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Viernes, 23 de abril de 2004
DESDE EL MALECON CON... Cuba: ¡A la Feria! Por
Aurelio Pedroso
Algunas calles bien conocidas se nos están convirtiendo en motivo obligado para despertar bien temprano los domingos en la mañana, echarse un par de bolsos al hombro y acudir a la Feria. Una Feria que para nada es festiva, sin aparatos como aquellos tiovivos o carruseles, sin juegos de azar y, sobre todo, sin payasos. Son las denominadas Ferias Agropecuarias, donde únicamente los precios de las viandas, hortalizas, frutas y algunos cárnicos como el cerdo resultan un poco más asequibles a la población. Y se recalca "un poco" porque todavía no ha llegado la hora para que un jubilado o pensionado pueda darse el gusto de adquirir lo necesario para una buena comida dominguera. Aún así, estas calles son cerradas al tráfico automotor para dar paso entonces a una avalancha humana que, por lo general, carga con tanto que parece que son un par de decenas los que viven bajo el mismo techo. Los hay, obviamente, que se limitan a algo para ensaladas o saborear mejor lo que en el curso de la semana comerán. Y no por casualidad son los de mayor edad. El pasado domingo, la Feria de la avenida 13, en el de Playa, en la Ciudad de La Habana, era un hervidero de personas hasta el mediodía y donde a la par de una ristra de cebollas iba, de paso, media docena de percheros plásticos. Porque esa peculiaridad tiene este evento, que trasciende razones semánticas y se remonta al día a día en el que se puede encontrar hasta un interruptor eléctrico o una pareja de periquitos para que atormenten al vecino. En estas ferias, poco es de procedencia estatal. Priman los suministros de privados y cooperativistas. El Estado (también las unidades agropecuarias del Ejército) aún no ha logrado ofertar precios que se correspondan con el salario real del cubano. Cuando ello ocurra (y tendrá forzosamente que acontecer) a la Feria se irá con otro espíritu más alegre. Para el alma, el estómago y el bolsillo. CBB DTC |
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