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Viernes,
30 de abril de 2004
Democracia en apuros
Por
Juan Varde
(Buenos Aires)
En America Latina cae la confianza en la democracia. Más de la
mitad de la población de los países de la región
admitió que estaría dispuesta a apoyar un régimen
autoritario por encima de un gobierno democrático si la primera
alternativa pudiera resolver sus problemas económicos, priorizando
lo económico sobre lo político.
Más de dos décadas de democracia no han atenuado la creciente
crisis social en la que está inmerso el continente, en medio de
un crecimiento economico errático que, en general, no alcanza a
satisfacer las necesidades de la gente.
El sombrío panorama refleja la realidad descrita con lujo de detalles
en el voluminoso informe "La democracia en América Latina"
del programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, presentado en
Lima (Perú). El informe, coordinado por el ex canciller argentino
Dante Caputo, dice que se mantienen profundas desigualdades, que existen
serios niveles de pobreza y que ha aumentado la insatisfacción
ciudadana con estas democracias, generando en algunos casos consecuencias
desestabilizadoras.
Casi cuatro de cada 10 latinoamericanos prefieren la democracia a cualquier
otra forma de gobierno, pero a su vez seis de cada 10 convienen en que
el presente puede ir más allá de las leyes. Es inquietante,
también hablan de la pobreza, del desempleo, la desigualdad, la
delincuencia, las drogas, la violencia política y la corrupción.
Las evidencias de la insatisfacción están creciendo. Hay
tres grandes grupos de opinión en América Latina: el 43%
de los latinoamericanos, conocidos como "los demócratas",
respaldan plenamente la democracia y no ceden a perder ninguno de sus
derechos adquiridos; el 30,5% son "los ambivalentes", que varían
de actitud frente a la democracia dependiendo de su situación personal,
y el 26,5%, "los no democrátas", admiten que los principios
democráticos sean transgredidos.
Gobiernos como el de Fernando de la Rúa, en Argentina; Gonzalo
Sánchez de Lozada, en Bolivia, y el de Jean B. Aristide, en Haiti,
han pagado las consecuencias de agudas crisis políticas y económicas.
Otros, como el de Hugo Chavez, en Venezuela, y el de Alejandro Toledo,
en Perú, se tambalean por diferentes motivos.
De los 18 países que analiza el informe, sólo dos, Uruguay
y Honduras, han respondido positivamente al papel que desempeñan
los partidos políticos. En otros casos, como la Argentina y Ecuador,
el desprestigio de los partidos alcanza un grado extremo.
Las críticas más frecuentes se centran en el personalismo
y en la ausencia de democracia interna, se trata, en definitiva, del rechazo
a las oligarquías partidarias.
En ese contexto, los medios de comunicación en ocaciones aparecen
ocupando el vacío de representación que se origina en la
crisis de la política y sus instituciones. Este vacío subsistirá
mientras la política no asuma el rol que le corresponde ante los
temas importantes y los partidos se muestren incapaces de articular proyectos
colectivos y de alcanzar la conducción del Estado.
El poder no reside sólo en manos de gobiernos, sino también
en las de grupos económicos, del sector financiero y de los medios
de comunicación.
La solución para los problemas latinoamericanos no radica en una
vuelta al autoritarismo, sino en una salida hacia una profunda y enraizada
democracia. Los políticos sobre todo deben tener en cuenta que
la democracia es, antes que nada y por encima de todo, un ideal, ni más
ni menos que eso.
M mientras tanto los ciudadanos latinoamericanos ruegan que no les falle
la memoria.
RGN
PLT
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