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Viernes, 12 de marzo de 2004
AMERICA EN FOCO Las complicadas relaciones EEUU-Latinoamérica Por
Juan Varde
Si el senador John Kerry accede a la Casa Blanca en noviembre próximo, el diplomático Arturo Valenzuela, será el máximo responsable de la política demócrata de América Latina, cargo que le resulta más que conocido ya que durante la Administración Clinton supo desempeñarse en él satisfactoriamente. Durante un seminario en Miami organizado por la Boston Consulting Group en los salones del Hotel Bilmore, se dieron cita ante un auditorio calificado, desde Alvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia, hasta Gustavo Cisneros, uno de los empresarios de mayor peso de Venezuela, además de otras destacadas celebridades académicas, políticas y empresarias. Sin duda la presencia de Uribe alentó a Valenzuela a compararlo con Néstor Kirchner, en cierta desventaja para el argentino. Fue terminante. Con Uribe, Kirchner es el hombre de mayor popularidad en la región. Pero a diferencia del presidente colombiano, no pide el esfuerzo de la población para sacar el país adelante. Uribe habla de la realidad, en cambio Kirchner entró en un círculo vicioso que consiste en decir lo que la gente quiere escuchar y no hacer nada. Tendría que aprovechar el fenomenal apoyo que recibe para gobernar bien. La Argentina y Kirchner ya no le importan a nadie, y esto es una tragedia, concluyó Valenzuela. Apreciaciones lapidarias para un futuro demasiado cercano e impredecible. Las palabras de Valenzuela expresaron de manera más directa de lo que se acostumbra en este tipo de jornadas, un sentimiento de malestar con la República Argentina que recogen todos los dirigentes argentinos que visitan el exterior. Tan
atrás quedaron los días en que la Argentina, luego del primer
encuentro entre Vicente Fox Quesada y George Bush, en el rancho San Cristóbal
del mandatario mexicano, emergió como principal candidato en formar
parte del Eje Americano, junto a EEUU Y México. Lamentablemente
el desempeño poco feliz de la diplomacia argentina hundió
en lo más profundo esta posibilidad concreta, que hubiese beneficiado
en más al castigado país sudamericano. El hecho de que esta advertencia no haya partido desde el ala dura del Partido Republicano, sino del mismo cuerpo diplomático que en el año 2002 colaboró para que EEUU no viese como un rupturista a Luiz Inacio Lula Da Silva que se encaminaba a la victoria en las elecciones de octubre, le da un carácter más contundente y significativo a este llamamiento. Irónicamente Hrinak agregó que si Brasil pretende ser un líder regional debería dedicarle más tiempo a su tarea y recordó que el Gobierno de Bush intentó no reaccionar a manifestaciones críticas del Ejecutivo brasileño en temas que no son fundamentales a los intereses norteamericanos. Sin embargo, la embajadora dijo que la postura no será la misma ante la actitud que Brasil tome frente a Venezuela. Esta es una de las cuestiones centrales en las que EEUU y Brasil tienen intereses compartidos, como el tema del petróleo y el papel geopolítico e ideológico que está jugando Venezuela a partir de la estrecha relación Chávez-Castro. En cuanto a Cuba, Hrinak aseguró que la postura del Gobierno brasileño es “no brasileña”, dados la seriedad y el empeño con el que los brasileños enfrentan el tema de los derechos humanos dentro de su país. El llamado de atención puede sumarse a la lista de tensiones sutiles que rigen las relaciones entre ambos países desde la asunción de Lula, tensiones convertidas en una herramienta de la política interna y externa de Brasil y EEUU, prácticas que hasta el momento han resultado inofensivas y de utilidad recíproca. El juego ha comenzado. Tradicionalmente Itamaraty no interviene en asuntos internos de otros países y en este caso, la presión a que es sometida será suficiente para que su reconocida capacidad negociadora se resquebraje. El
tiempo, juez y testigo. |
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