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Jueves 26 de marzo de 2004
DESDE EL MALECON CON... Cuba se defiende Por
Aurelio Pedroso
El poco acostumbrado ronronear de los helicópteros de combate sobre la ciudad, hizo volar asustadas a las palomas, provocó el desenfrenado ladrar de perros caseros y callejeros hacia los intrusos en el cielo y un entusiasta grito de "¡Al combate!" de un grupo de niños que detuvieron sus juegos en una esquina habanera, como reza una canción. Ciudad de La Habana en "pie de guerra", en maniobras por si las moscas norteñas la emprenden de una u otra forma contra la capital socialista. El último helicóptero que sobrevoló la ciudad era un viejo modelo ruso con periodistas que cubrían una de las tantas marchas de "pueblo combatiente", esta vez no contra la Oficina de Intereses de EEUU en Cuba, sino contra la Embajada española en La Habana Vieja. Un Día de la Defensa diseñado para aceitar nuevos planes defensivos y valga la redundancia. Una parte de los ciudadanos incorporados a las tareas de la defensa, bien como francotiradores o zapadores, y otros que por edad no combatirían, se "atrincheran" en un bar también de esquina. Una imagen surrealista la de ese centro con sus habituales contertulios enfrascados en severa discusión por el final de la temporada beisbolera y a la salida, tendidos sobre la acera, el tirador y 'amunicionador' de una ametralladora montada en un trípode. Autoridades militares y políticas no descartan la guerra y hasta el conocido trovador Silvio Rodríguez también la espera. Militares al fin y al cabo, sean de donde sean, son casi siempre hombres de pocas palabras. Se preparan, cumplen órdenes y punto. Es tanto silencio y discreción, que me recuerda a aquel sargento del Servicio Militar Obligatorio a finales de los 60 que nos prohibía hablar en casa de lo que comíamos porque el enemigo podía aprovechar el ataque para cuando a la tropa le tocara sólo arroz blanco y "carne rusa" y así tomarnos con pocas fuerzas. Cuba, en realidad, bien pudiera estar en la mira de una incursión militar de EEUU. Sabido es que en estos tiempos, una decisión de esta naturaleza la toma un presidente después de ir al water. Basta repasar declaraciones, acusaciones y/o amenazas de las más variadas. Ahora, la última novedad es el peligrosísimo asunto de las drogas, que a finales de los 80 "puso en peligro la vida de la Revolución", según declaraciones publicadas en el diario Granma por aquellos días. A nadie se le pudiera ocurrir, salvo a la actual Administración gringa, que las autoridades cubanas estén coqueteando con narcos. Sin embargo, ahí está la advertencia de Washington. Y esa filosofía de evitar una conflagración preparándose, no es para entretener a las gentes porque para ello hay otras maneras más efectivas. La posibilidad de agresión está ahí, a pocas millas del bar San Juan.
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| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
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