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Semanario de
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Viernes, 12 de marzo de 2004
La renegociación de los bonos argentinos o de cómo hacerse trampas en el solitario Por
Alberto Martínez
Tras el acuerdo alcanzado el pasado martes 9 de marzo entre el Gobierno argentino y el FMI para evitar la caída en suspensión de pagos, al pagar 3.072 millones de dólares correspondientes al servicio de la deuda soberana, le llega ahora el turno a lo que los propios argentinos están llamando “la madre de todas las batallas”, es decir a la negociación de la deuda de los bonos privados, una cuantía de 82.000 millones de dólares de principal, sin atender desde hace 27 meses, y con unos intereses devengados hasta el momento de otros 18.000 millones de dólares. Los acreedores internacionales, agrupados en un Comité Global de Bonistas, que dirige el ex banquero italiano Nicola Stock, han sido convocados a Buenos Aires, para empezar a negociar a partir del próximo 24 de marzo. La negociación, si es que puede llamarse de tal manera a la ronda de conversaciones que quiere iniciar el ministro de Economía argentino, Roberto Lavagna, sólo será posible si el equipo económico de Kirchner accede a mejorar las condiciones ofrecidas hace un par de meses: una quita de 75%, ningún pago en cash y ninguna garantía adicional de que los nuevos bonos estén avalados por algún organismo internacional. Con esta actitud Argentina está actuando contra sí misma. La economía del país austral necesita de las inversiones extranjeras para insertarse en la senda de la recuperación. Y la actitud de los dirigentes locales no puede ser más contraria a sus propios intereses; están ahuyentando a cualquier posible flujo de capital que tenga una mínima tentación de volver a ese país. De hecho, las grandes empresas están empezando a volver a la región y los flujos de capitales entrantes del último trimestre superan ya a los acumulados durante todo 2003. El otro ejemplo autoexplicativo es Brasil, un país que hace sólo un año parecía estar al borde de la bancarrota y que Lula se ha encargado de recuperar para la ortodoxia financiera internacional a base de una negociación enérgica pero responsable. Los resultados están ahí: los bonos soberanos brasileños tenían que pagar en septiembre de 2002 un diferencial de 2.300 puntos básicos (23 puntos porcentuales) con respecto a los bonos soberanos estadounidenses; hoy en día ese diferencial se ha reducido hasta los 450 puntos solamente. Argentina se está quedando sola, se está autoexcluyendo de los mercados internacionales de capitales. ¿Por qué?. Al decir de algunos analistas políticos locales, el populismo exagerado de Néstor Kirchner va a empezar a tener unos efectos peligrosísimos dentro de muy poco tiempo. Gobernar sólo y exclusivamente con el punto de mira puesto en las encuestas de opinión es terriblemente arriesgado y Kirchner parece haberse empeñado ya en asegurarse la reelección, y eso que todavía faltan más de 24 meses para unas nuevas elecciones. La comunidad financiera internacional ha dejado muy claramente dicho que no está dispuesta a entrar en el juego doméstico. “Los argentinos son ricos, lo que pasa es que el dinero lo tienen fuera y la incipiente recuperación que se está produciendo, con las importantes entradas de capital por la venta de cereales, principalmente, no está teniendo todo su correlato en la balanza de pagos. El dinero, una buena parte, sigue quedándose fuera. Si quieren que les ayudemos a aplazar su deuda y mejorar las condiciones de pago, ellos también tienen que actuar con lealtad y ofrecer unas condiciones equitativas. Una quita del 75% es intolerable”, comentaba a Americaeconomica.com un representante bancario habituado a colocar papel latinoamericano entre los inversores europeos. La
batalla va a ser muy, muy dura. |
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