asesor gubernamental Waldomiro Diniz está en el ojo del huracán, por haber sobornado presuntamente a un capo del juego en Brasil.

Los economistas quisieron unirse a la postura de Lula y también aplaudieron la gestión de Kirchner, ya que con su decisión ha impedido que el país cayera en default con los organismos multilaterales de crédito.

Pero no todos han reaccionado tan positivamente. Los acreedores siguen manteniendo su rechazo a la propuesta argentina.

El vicepresidente del Banco Central alemán, Jurgen Stark, se unió a las voces de estos acreedores. Según ha comentado a los medios: "Entiendo que si se quiere negociar seriamente con los acreedores, Argentina va a tener que mejorar la propuesta y reconocer al comité de bonistas como uno de los interlocutores en la discusión".

Sea como sea, lo que parece claro es que la diversidad de intereses está servida. Habrá que esperar a las próximas negociaciones entre el FMI y el país austral para poder analizar si se ha rebajado la tensión entre ambas partes. Quizás el momento más escabroso sea a mediados de año, cuando tendrá lugar una tercera revisión del acuerdo entre Argentina y el FMI.

RGT TGC

   

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