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Viernes, 12 de marzo de 2004

 

La democracia bien entendida

Por Americaeconomica.com
(Madrid)

 

Cuando han transcurrido 36 horas desde el sanguinario atentado terrorista en Madrid que se ha cobrado 200 vidas y un saldo adicional de unos 1.400 heridos, el Gobierno de José María Aznar no ha sido capaz de atribuir la autoría de esta macabra acción. Una ceremonia de confusión sin precedentes ha permitido, en el escaso margen de seis horas, ver al ministro del Interior asegurando con rotundidad que ETA era la única responsable de la masacre para, después, aceptar que había otras hipótesis (se supone que el terrorismo integrista islámico).

Es sólo un ejemplo de la desinformación pretendida, o involuntaria, a la que se está viendo sometida una sociedad, la española, convocada a las urnas para este domingo. La traducción que pueda tener el salvaje atentado de Madrid en los votantes hasta el momento permanece en el reino de la incógnita. Sólo parece evidente que aumentará la concurrencia a las urnas y eso puede representar una alteración sobre los resultados previstos, que situaban al partido en el Gobierno cabalgando sobre una minoría mayoritaria.

De los pocos argumentos inteligibles que han sido capaces de esgrimir Aznar y sus ministros inquietan las advertencias sobre la necesidad de introducir las modificaciones legales que sean necesarias para impedir que se vuelvan a repetir este tipo de siniestros atentados. Ese argumento recuerda al empleado por George Bush para hacer pasar a mejor vida una parte nada despreciable de los mecanismos garantistas consagrados en la Constitución estadounidense.

Cabe esperar que, en el caso español, el actual Gobierno se abstenga de iniciar ningún tipo de modificación legislativa antes de que se constituya el nuevo Congreso de los diputaos. Será precisamente esa cámara legislativa la que tenga que acoger los debates sobre cualquier tipo de variación de la actual legislación vigente.

Hemos sufrido ya en los últimos años la firme vocación de los gobiernos de José María Aznar de hurtar al Congreso precisamente su razón de ser, es decir, su condición de cámara de debate legislativa.

Es de esperar que después de la terrible despedida que le han brindado los terroristas, Aznar no intente volver a utilizar sus queridos atajos legales durante este periodo transitorio. La situación en el país necesita, fundamentalmente, de una recuperación de la esencia de la democracia.

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