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Viernes
16 de abril de 2004

La
interiorización individual de una terrible emoción
colectiva
El
11 de marzo y la poesía
Por
José Cereijo (*)
La atrocidad
ocurrida en Madrid el 11 de marzo ha hecho reaccionar a mucha gente.
También la poesía, los poetas, se han sentido de algún
modo implicados, alcanzados por unos hechos que han removido una
poderosa corriente de emociones para las que la expresión
lírica podría parecer un cauce natural. A
la hora de escribir esto, en efecto, tengo noticia de varias iniciativas
en este sentido. Ahora bien, ¿hasta qué punto la poesía,
tal como hoy se la entiende, es un medio apropiado para enfrentarse
a unos hechos así?
La pregunta
no es ociosa. Nos enfrentamos aquí a una emoción colectiva,
surgida además como respuesta a un suceso de tal calibre
que cualquier acercamiento estrictamente individual corre el riesgo
de resultar, como poco, irrelevante, pero fácilmente incluso
indelicado y torpe. Esa emoción y sus consecuencias nos conciernen
a todos y una consideración demasiado individualista fácilmente
degeneraría en una apropiación que no parece tolerable.
Nuestro pequeño
dolor no puede, sin una grave ilegitimidad de base, ponerse por
delante del cúmulo de sufrimiento y horror de tantos.
Pero la poesía
de la modernidad, consecuente con su matriz romántica, lleva
en su misma naturaleza la inclinación a ser un producto fuertemente
personal. La impersonalidad de la voz que requeriría la expresión
de una emoción como ésta, parece ir en contra de su
propia raíz. Y, aunque no falten en un pasado aún
cercano excepciones muy notables (piénsese, por poner un
solo caso, en algunos ejemplos bien conocidos de nuestra guerra
civil), el hecho es que incluso de ese pasado estamos, por lo general,
tan lejos ya, que la emoción colectiva se nos vuelve fácilmente
sospechosa de trivialidad, de pedir de nosotros la entrega complaciente
y sin discernimiento a una corriente que, por más que pueda
ser legítima en sí misma, parecería apelar
principalmente a lo que en nosotros es más primario y menos
decantado. Y elaboración y decantación son, acaso,
consustanciales a toda poesía que de veras pueda merecer
ese nombre.
Parece pues
inevitable que la relación del poeta consciente de su tarea
con una ocasión como la presente se resienta al menos de
una cierta incomodidad. No es, exactamente, su terreno. Y con todo,
la solicitud está ahí, y tampoco a ella, sin duda,
se la puede calificar de ilegítima. De modo que, a no ser
que uno renuncie porque la magnitud de lo ocurrido simplemente le
desborda (probable ejercicio de lucidez que no cabe suponer muy
frecuente), habrá que hacerle frente del mejor modo que uno
sepa.
No tengo, honestamente,
ningún consejo que dar; pero, dada la gravedad de lo que
nos ocupa y la necesidad a que me refería de rebajar en lo
posible lo personal del tono, una cosa es segura: que nunca se será
ni demasiado humilde, ni lo bastante desconfiado acerca de los propios
medios, a la hora de afrontar la expresión poética
de un tema como éste.
(*) José
Cereijo es poeta. Ha publicado hasta ahora tres libros: "Límites",
" Las trampas" y "La amistad silenciosa de la luna".
Es uno de los 50 escritores seleccionados por la editorial Pre-textos
para abordar desde una visión literaria la masacre del 11
de marzo en Madrid. El libro será publicado por la editorial
Pre-Textos el próximo 11 de junio, coincidiendo con la Feria
del Libro de Madrid. Junto a Cereijo participarán escritores
como Luis García Montero, Manuel Rivas, Antonio Colinas o
José Antonio Muñoz Rojas. Los beneficios se entregarán
a la Fundación de Ayuda a las Víctimas.
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